De la última entrevista publicada hoy por Juan Cruz en El País al recién fallecido escritor Günter Grass, extraigo dos reflexiones, una que comparto y otra que considero preocupante. Vaya por delante mi admiración al autor de "El Tambor de hojalata".
La primera es la crítica velada a la actuación de la Unión Europea sobre Ucrania. Critica, con razón, el que fue premio Nobel, los "fallos tremendos" cometidos por los países europeos al prometer a Ucrania "que formará parte de la Unión Europea y luego de la OTAN". "Es lógico que un país como Rusia reaccione nervioso. Todas esas reacciones de Putin tienen sus causas", añadía el escritor alemán, mientras ponía el dedo en la llaga: en Europa "todavía dependemos demasiado de los deseos de los americanos".
Nada más se puede añadir: en Europa despreciamos los intereses rusos, sean legítimos o no, a la par que somos demasiado solícitos ante los de los norteamericanos. Toda la razón.
En cambio, quien fuera en su juventud irreflexiva miembro de las temibles Waffen SS, yerra al atribuir las causas de la inestabilidad mundial actual a "la actitud de los victoriosos de la I Guerra Mundial". Al menos eso parece colegirse de la entrevista, que en este punto es poco clara. De haber sido ese su pensamiento, Grass se habría refugiado en el viejo argumento alemán victimista que incidía en que las durísimas condiciones impuestas por los aliados victoriosos de la Gran Guerra explicaron el nazismo y la reacción del Tercer Reich. Y con las terribles consecuencias que ello tuvo, lo que podría justificarlas.
No. Sencillamente, no. Auschwitz no tiene ninguna justificación.
martes, 14 de abril de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
Sánchez se fortalece
El apoyo de Felipe González y el frenazo que experimenta Podemos ha dado alas a Pedro Sánchez que encara las próximas elecciones con mejores perspectivas de las que hace solo dos meses tenía.
Entonces, el otro gran partido miraba con desprecio al PSOE y hasta Mariano Rajoy se permiía despreciar a Sánchez en el Congreso. Ahora, la irrupción poderosa de Ciudadanos ha cambiado radicalmente la situación en este año tan electoral.
viernes, 10 de abril de 2015
Gran fraude
Las palabras de José Antonio Griñán tras declarar en el Tribunal Supremo por el caso de los ERE, negando que existiese un plan preconcebido desde la Junta de Andalucía, pero admitiendo que existió un gran fraude, son muy clarificadoras.
Primero, porque suponen un espaldarazo a la instrucción llevada a cabo por la juez Alaya, objeto de muchas críticas durante estos años. Y segundo, más relevante,porque ponen en una posición aún más delicada a quien las profirió, en la medida en que si existió ese fraude es insostenible la situación política de Manuel Chaves y del propio Griñán. Aceptando que ambos expresidentes de la Junta de Andalucía no se enteraran de lo que pasaba en la administración que dirigirían, la mera aceptación de la existencia del fraude les convierte en incapaces para seguir ostentando una representación pública, como la de parlamentarios en las Cortes.
Ellos mismos, por decencia, deberían dimitir. Y por supuesto, el PSOE debería exigírselo.
Primero, porque suponen un espaldarazo a la instrucción llevada a cabo por la juez Alaya, objeto de muchas críticas durante estos años. Y segundo, más relevante,porque ponen en una posición aún más delicada a quien las profirió, en la medida en que si existió ese fraude es insostenible la situación política de Manuel Chaves y del propio Griñán. Aceptando que ambos expresidentes de la Junta de Andalucía no se enteraran de lo que pasaba en la administración que dirigirían, la mera aceptación de la existencia del fraude les convierte en incapaces para seguir ostentando una representación pública, como la de parlamentarios en las Cortes.
Ellos mismos, por decencia, deberían dimitir. Y por supuesto, el PSOE debería exigírselo.
jueves, 9 de abril de 2015
Ahora, Extremadura
Lo vimos ya hace muchos años en el País Vasco y Cataluña. Más recientemente en la Comunidad Valenciana y en Andalucía. Ahora, en Extremadura.
Me refiero a la utilización de la identidad regional por parte de sus gobernantes. Algo que no es de extrañar que hayan hecho sistemáticamente durante décadas el PNV y CiU en sus comunidades. Pero que choca más cuando lo hace el PP en Valencia o el PSOE en Andalucía.
Y ahora se suma a ello José Antonio Monago, adoctrinando mediante un rap con la creación de una pretendida identidad extremeña. Con ello, el presidente de Extremadura pretende obviar el debate derecha/izquierda en las inminentes elecciones autonómicas y atraer votos mediante el fácil recurso a la identidad propia, lo que siempre se ha denominado patriotismo. Pero claro, ya no se trata del patriotismo español, sino del patriotismo de un nuevo nacionalismo, que como todos se construye de muchas maneras, también a base de rap.
Ya sabíamos que el dinero no tiene patria, ahora estamos aprendiendo que tampoco los votos, aunque sean del PP.
Me refiero a la utilización de la identidad regional por parte de sus gobernantes. Algo que no es de extrañar que hayan hecho sistemáticamente durante décadas el PNV y CiU en sus comunidades. Pero que choca más cuando lo hace el PP en Valencia o el PSOE en Andalucía.
Y ahora se suma a ello José Antonio Monago, adoctrinando mediante un rap con la creación de una pretendida identidad extremeña. Con ello, el presidente de Extremadura pretende obviar el debate derecha/izquierda en las inminentes elecciones autonómicas y atraer votos mediante el fácil recurso a la identidad propia, lo que siempre se ha denominado patriotismo. Pero claro, ya no se trata del patriotismo español, sino del patriotismo de un nuevo nacionalismo, que como todos se construye de muchas maneras, también a base de rap.
Ya sabíamos que el dinero no tiene patria, ahora estamos aprendiendo que tampoco los votos, aunque sean del PP.
miércoles, 8 de abril de 2015
Obediencia
No pudo ser más clara una de las candidatas a formar parte de la lista electoral del PP que encabeza Esperanza Aguirre para hacerse con la Alcaldía madrileña. Hablo de Ana Román, que ayer pasó el examen que el partido conservador impone a los aspirantes.
Ana Román fue jefa de gabinete de Alberto Ruíz-Gallardón. Preguntada si aquello no era un inconveniente, teniendo en cuenta las conocidas desavenencias entre aquel y su nueva jefa, Esperanza Aguirre, la candidata se limitó a contestar: "Lo importante en política es seguir con la mayor lealtad a los superiores".
Es decir, la obediencia es la mayor virtud política. Y ese es precisamente el cáncer que corroe a nuestros partidos políticos. Lo básico es obedecer, no plantear alternativas ni dejar que los razonamientos impongan las mejoras. Al revés, la única forma de ascender en la política es ser obediente. Así, nos va, con un atajo de borregos dirigiendo el país.
Ana Román fue jefa de gabinete de Alberto Ruíz-Gallardón. Preguntada si aquello no era un inconveniente, teniendo en cuenta las conocidas desavenencias entre aquel y su nueva jefa, Esperanza Aguirre, la candidata se limitó a contestar: "Lo importante en política es seguir con la mayor lealtad a los superiores".
Es decir, la obediencia es la mayor virtud política. Y ese es precisamente el cáncer que corroe a nuestros partidos políticos. Lo básico es obedecer, no plantear alternativas ni dejar que los razonamientos impongan las mejoras. Al revés, la única forma de ascender en la política es ser obediente. Así, nos va, con un atajo de borregos dirigiendo el país.
martes, 7 de abril de 2015
Descomposición
El proceso de descomposición de UPyD parece imparable. La renuncia de Toni Cantó, la cara más mediática de la formación magenta, a su escaño de diputado y a ser el cabeza de lista en las autonómicas valencianas, confirma que la formación que aspiraba a convertirse en la bisagra nacional ha entrado en barrena.
No deja de ser paradójico que la primera formación política que hizo de la crítica del bipartidismo uno de sus ejes principales sea el primer partido que sucumbe tras la aparición de los nuevos actores políticos: Podemos y fundamentalmente Ciudadanos.
Pero, más que a éste hecho, ello es debido a la mala cabeza de Rosa Díez. Los frutos que sembró UPyD durante los últimos años se los llevará Ciudadanos.
No deja de ser paradójico que la primera formación política que hizo de la crítica del bipartidismo uno de sus ejes principales sea el primer partido que sucumbe tras la aparición de los nuevos actores políticos: Podemos y fundamentalmente Ciudadanos.
Pero, más que a éste hecho, ello es debido a la mala cabeza de Rosa Díez. Los frutos que sembró UPyD durante los últimos años se los llevará Ciudadanos.
lunes, 6 de abril de 2015
Nacionalismo andaluz
De la victoria de Susana Díaz en Andalucía se ha escrito mucho en los últimos días. Lo más obvio es que se trata de una victoria corta, repitiendo los mismo escaños que ya tenía el PSOE, aunque es cierto que recuperando la condición de partido más votado que en los anteriores comicios había perdido en beneficio del PP. Con tan magro resultado debería evaluarse si mereció la pena adelantar las elecciones. con el consiguiente gasto de dinero público añadido.
También se ha dicho que el PSOE cimentó su triunfo en el voto rural, donde las maquinarias de los aparatos de los partidos mejor funcionan. Sin duda que ha sido así, pero indudablemente no es criticable. Las democracias se basan en los votos y no se puede tildar despectivamente a esos ciudadanos que son más sensibles a los manejos partidistas. Eso sin contar con que se trata de un voto aún muy ideologizado, cuyas raíces se hunden en la guerra civil.
Pero lo más relevante del análisis electoral hace hincapié en la identificación que progresivamente hacen los socialistas andaluces con el nacionalismo andaluz. El color predominante en toda la campaña de Susana Díaz ha sido el verde, no el tradicional rojo. Además, todo el discurso de la lideresa ha pasado por identificarse con Andalucía, de tal manera que solo se podía ser andaluz votando al PSOE. El PP no eran sus militantes sevillanos, cordobeses, etcétera, sino Rajoy que venía desde Madrid.
Una estrategia no muy diferente de la que practican otros en Cataluña o el País Vasco, pero que llama más la atención en el viejo partido de Pablo Iglesias, el líder obrero.
También se ha dicho que el PSOE cimentó su triunfo en el voto rural, donde las maquinarias de los aparatos de los partidos mejor funcionan. Sin duda que ha sido así, pero indudablemente no es criticable. Las democracias se basan en los votos y no se puede tildar despectivamente a esos ciudadanos que son más sensibles a los manejos partidistas. Eso sin contar con que se trata de un voto aún muy ideologizado, cuyas raíces se hunden en la guerra civil.
Pero lo más relevante del análisis electoral hace hincapié en la identificación que progresivamente hacen los socialistas andaluces con el nacionalismo andaluz. El color predominante en toda la campaña de Susana Díaz ha sido el verde, no el tradicional rojo. Además, todo el discurso de la lideresa ha pasado por identificarse con Andalucía, de tal manera que solo se podía ser andaluz votando al PSOE. El PP no eran sus militantes sevillanos, cordobeses, etcétera, sino Rajoy que venía desde Madrid.
Una estrategia no muy diferente de la que practican otros en Cataluña o el País Vasco, pero que llama más la atención en el viejo partido de Pablo Iglesias, el líder obrero.
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