La cabezonería de Mònica Oltra, quien insiste en reclamar para ella la Presidencia de la Generalitat valenciana, ha puesto en peligro la constitución de un gobierno de izquierdas en aquella comunidad autónoma. El candidato socialista Ximo Puig puede ver así frustrado su anhelo de suceder a Alberto Fabra en el palacio de la plaza de Manises.
Los resultados electorales del 24-M dieron al PP 31 escaños en el parlamento regional, 23 al PSOE y 19 a Compromís. Esta última formación liderada por Oltra reúne a izquierdistas y nacionalistas valencianos.
Es decir, en buena lógica democrática tendría que ser Fabra quien intentará primero lograr una mayoría de escaños para lograr la investidura, algo difícilmente posible si tenemos en cuenta que otros 13 parlamentarios son de Podemos. Una vez constatado ésto, sería el turno de Puig, quien puede proponer a Compromís su apoyo a un gobierno presidido por él mismo. Menos legitimidad tiene Mònica Oltra para plantear algo inverso, porque en democracia es básico el número de votos, algo que parece no entender la dirigente de la coalición de izquierdas y nacionalistas, y que se puede resumir en una palabra: democracia.
miércoles, 10 de junio de 2015
martes, 9 de junio de 2015
Turquía, más democrática
Turquía, ese país con 77 millones de habitantes, fronterizo con la Unión Europea, que a nuestra opinión pública no interesa nada, ha celebrado unas elecciones generales que han supuesto un duro revés para Recep Tayip Erdogan, su líder político desde hace trece años. De momento, su sueño de convertir el país en un sultanato islamista tendrán que esperar. Las urnas le han dado la mayoría, pero insuficiente para cambiar la Constitución y transformar a Turquía en una república presidencialista, un instrumento de poder que se adaptaba mejor a sus ansias por acabar con un Estado formalmente laico.
El sultán Erdogan llegó al poder en la pasada década, encabezando una formación islamista, moderada si la comparamos con otras, que hizo de la lucha contra la corrupción uno de sus pilares políticos. El viejo partido republicano y laico, fundado por Ataturk, estaba infectado de aquel mal tras décadas y décadas en el poder, que alternaba con los militares golpistas, desde que en 1923 se fundó la Turquía moderna.
Sin embargo, los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo se han visto ya inmersos en diversos casos de corrupción, lo que ha erosionado a su vez la base electoral islamista. Pero quienes realmente han impedido los sueños del sultán han sido las minorías kurdas, armenias u alevíes, que en vez de optar por las armas o por el pesimismo abstencionista, han ido a votar para hacer valer su peso en el Estado turco. Para ello, sus dirigentes han renunciado a plantear sus maximalismos étnicos o religiosos, confiando en que la democracia les otorgaría más poder. Así ha sido, para bien de todos. Incluso para los más acérrimos seguidores del sultán.
El sultán Erdogan llegó al poder en la pasada década, encabezando una formación islamista, moderada si la comparamos con otras, que hizo de la lucha contra la corrupción uno de sus pilares políticos. El viejo partido republicano y laico, fundado por Ataturk, estaba infectado de aquel mal tras décadas y décadas en el poder, que alternaba con los militares golpistas, desde que en 1923 se fundó la Turquía moderna.
Sin embargo, los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo se han visto ya inmersos en diversos casos de corrupción, lo que ha erosionado a su vez la base electoral islamista. Pero quienes realmente han impedido los sueños del sultán han sido las minorías kurdas, armenias u alevíes, que en vez de optar por las armas o por el pesimismo abstencionista, han ido a votar para hacer valer su peso en el Estado turco. Para ello, sus dirigentes han renunciado a plantear sus maximalismos étnicos o religiosos, confiando en que la democracia les otorgaría más poder. Así ha sido, para bien de todos. Incluso para los más acérrimos seguidores del sultán.
lunes, 8 de junio de 2015
Vacunas
La noticia del niño de seis años que se debate entre la vida y la muerte por no haber sido vacunado contra la difteria debería mover a un amplio debate en el que se recuperase el concepto de salud pública en toda su extensión. Algo en lo que incidiría la izquierda de este país si no fuera presa de varios complejos, entre ellos del denominado derecho a decidir.
Me explico. No es admisible que un ser humano y menos de una sociedad del primer mundo esté a punto de morir porque no se le ha vacunado de una enfermedad que estaba erradicada en España. Ni que su caso haya puesto en peligro a otros muchos. La salud pública está por encima de todo ello. No vale que unos padres estén en contra de las vacunas. No se trata de que tengan el derecho de decidir sobre sus hijos. No. Esta es una cuestión científica en la que no caben consideraciones de cuanto apoyo tienen los movimientos anti-vacunas. Ni si se decide por mayorías que vacunas se ponen.
No se trata de votar nada, sino de actuar científicamente y preservar a nuestros congéneres de enfermedades que pueden ser terriblemente mortales. El Estado debe actuar aquí sin contemplaciones en aras de la salud pública.
Me explico. No es admisible que un ser humano y menos de una sociedad del primer mundo esté a punto de morir porque no se le ha vacunado de una enfermedad que estaba erradicada en España. Ni que su caso haya puesto en peligro a otros muchos. La salud pública está por encima de todo ello. No vale que unos padres estén en contra de las vacunas. No se trata de que tengan el derecho de decidir sobre sus hijos. No. Esta es una cuestión científica en la que no caben consideraciones de cuanto apoyo tienen los movimientos anti-vacunas. Ni si se decide por mayorías que vacunas se ponen.
No se trata de votar nada, sino de actuar científicamente y preservar a nuestros congéneres de enfermedades que pueden ser terriblemente mortales. El Estado debe actuar aquí sin contemplaciones en aras de la salud pública.
viernes, 5 de junio de 2015
El fin de IU
Izquierda Unida atisba su fin. Y no se puede decir que ese hecho haya podido coger desprevenida a la formación y mucho menos a sus dirigentes. Gran parte de sus decisiones de los últimos años, muchas de ellas refrendadas con referendos internos, han llevado a la liquidación de unas siglas que cuando surgieron supusieron una bocanada de aire fresco, superador del viejo PCE de la transición democrática que llegó agotado tras una encomiable labor.
Sin duda que la política es injusta, pero también es inexorable. Al final las ansias de renovación y de reforma del bipartidismo tendrán como primera víctima -o segunda si contamos a UPyD- a quien más hizo por romper ese modelo. Si no comparten tal aserto, acuérdense de la famosa pinza contra el PSOE que al final solo benefició al PP de José María Aznar.
Sin duda que IU ha cometido muchos errores estratégicos, el último permitir gobernar a Monago en Extremadura, que ha llevado a su desaparición en el parlamento regional. Pero, entre todos ellos cabe distinguir dos, que resumen todos los casos concretos: condicionar su izquierdismo al no reprimido deseo de machacar al PSOE y no disponer de un discurso coherente en materia territorial en todo el Estado. La soberanía de las federaciones territoriales, reconocida en sus estatutos, ha posibilitado discursos contrapuestos, difícilmente entendibles entre el electorado, y sobre todo ha facilitado que Podemos la dividiese desde dentro como un caballo de Troya. Sí, porque Pablo Iglesias, que en líneas generales mantiene atado en corto a sus barones regionales, no sabemos si asaltará los cielos, pero de momento lo ha hecho con IU.
Sin duda que la política es injusta, pero también es inexorable. Al final las ansias de renovación y de reforma del bipartidismo tendrán como primera víctima -o segunda si contamos a UPyD- a quien más hizo por romper ese modelo. Si no comparten tal aserto, acuérdense de la famosa pinza contra el PSOE que al final solo benefició al PP de José María Aznar.
Sin duda que IU ha cometido muchos errores estratégicos, el último permitir gobernar a Monago en Extremadura, que ha llevado a su desaparición en el parlamento regional. Pero, entre todos ellos cabe distinguir dos, que resumen todos los casos concretos: condicionar su izquierdismo al no reprimido deseo de machacar al PSOE y no disponer de un discurso coherente en materia territorial en todo el Estado. La soberanía de las federaciones territoriales, reconocida en sus estatutos, ha posibilitado discursos contrapuestos, difícilmente entendibles entre el electorado, y sobre todo ha facilitado que Podemos la dividiese desde dentro como un caballo de Troya. Sí, porque Pablo Iglesias, que en líneas generales mantiene atado en corto a sus barones regionales, no sabemos si asaltará los cielos, pero de momento lo ha hecho con IU.
miércoles, 3 de junio de 2015
La parte contratante
La preguna que formulará Unió Democràtica de Catalunya a sus militantes sobre el proceso separatista no puede ser más farragosa. Me recuerda la escena de los hermanos Marx sobre la parte contratante.
Reúne todos los principios atractivos, como los de democracia y seguridad jurídica. Solo falta preguntarles si quieren ser más guapos. Por el camino demagógico que llevamos no tardaremos en asistir a ello.
martes, 2 de junio de 2015
Navarra
EH Bildu ha anunciado que dispone de mayoría suficiente para ocupar la alcaldía de Pamplona, después de garantizarse el apoyo de Geroa Bai, la marca del PNV en Navarra, así como de la candidatura en la que acudió a los comicios Podemos y de la coalición donde se integra IU. Con ello, la izquierda abertzale está a punto de hacer realidad el viejo sueño de gobernar la ciudad a la que su mitología atribuye la capitalidad de Euskal Herria.
A su vez, Geroa Bai puede lograr desbancar a UPN -los herederos del foralismo tradicionalista- y alcanzar el poder en la Diputación de Navarra, en el gobierno de la Comunidad Autónoma. Su candidata Uxue Barkos diluyó tensiones durante la campaña y restó rechazos a la candidatura del PNV asegurando que no pondría en marcha el mecanismo constitucional para unir Navarra al País Vasco, al menos en esta próxima legislatura.
No obstante, el ascenso nacionalista en el Viejo Reino, en detrimento de un UPN lastrado por las acusaciones de corrupción y de un Partido Socialista aún más desorientado que en otras regiones, puede tentar al PNV a forzar la máquina y poner en práctica la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución. El partido fundado por Sabino Arana sabe que no necesita del aval del Gobierno para que se convocase un referéndum en Navarra, a diferencia de lo que exige la legalidad en el resto de España, incluida la Comunidad Autónoma Vasca. Y que ese plebiscito se convertiría en seguida en una aplicación inmediata del derecho de autodeterminación; limitado eso sí a Navarra, pero que tendría una repercusión indudable en Euskadi.
A su vez, Geroa Bai puede lograr desbancar a UPN -los herederos del foralismo tradicionalista- y alcanzar el poder en la Diputación de Navarra, en el gobierno de la Comunidad Autónoma. Su candidata Uxue Barkos diluyó tensiones durante la campaña y restó rechazos a la candidatura del PNV asegurando que no pondría en marcha el mecanismo constitucional para unir Navarra al País Vasco, al menos en esta próxima legislatura.
No obstante, el ascenso nacionalista en el Viejo Reino, en detrimento de un UPN lastrado por las acusaciones de corrupción y de un Partido Socialista aún más desorientado que en otras regiones, puede tentar al PNV a forzar la máquina y poner en práctica la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución. El partido fundado por Sabino Arana sabe que no necesita del aval del Gobierno para que se convocase un referéndum en Navarra, a diferencia de lo que exige la legalidad en el resto de España, incluida la Comunidad Autónoma Vasca. Y que ese plebiscito se convertiría en seguida en una aplicación inmediata del derecho de autodeterminación; limitado eso sí a Navarra, pero que tendría una repercusión indudable en Euskadi.
lunes, 1 de junio de 2015
Diferencias
Entre las dos futuras alcaldesas de Madrid y Barcelona, elegidas en candidaturas conformadas por diversas formaciones, entre ellas Podemos, existen diferencias de calado. La principal queda nítidamente clara en la entrevista que El País publica hoy con Ada Colau. La que previsiblemente será nueva regidora de Barcelona sostiene algo que a la juez Manuela Carmena no se le pasaría por la cabeza: si una ley es injusta, se desobedece.
Ese planteamiento deshace de un plumazo el Estado de Derecho. Lo razonable es que si alguien considera injusta una ley promueva su modificación mediante los instrumentos democráticos existentes, pero mientras se encuentre en vigor hay que obedecerla, porque ha sido promulgada precisamente porque así lo han querido la mayoría de los ciudadanos a través de sus representantes libremente elegidos.
Digámoslo claramente: no respetar una ley, pretendidamente injusta, en un Estado de Derecho no es democrático. Y eso debería saberlo Ada Colau. Veamos ahora la literalidad de lo dicho por la alcaldesa electa: "Si hay que desobedecer leyes que nos parecen injustas, se desobedecerán". Un mínimo análisis de estas palabras nos llevarían a preguntarnos: ¿Quién decide que es injusta una determinada ley? ¿Qué cuerpo electoral sanciona tal parecer? ¿Serían Ada Colau y el resto de concejales de Barcelona? ¿O lo vecinos de esa ciudad? ¿O incluiremos a toda la Barcelona metropolitana? ¿O a Cataluña? ¿O a España?¿Mediante que instrumentos democráticos?
Un largo etcétera de cuestiones se pueden añadir sembrando el caos y la confusión, cuando los Estados de Derecho tienen perfectamente articulados los procedimientos para cambiar las leyes que puedan parecer injustas a algunos ciudadanos. Pero, mientras eso ocurre las normas mantienen su plena vigencia.
Porque la democracia es inseparable del Estado de Derecho. Y eso debe regir para todos, incluso para aquellos que como Ada Colau se declaran no independentistas pero votaron a favor de la independencia en la particular consulta que organizó el Gobierno de Artur Mas.
Ese planteamiento deshace de un plumazo el Estado de Derecho. Lo razonable es que si alguien considera injusta una ley promueva su modificación mediante los instrumentos democráticos existentes, pero mientras se encuentre en vigor hay que obedecerla, porque ha sido promulgada precisamente porque así lo han querido la mayoría de los ciudadanos a través de sus representantes libremente elegidos.
Digámoslo claramente: no respetar una ley, pretendidamente injusta, en un Estado de Derecho no es democrático. Y eso debería saberlo Ada Colau. Veamos ahora la literalidad de lo dicho por la alcaldesa electa: "Si hay que desobedecer leyes que nos parecen injustas, se desobedecerán". Un mínimo análisis de estas palabras nos llevarían a preguntarnos: ¿Quién decide que es injusta una determinada ley? ¿Qué cuerpo electoral sanciona tal parecer? ¿Serían Ada Colau y el resto de concejales de Barcelona? ¿O lo vecinos de esa ciudad? ¿O incluiremos a toda la Barcelona metropolitana? ¿O a Cataluña? ¿O a España?¿Mediante que instrumentos democráticos?
Un largo etcétera de cuestiones se pueden añadir sembrando el caos y la confusión, cuando los Estados de Derecho tienen perfectamente articulados los procedimientos para cambiar las leyes que puedan parecer injustas a algunos ciudadanos. Pero, mientras eso ocurre las normas mantienen su plena vigencia.
Porque la democracia es inseparable del Estado de Derecho. Y eso debe regir para todos, incluso para aquellos que como Ada Colau se declaran no independentistas pero votaron a favor de la independencia en la particular consulta que organizó el Gobierno de Artur Mas.
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