lunes, 12 de junio de 2017

Estado autoritario

De esa manera, fue calificado el ordenamiento legal español por los convocantes de la concentración independentista de Barcelona y como tal fue tachado en el manifiesto leído al final del acto por el mediático Pep Guardiola.

Al evento asistió el mismísimo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, aunque fuese convocado por organizaciones privadas. En concreto por la Asamblea Nacional Catalana, Omnium Cultural y la Asociación de Municipios por la Independencia, que pese a los pomposos nombres de la primera y de la última son meras entidades particulares.

Organizaciones que disfrutan, eso sí, de apoyo social y que disponen de personalidades públicas con ascendente popular para publicitar sus mensajes. Es el caso del actual entrenador del Manchester City y ex del Barcelona, cuya popularidad, cimentada por lo último, no por lo primero, ayudará a difundir el contenido del manifiesto hecho público.

Precisamente por eso, conviene aclarar que pese a Puigdemont, la Asamblea Nacional Catalana e incluso Guardiola, España no es un Estado autoritario. Así lo entiende la Unión Europea, el club democrático más exquisito de los existentes en el mundo, donde ser socio de tan reservado colectivo exige ser un Estado de Derecho, lo contrario a autoritario. 

De tal manera que en España es obligado cumplir las leyes. Y, por tanto, en Cataluña, también, pese a que algunos de los que ayer jaleaban dicho manifiesto quisieran que no fuera así, para imponer sus voluntades. Porque es tan desmedido su anhelo que desgraciadamente pueden terminar incurriendo en..., sí, en el autoritarismo.






jueves, 8 de junio de 2017

Guerra regional

Los ataques de ayer del Estado islámico en Irán no solo muestran la intención de esa organización terrorista por propiciar la extensión de la guerra que asuela Oriente Próximo, sino que confirma que estamos ante una guerra regional que afecta en primer lugar al mundo islámico, pero con ramificaciones extensibles a otras partes del planeta.

La guerra la dirimen dos potencias regionales: Arabia Saudí e Irán. La primera es un régimen teocrático de credo suní, con una visión rigorista de la religión: el wahabismo, inspirador, cuando menos, del islamismo radical que golpea Occidente. La segunda es un régimen teocrático de credo chií, que desde la revolución que destronó al Shah de Persia ha hecho de Occidente su visceral enemigo. Ambos pelean denodadamente por asentar su influencia en Iraq y Siria, países donde la mayoría de sus habitantes son chiíes, en el primer caso, o suníes, en el segundo, pero con relevantes minorías contrarias.

A Arabia Saudí le apoya Estados Unidos, máxime desde que Trump ha roto los equilibrios que intentó forjar Obama, e Irán es respaldada por Rusia. Mientras las víctimas son los centenares de miles de árabes que han muerto ya en esta guerra regional y también, en mucho menor número, los que caen en Europa y Estados Unidos por atentados islamistas.

Tal guerra regional con propensión a extenderse obedece a muchas razones, fundamentalmente centradas en el extremismo conceptual de tales visiones, anidadas en los extremismos suní y chií, pero también tiene su parte de responsabilidad decisiones cuando menos estúpidas como la invasión de Iraq ordenada por George Bush y las anteojeras de la diplomacia europea con Siria. Ambas tierras, el epicentro de Oriente Próximo, son las que se disputan a muerte Riad y Teherán.

miércoles, 7 de junio de 2017

Ridículo

El fracaso de Carles Puigdemont a la hora de mantener unidos a todos los soberanistas catalanes, identificables como todos aquellos que defienden el derecho de autodeterminación de Cataluña, es tan evidente y palmario, después de que los comunes de Ada Colau se hayan descolgado de un referéndum unilateral, que debería obligar a replantear a los secesionistas su estrategia. Esta pasaba por volver a 2014, cuando Artur Mas celebró un referéndum de independencia que por su escasa participación no fue atendido en ningún lugar del mundo, con la esperanza de que un nuevo plebiscito sí que fuera respaldado por más de la mitad de los catalanes, cuestión que el paso atrás del partido de Colau ha vuelto a poner en duda.

El secesionismo, pues, debería asumir que no solo no tiene mayoría para la independencia, sino ni siquiera para celebrar un referéndum unilateral, mero instrumento para alcanza la otra. Porque de otro modo, Puigdemont va a terminar arrastrando a las venerables y seculares instituciones catalanas por el desprestigio.

Y el ridículo. Solo superado por Oleguer Pujol, comparando a su padre con el Dalai Lama, a Cataluña con Tíbet y a España con China. Patético.

martes, 6 de junio de 2017

Vuelta a las armas

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, publica hoy un artículo en diversos periódicos europeos llamando la atención sobre algo, que pese a su obviedad, no está de más recordar:  la conveniencia de que la Unión Europea se dote de una defensa militar. Durante las últimas décadas, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Europa se ha permitido el lujo de delegar esa función en Estados Unidos, confiando en que tal paraguas era suficiente de cara a garantizar la seguridad de sus países.

Sin embargo, la elección de Donald Trump nos ha mostrado lo rápido que se está deteriorando la relación transatlántica. Ya Alemania lo ha advertido, dejando claro que el futuro de la Unión Europea no pasa por Washington, ni tampoco por su aliada Londres, como el referéndum del brexit evidenció.

Tampoco ayuda el vendaval proteccionista que contagia el mundo, insuflando de vigor a los nacionalismos. Nada más alejado del sueño europeo, que consistió en la paulatina supresión de fronteras, cuando sectores cada vez más importantes de la población, incluida la europea, sueña con delinear en los mapas nuevas barreras. 

Una generación de europeos hemos tenido la inmensa bendición de no vernos inmersos en una guerra. No se si la siguiente tendrá tanta suerte o llegará el día en que a cada uno de ellos les obliguen a vestirse un uniforme y a matar en nombre de cualquier patria, alentados por los fabricantes de ellas, que hacen siempre su agosto. 

Eso, la vuelta a las armas.

lunes, 5 de junio de 2017

Yamma el Fna

Todo aquel que conozca la famosa plaza de Marraquech, con su abigarrada multitud y variopintas propuestas, debería rendir un momento de tributo a la desaparición de Juan Goytisolo, uno de sus más celebres transeúntes.

Juan Goytisolo ha sido el último gran heterodoxo español, capaz de mantener con su patria una disputa permanente, hasta el punto de preferir morir en su ciudad de adopción que en la Barcelona que le vio nacer y que en la guerra civil le arrebató, siendo niño, a su madre en un cruel bombardeo.

Heredero de una disposición que tuvo a Blanco-White entre sus mentores, su crítica a España y en concreto a esa España nacional-católica en la que vivió hasta su exilio en París, nunca le abandonó intelectual ni personalmente. Fue de aquellos heterodoxos, que Menéndez Pelayo retrató en su famoso libro y él devoró leyéndolo, convencidos de que había otra posible España: más abierta, más instruida y más reflexiva. Por ello, fue un cimarrón rebelde, dispuesto a airear su tenaz resistencia. 

Hizo de su vida la metáfora de la peor traición existente a ojos de sus enemigos. Por eso, se consideró siempre un redivivo Don Julián, aquel que abrió la puerta de España a los musulmanes, capaz de quitar las anteojeras de la visión sórdida y provinciana de la España franquista. ¡Anatema! Frente al Santiago Matamoros, se erigió en un feliz renegado, un elche al que solo le faltó la conversión religiosa, que no cultural, desde su amado Marraquech. Ni siquiera en estos duros tiempos de islamofobia, cuando los descerebrados reiteran sus orgias sanguinarias, dejó de alzar su voz para comprender al diferente, siempre en contra de los discursos monolíticos.   

Tú lector, si alguna vez has paseado por Yammm el Fna, dedica unos minutos a reflexionar sobre el ilustre y polémico hombre que nos ha dejado. No será estéril, porque siempre será más enriquecedor la existencia de diversas Españas y no una monolítica y excluyente.

viernes, 2 de junio de 2017

Plurinacionalidad

La propuesta de Pedro Sánchez, de nuevo líder del PSOE, de reflejar en la Constitución el carácter plurinacional de España merece unas consideraciones. Primero, que en el texto de 1978 se consagra la soberanía nacional del pueblo español, reservando consecuentemente el concepto de nación para España. Segundo, que reconoce la existencia de nacionalidades, sin citarlas expresamente. Tercero, que en la segunda oleada de estatutos autonómicos, algunas de las comunidades han incluido en esos textos la consideración de nación para sus respectivos territorios. Y cuarto, tales menciones han sido validadas por el Tribunal Constitucional al entender tal término en su acepción cultural y no política.

De tal manera que el organismo interpretador de la carta magna está ofreciendo una senda para solucionar el problema, que pasa por la consideración de esas nacionalidades o naciones en su dimensión cultural, nunca política, porque de otra manera se acabaría con la soberanía nacional.

Dicho lo cual, invito a una reflexión, que podría formularse de la siguiente manera: tan plurinacional es España, como plurinacionales son Cataluña, el País Vasco y Galicia. Es decir, en esas comunidades autónomas hay parte de la población que se considera una nación propia, pero también hay una parte significativa de la misma que se siente integrante de la nación española. Incluso, en todas ellas, la mayoría de sus ciudadanos, a tenor de las encuestas, se consideran a la vez integrantes de ambas naciones. 

Por ello, sería aconsejable en aras de preservar los derechos de todos y superar la disputa de la plurinacionalidad, que además de reformar la Constitución reconociendo a las naciones culturales, los propios estatutos de autonomía admitieran la plurinacionalidad interna de sus comunidades. Todos ganaríamos. Sobre todos los ciudadanos.

jueves, 1 de junio de 2017

Socialismo bolivariano

La asamblea constituyente que Nicolás Maduro quiere imponer para perpetuarse en el poder dictatorial estará compuesta por 542 personas, de las cuales 168 serán elegidas por gremios en listas elaboradas por el gobierno. Un tercio, pues, del órgano al que el chavismo ha encomendado la elaboración de una constitución que cierre el paso a la oposición, será elegido con criterios de democracia orgánica. Como en el franquismo, donde las Cortes estaban divididas en tercios: el método de representación de las consideradas entidades naturales: la familia, el municipio y los sindicatos. al último de los cuales podríamos asimilar los gremios chavistas.
 
Ese es el modelo al que aspira el denominado socialismo del siglo XXI, la revolución bolivariana, que no hace otra cosa que llevar el hambre y la insalubridad a Venezuela. En Europa las corporaciones fascistas ya las padecimos, liberándonos de ellas afortunadamente, no sin sufrir la violencia. Sin embargo, el regreso del populismo ha traído de nuevo peligrosos espejismos, que son seguidos por muchos. ¿Cómo es posible que el modelo venezolano sea exportable a España, tal como sostienen dirigentes de Podemos? ¿Cómo es posible que se denigre la democracia española y se ensalce la venezolana?

Solo la sinrazón lo puede explicar.