miércoles, 11 de enero de 2017

La izquierda cruza el Rubicón

La izquierda parece haber cruzado el Rubicón. Al menos, una izquierda tan prestigiosa como la laborista británica. Su líder, Jeremy Corbyn, azuzado ante los malos resultados electorales y zarandeado por el Brexit, acaba de poner en duda uno de los principios más sagrados del pensamiento político que fue formulado en el siglo XIX por Carlos Marx: su internacionalismo.

Corbyn, dirigente de un laborismo que no levanta cabeza en las encuestas electorales y que ha salido derrotado en los comicios parciales celebrados últimamente, ha dado un paso que contradice las esencias socialistas, al sostener que el laborismo no debe oponerse por principio a limitar la libre circulación de trabajadores; es decir, expresado con más sencillas palabras, acepta que se ponga coto a los emigrantes.

El laborismo asume así planteamientos nacionalistas que inciden en preservar para los británicos las bondades del desarrollo económico, negándoselos a los extranjeros que llaman a las puertas del primer mundo aspirando a un futuro no ya mejor, sino al menos digno. Corbyn se apunta de esta manera a la ola xenófoba que en el Reino Unido llevó a la victoria de los que querían abandonar la Unión Europea y blindar la isla frente a los migrantes europeos.

La izquierda británica cae así en el populismo, dejándose llevar por la tendencia creciente en toda Europa de volver a levantar las fronteras y restaurar el proteccionismo económico. Un escenario ya conocido y de funestos recuerdos. 

Tampoco es desconocida tal atracción. Hay abundantes ejemplos históricos y del presente, también vividos -y sufridos- en nuestro país. Pero llama la atención el motivo de tal giro nacionalista por parte socialista. Reside en legitimar la decisión popular que ha dado la espalda al internacionalismo y se ha entregado al racismo, en vez de combatir con argumentos racionales tal deriva. Subyace en ello la opinión cada vez más extendida en la Contemporaneidad de que el pueblo no se puede equivocar, de hondas raigambres calvinistas. Y que por tanto, hay que dejarse llevar, en vez de contrarrestar tales posicionamientos.

La izquierda británica ha vendido, pues, la primogenitura por un mísero plato de lentejas: la popularidad. No quiero pensar que dirán los miles de migrantes muertos de frío en los míseros campamentos que hemos levantado por Europa. Tampoco en las concomitancias que nos muestra la Historia. Por ejemplo, la de un populista, Julio César, que cruzó el Rubicón para transformar una República en un Imperio.

martes, 10 de enero de 2017

Motivo de reflexión

El Parlamento turco ha iniciado el proceso para otorgar más poder a Recep Tayyip Erdogan, reforzando las competencias del presidente de la República, en un paso más del desmantelamiento de la democracia parlamentaria del país euro-asiático, que un día aspiró a integrarse en la UE. La formación de Erdogan, el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo, no logró una mayoría suficiente para proceder a la reforma constitucional, pero tal inconveniente no ha desalentado a su líder, que se siente más fuerte tras derrotar al golpe de Estado sufrido en julio pasado. Desde entonces, el país vive bajo el Estado de Emergencia, que ha servido para que Erdogan silencie a la Prensa e imponga sus postulados a los militares, tradicionales garantes del laicismo de la República turca.

Ahora, el dirigente islamista impondrá su reforma en el Parlamento con un somero debate de un par de semanas y luego convocará un referéndum con el que pretende legitimar toda su maniobra para alcanzar un poder incontestable. 

Sin duda, que no es la primera vez que un aspirante a tirano utiliza el mecanismo de los plebiscitos o si se prefiere, en lenguaje más actual, del derecho a decidir. Porque ese va a ser el único instrumento del que dispone para asaltar los cielos. Lo digo para incitar a la reflexión a todos aquellos que se les hace la boca agua con los referéndum.

lunes, 9 de enero de 2017

Eludir responsabilidades

El ayuntamiento de Madrid, en vez de tomar una decisión sobre la peatonalización de la Gran Vía, ha decidido eludir responsabilidades y organizar una consulta ciudadana. No se muy bien para que elegimos a los miembros del consistorio municipal, si al final no toman decisiones.

jueves, 5 de enero de 2017

Sin más

"En la República Federal de Alemania, como estado nacional cuyo poder constituyente reside en el pueblo alemán, los estados federados no son dueños de la Constitución. No hay por lo tanto espacio para aspiraciones secesionistas de un estado federado en el marco de la Constitución. Violan el orden constitucional".

Así, sin más.

miércoles, 4 de enero de 2017

Totalitarios

La intención de los independentistas catalanes de politizar la cabalgata de reyes magos es una muestra más de los efectos perniciosos de la ocupación del espacio público por sectores fuertemente ideologizados. De tal manera que terminan por monopolizar la calle, convirtiéndose de esa manera en totalitarios.

martes, 3 de enero de 2017

Motivos ocultos

El portavoz de En Comú Podem, Xabier Domènech, la marca electoral en la que se engloba Podemos en Cataluña, ha sido muy claro esta mañana en una entrevista en la cadena SER, evidenciando el fracaso de la estrategia  impulsada por Carles Puigdemont. Pero, a la vez, el dirigente de la formación soberanista, que no independentista, según ha matizado cuidadosamente, no ha revelado el motivo que persigue.

Me explico. Por un lado, Domènech, ha dicho lo evidente: que un nuevo referéndum no es la solución a las tensiones territoriales en Cataluña. Tiene su mérito que el líder de la coalición de izquierdas catalana en el Congreso lo admita, máxime después de tanto tiempo en el que esa formación, pero también otras, han utilizado profusamente en su provecho el demagógico derecho a decidir. 

Pero además, el diputado ha reconocido que un nuevo plebiscito no aportaría nada nuevo, poniendo el dedo en la llaga: el bucle en el que está inmerso el independentismo, que ya en 2014 celebró un referéndum. Porque esa ha sido la alicorta estrategia de Puigdemont, ante el hecho de que no hay mayoría de independentistas en Cataluña: volver a 2014.

Como alternativa, Domènech pide la celebración de unas nuevas elecciones en Cataluña, sabedor de que el futuro partido sustitutorio de En Comú Podem, alentado por Ada Coalu, puede ganar esos comicios, defenestrando a la derecha independentista, que recogería así los frutos de tantos despropósitos desde que Artur Mas tomó las riendas de lo que entonces era Convergència Democràtica de Catalunya.

Claro, que lo que no reconoce Domènech es que de esa manera, su formación estaría muy cerca de alcanzar el poder, motivo que sin duda es lo que pretende. Tomar lo cielos, en expresión popularizada por su socio Pablo Iglesias, aunque sea en un ámbito de poder creado por la denostada Constitución de 1978.

lunes, 2 de enero de 2017

Hay otras soluciones

Las medidas de reducción del tráfico ordenadas por el Ayuntamiento de Madrid han vuelto a reabrir el debate sobre la carga ideológica de los gestores municipales. Evidentemente, la actuación de tales ediles, situados en la órbita de Podemos, conlleva un plus con respecto a otros políticos de formaciones ya más asentadas en la búsqueda de soluciones más técnicas. Es propio de los proyectos que alcanzan el poder desde posiciones críticas con lo establecido.

No hay por qué extrañarse de que el equipo directivo del ayuntamiento madrileño busque soluciones al problema medio ambiental, aproximándose al problema con una fuerte carga ideológica, en la que la conservación ocupa un valor relevante, frente a otras opciones que priorizan el desarrollo tecnológico. De hecho, los nuevos responsables municipales modificaron nada más llegar al poder los protocolos técnicos al respecto, de tal manera que las limitaciones al tráfico se implementan antes y con una menor tolerancia respecto al umbral contaminante.

Hecho ésto, que es más discutible que criticable, los responsables municipales deberían clarificar los aspectos técnicos. No se entiende muy bien que las medidas limitadoras desaparezcan como por ensalmo cuando llega una operación salida o entrante, o cuando se viven días festivos o de puente. Admitido que debe haber una carga ideológica, es más que razonable profesionalizar técnicamente las actuaciones. 

Sobre todo porque las medidas que ha tomando hasta ahora el ayuntamiento de Madrid inciden más en los sectores de población con menos recursos, que en la mayoría de los casos no disponen en la unidad familiar de vehículos con matrículas pares e impares; argumento al que debería ser también ideológicamente sensible un equipo directivo de izquierdas. Eso, sin mencionar que a los que más afecta la entrada en el centro de Madrid es a aquellos que viven en las periferias, que en su inmensa mayoría no disfrutan de rentas altas. Poner más difícil a éstos que puedan acudir con sus familias a disfrutar de la ciudad no creo que se pueda calificar de progresista.

Por ello, sería razonable acompañar tales restricciones con una potenciación del transporte público, planteándose su gratuidad en los días críticos, como hacen otras capitales europeas. Lo que se debería completar con ayudas a la reconversión de los vehículos de reparto, cuya potencialidad contaminante es tan elevada como las muchas horas que dedican a recorrer la ciudad para surtir a todos de los productos necesarios. Y en general con la renovación de un parque automovilístico que facilite a muchos desprenderse de los vehículos más contaminantes y sustituirlos por modelos eléctricos o híbridos.

Por tanto, no está de más recordar a aquellos que, no exentos de un cierto adanismo, creen que la ideología es la panacea, que existen soluciones complementarias, de tipo más técnico, basadas en la denostada experiencia.