martes, 26 de septiembre de 2017

No despierten a la fiera

Una de los dogmas de los nacionalismos periféricos más consolidado en sus conceptualizaciones es la inexistencia de la nación española. Solo existe un Estado español, que es una jaula de las verdaderas naciones: Cataluña, Euskadi, etc. Pero, España como nación es una quimera.

La crisis que se vive en Cataluña vuelve a mostrar la falsedad de tal aserto. Vean, si no, la explosión nacionalista española que se está viviendo en múltiples puntos de la geografía, incluida Cataluña.

Dirán ustedes que se trata en muchos casos de un nacionalismo reaccionario, atendiendo a que en múltiples ocasiones se enarbolan banderas preconstitucionales. Es cierto, pero no por ello deja de ser un síntoma de que se desespereza.

Analicen el caso de Huelva, donde los guardias civiles enviados a Cataluña han sido despedidos en loor de multitudes, con gritos de ¡A por ellos!. O en Sevilla, incluidos los proferidos por una dotación de escolares con uniformes y todo.

No. Mejor, que no se engañe nadie, que las anteojeras ideológicas no impidan ver. Y, sobre todo, no despierten a la fiera. La última vez fue terrible.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Malas noticias para Europa

Los resultados electorales en Alemania no han sido buenos para los que nos consideramos europeístas. Además de la entrada en el parlamento de una formación de extrema derecha que demoniza el futuro europeo y hace del racismo la piedra angular de su (escaso) pensamiento, el aumento en votos y escaños (el doble) de los liberales supondrá más obstáculos en la construcción de la UE. El líder liberal, Christian Lindner, se ha posicionado en contra de las ambiciosas reformas de mayor integración económica propuestas por Macron.

Los liberales son imprescindibles en la futura coalición de gobierno con Merkel, lo que les hace más fuertes, una vez que la socialdemocracia, la gran perdedora de los comicios, desiste de seguir formando parte del ejecutivo y pasa a la oposición. El otrora todopoderoso Partido Socialdemócrata no ha sabido evitar la crisis de la izquierda clásica europea, vencida por los populismos, lo que tampoco es una buena noticia para Europa.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Cien años después

Hoy les voy a aconsejar que lean un artículo, aparecido en El país, escrito por Rafael Fontana, presidente del prestigioso bufete de abogados Cuatrecasas, presente en cuatro continentes. El despacho barcelónes fue fundado hace cien años, en Barcelona. Durante ese siglo se han sucedido en España democracias y dictaduras, pero el bufete siempre tuvo entre sus metas alimentar un espacio jurídico de libertades y derechos, tal y como se logró, mediante el diálogo político, con la Transición Democrática y en la Constitución de 1978.

Fontana destaca en esa evolución la relevancia de la primacía de la ley, un consenso cada vez más extendido por todo el mundo, facilitando la seguridad jurídica, incluso en países con culturas muy diferentes a la nuestra. Gracias a ello, es que como dice el letrado -en toda la extensión de tal palabra-, se ha logrado una prosperidad sin precedentes en España y en otras partes del mundo.

Recuerda, Fontana, que cuando se fundó el despacho, en 1917, Barcelona vivía una grave crisis social y política, con los movimientos obreros recurriendo a la violencia en defensa de los derechos laborales y con los burgueses propietarios exigiendo una refundación del Estado en el que las regiones tuviesen un reconocimiento institucional. Las calles de la ciudad hervían. 

Se pueden establecer paralelislmos con la actualidad, sobre todo a la hora de resolver los problemas. La solución pasa por el respeto a la ley y el diálogo. Hoy, también, cien años después.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Después de la batalla

Tras el choque de trenes que vivimos ayer, hoy toca hacer recuento de bajas, como se hace siempre tras las batallas. 

El más malparado de la colisión institucional ha sido la Generalitat, que ha visto disminuido su autogobierno, algo que debería valorar en la medida en que lleva años, los del proceso independentista, construyendo estructuras de Estado, para precisamente alcanzar tal estatus.

Pero el Gobierno también debería atender sus daños. El más evidente de ellos se vio ayer por las calles de Barcelona. Y, a través de los medios de comunicación y redes sociales, lo contempló todo el mundo. El de unas masas enfurecidas, presas de rauxa, mlostrando toda su indignación, porque el sueño al que aspiran se muestra esquivo.

Dirán ustedes, con toda razón, que el Estado de derecho se limitó ayer a cumplir con la legalidad. Y el gobierno sostendrá, que fue una decisión judicial, inserta en un Estado que respeta la división de poderes. Todo ello es indiscutible, pero sólo desde parámetros racionales.

Lo que vimos ayer escapa ya a eso. El seny brilla por su ausencia. Los sentimientos han desbordado todo, no solo las calles. Y no deberíamos minusvalorar la capacidad de arrastre sentimental que tenemos en la especie de primates que somos. Mucho mayor que la razón.

En los últimos meses, las encuestas daban una tendencia a la baja de los independentistas, cuya mayor cota se debió alcanzar hace dos semanas cuando el Parlamento catalán perpetró un golpe de Estado tan burdo que a más de un soberanista se le debió encender el seny y diluir la rauxa. 

Con lo de ayer, no se si se habrá quebrado esa tendencia, lo que daría alas a aquellos que llevan años poniendo toda la carne en el asador para lograr una inmersión revolucionaria, en la que la democracia no ocupa ningún lugar, como quedó meridianamente claro en las sesiones tumultuosas del Parlament.

Lo sabremos pronto. En cualquier caso, todos deberíamos saber que la Humanidad no solo se gobierna con la razón. Es más, en el mundo actual, los sentimientos, tan idolatrados, son más fácilmente publicitados que la cordura y la sensatez. Vivimos cada vez más en la época de la rauxa, no del seny. Y en eso, Cataluña tiene experiencias dolorosas. Lo digo porque a veces ganar una batalla significa perder una guerra. 


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Los trenes chocaron

Las detenciones y registros de hoy en sedes de la Generalitat, por orden judicial, en aplicación del Estado de derecho, suponen una evidente escalada en la crispación existente. Las imágenes de estos últimos días, hábilmente instrumentalizadas por el independentismo, a través de una vanguardia de fieles dispuesta a mucho, nos muestran el choque de trenes pregonado y anunciado desde hace tiempo.

Tal colisión, pese a la tozudez habida, en ningún caso equidistante, debería haberse evitado, aunque solo fuera porque por la pendiente por la que ya rodamos nos precipita en la violencia.

martes, 19 de septiembre de 2017

De libro

Parece que Pablo Iglesias ha sentido celos de Carles Puigdemont y de su golpe de Estado perpetrado en el Parlamento de Cataluña. El líder de Podemos, una formación política que desde sus inicios desprestigia la democracia instaurada en 1978 y tiene a gala considerarse a asimisma como la esencia de la representatividad popular, ha propuesto ahora la constitución de una asamblea extraordinaria que subvierta la legalidad establecida. 

Confía en que ese nuevo órganismo, compuesto por diputados, senadores, eurodiputados y alcaldes de grandes ciudades, le de la fuerza que se niegan a darle democráticamente las urnas, imponiendo así sus postulados. Otro intento de golpe de Estado. De libro.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Rohinyás

El drama que viven más de 400.000 refugiados rohinyás en Bangladés es una nueva muestra de la infamia humana. Perseguidos por su fe musulmana y expulsados de la Birmania budista se hacinan en condiciones insalubres una vez vadeado el río fronterizo, huyendo de la matanzas perpetradas por el ejército que no les reconoce como connaturales de su país. Para mayor sarcasmo, el gobierno birmano, tutelado por los militares, está dirigido por una premio Nobel de la Paz, Aung Sang Suu Kyi, idolatrada en Europa durante décadas por representar a la oposición birmana, aunque su mayor mérito conocido es ser hija del héroe de la independencia birmana.

Las autoridades birmanas no reconocen a los rohinyás como ciudadanos de su país, considerándolos emigrantes de Bangladés, el antiguo Paquistán Oriental. La común fe musulmana de los paquistaníes y de los rohinyás permite a los militares birmanos elevar a la categoría de argumento sus medidas represivas. Según su planteamiento, se limitan a devolver a Bangladés a unos musulmanes que han entrado en su territorio.

Los rohinyás son un grupo religioso compuesto por unas 700.000 personas, que además étnicamente son indoeuropeos, como los paquitaníes, con los que comparten, como ya he dicho, igualmente la fe. Por el contrario, la mayoría de los birmanos son de religión budista y étnicamente sino-tibetanos, compartiendo rasgos con sus vecinos chinos.

Especialmente en nuestra Europa deslumbrada por los nacionalismos, muchos considerarán que el rio Naf, donde ahora se hacinan los rohinyás, es un límite preciso -natural, dirán-  que bien separa ambas culturas. Pero, para los que creemos que ningún pueblo tiene en propiedad ningún pedazo de la Tierra, se trata de un genocidio. Uno más.