jueves, 26 de julio de 2018

Rectificación

A las dos semanas de tomar posesión el nuevo gobierno, les hablé de los tres problemas que se había creado el propio gabinete. Hoy, parece, que Pedro Sánchez piensa rectificar en uno. Hablo de la reforma del reparto financiero de las comunidades autónomas.

Ha tenido que visitar la Moncloa, el presidente asturiano, Javier Fernández, para que Sánchez acepte replantearse tal negativa, precisamente el valor intelectualmente más relevante con el que cuenta el PSOE, como demostró en la grave crisis vivida por el socialismo tras la renuncia de Rubalcaba, otro destacado dirigente que tuvo que abandonar aquel barco ingobernable.

No se entendía muy bien la negativa del nuevo líder socialista, máxime si pensamos que su resolución sería el mayor logro que podría apuntarse el PSOE en el año y medio que puede quedar de legislatura. Sánchez cuenta con una ventaja para ello: sus relaciones con el independentismo catalán, que le da una ventaja sobre otros partidos, como el PP, que estratégicamente rompió los puentes del diálogo.

El diálogo en sí, no tiene mucha más virtualidad, que la demagógica de aparecer como más tolerante, lo que sin duda se traducirá en una siembra de votos, pero se necesitan otras iniciativas. De todas ellas, la más productiva para mejorar la situación territorial española es sin duda la de un nuevo pacto sobre la financiación autonómica. Ahí, hay camino que recorrer y es de agradecer que el presidente del gobierno ser apreste ahora a recorrerlo.

Algún beneficio sacaremos todos, aunque tampoco debemos ser tan optimistas como para creer que ello solucionará el grave problema territorial que padece España.


miércoles, 25 de julio de 2018

Sin sueldo

El Estado de derecho ha dado un paso relevante ante el proceso soberanista catalán. La Oidoría de Cuentas del Parlament ha dejado de pagar las nóminas a los seis diputados fugados de la Justicia. El organismo que se encarga de las cuentas de la cámara legislativa catalán se limita así a cumplir así lo ordenado por el juez Llarena; decisión contra la que el presidente del Parlament no ha hecho nada, pese a que tal aceptación de la legalidad amenaza con romper las relaciones entre Junts per Catalunya y ERC, debido a que los primeros no querían admitir que su líder, Carles Puigdemont, se quedase sin sus emolumentos.


Enorgullecémonos, porque vivimos en un Estado de derecho, donde se cumple la ley. A partir de ahora, los ciudadanos dejaremos de sufragar el sueldo de unos señores que hacen todo lo posible por debilitar nuestro Estado.

lunes, 23 de julio de 2018

A peor

No cabe duda. Estamos asistiendo a la reactivización de los nacionalismos. A lo largo del fin de semana hemos podido constatarlo, tanto en lo que se refiere al nacionalismo español, como al catalán.

Tampoco hay duda de que uno y otro se realimentan. Es más, la más relevante consecuencia del proceso soberanista en Cataluña ha sido haber despertado al nacionalismo español, algo que ni conviene minusvalorar, ni mucho menos tomar a chanza.  Un nacionalismo con el que Ciudadanos se ha alimentado en los últimos tiempos, aumentando sus expectativas de voto, arañando voluntades de la derecha desencantadas por la tibia actuación de  Mariano Rajoy en el ámbito territorial. 

Ahora, el PP de Pablo Casado pretende refundarse bajo las premisas, entre otras, de plantar cara al independentismo catalán, más allá de la mera respuesta judicial dada por el pusilánime Rajoy. El nuevo líder de la derecha lo dijo en el congreso que le ha catapultado a la presidencia del PP: el partido debe conectar con lo que llamó “la España de las banderas en los balcones”; es decir, liderar el rearme del nacionalismo español, arrebatándole tal seña a Ciudadanos.

Frente a ello, también este fin de semana, hemos asistido a la radicalización del PDCAT, la antigua Convergència, que ha vuelto a abrazar el unilateralismo, plegándose a la voluntad de Carles Puigdemont, quien, tras sus victorias judiciales en Europa, se consolida como el líder independentista. Una reactivación del nacionalismo catalán que deja muy poco espacio a otros planteamientos.

El menor para ERC, tras ver segada la hierba bajo sus pies. El proyecto eminentemente populista de La Crida, un movimiento personalista del nuevo Moisés de la patria catalana, deja a los republicanos en una difícil posición, ya que no pueden admitir quedar de nuevo en un papel subalterno, sin rentabilizar el victimismo de que ellos han puesto los presos, mientras otros disfrutan de la libertad fuera de España.

Tampoco hay mucho espacio para opciones intermedias, como la de los socios catalanes de Podemos, sobre todo por la percepción, fuera de Cataluña, de que solo se concreta en un mero seguidismo de las tesis independentistas. Ni para el PSC, pese a que unos y otros verán incrementados sus votos en las próximas elecciones catalanas, las enésimas del proces, que ya se vaticinan para el invierno, evidenciando la baja calidad democrática catalana, limitada a que cada poco tiempo los ciudadanos son invitados a votar para que todo siga igual…de mal.

Pero tampoco hay mucho aire para el gobierno de Pedro Sánchez. Y esto es lo peor, porque muestra que no hay soluciones fáciles. Al menos, si estas pretenden consistir en un nuevo estatuto autonómico. El último, impulsado por Rodríguez Zapatero y las elites políticas locales, a espaldas de los catalanes, nos llevó a la preocupante situación actual.

En suma, en el horizonte se atisba una reacción nacionalista, que solo desgarrará aún más a la sociedad catalana y desagradará aún más al resto de la española. No, el nacionalismo, los nacionalismos y menos enfrentados, no es la solución. Esta solo pasará por una conceptualización racional del problema, alejada del sentimiento territorial. Y dentro de mucho tiempo.

Y, de eso, de tiempo, no creo que andemos sobrados.


viernes, 20 de julio de 2018

Apartheid

Parecía impensable que un Estado tomara la senda de la Sudáfrica racista, aquella que discriminó, reprimió , segregó y encarceló a parta de su población siguiendo un criterio étnico, y que fue criticada por el mundo entero. 

El Estado de Israel, que aún cuenta con algunos ciudadanos de avanzada edad que sufrieron en primera persona otra de las infamias más aberrantes que han existido, la nazi, aprobó ayer convertir su patria en un Estado-nación judío. A partir de ahora, el 20% de su población, ciudadanos de origen árabe, será discriminada por su condición étnica. La iniciativa fue impulsada por el gobierno de Benjamin Netayanhu, el líder del nacionalismo sionista.

Tal decisión fue tomada democráticamente por el parlamento de Israel. Una resolución inmoral y perversa que restablece el régimen del apartheid, ahora en otro rincón del planeta. 


Otro logro del nacionalismo.

jueves, 19 de julio de 2018

Dinero

En las crónicas periodísticas de ayer sobre la suspensión del pleno del Parlament he echado de menos dos consideraciones relevantes. La primera es más valorativa que informativa, a diferencia de la segunda, aunque las dos participan de ambas consideraciones.

Paso a exponerlas. En todo sistema democrático, el Parlamento, como la entidad representativa en la que se concreta, es la garantía de su esencia. Suspender plenos y dejar su actividad al albur de las estrategias partidistas no dice mucho de quienes las practican. Y muestran que sobre el principio democrático hay otros más importantes en sus consideraciones. Sin duda, que la construcción nacional es más relevante para ellos y muestra el tipo de Estado que harían en caso de triunfar sus postulados. Roger Torrent, el presidente del Parlament, ha demostrado que para él prima la patria catalana sobre la democracia, evidenciando el totalitarismo implícito en todo nacionalismo. Tal aviso debería ser suficiente para más de uno, capaz de desengancharse de la utopía, antes de que se convierta en una desgraciada distopía.

La segunda consideración hace referencia al motivo que llevó a Torrent a suspender la actividad parlametaria: la negativa de los diputados fieles a Puigdemont a aplicar la suspensión decretada por el juez Llarena, aunque solo en el caso del expresidente de la Generalitat. La razón de ello es meramente crematística. Puigdemont necesita de su sueldo como diputado, monto que pagamos todos los españoles, para proseguir su bagabundage por el mundo, máxime después de que Llarena haya aceptado la evidencia y retirado las euroórdenes de captura.


Con ello, el soberanismo catalán se ha retratado, despreciando a la democracia. Y todo para que no le falte el dinero al líder de la patria.

miércoles, 18 de julio de 2018

Anteojeras ideológicas

No deja de sorprender que más de 360 muertos, 260 desaparecidos y unos 2.000 heridos no levante la voz crítica de la izquierda mundial y en concreto de la española.  Esas son las cifras, aún provisionales, de la represión sandinista en Nicaragua, donde el tirano Daniel Ortega, elegido democráticamente, ahoga en sangre las protestas contra su Régimen.


Es muy lamentable la insensibilidad de formaciones políticas que tienen a gala la defensa de los derechos humanos, pero que las anteojeras ideológicas les impide ver los crímenes que comete Ortega y sus secuaces en Nicaragua. 

martes, 17 de julio de 2018

Lo real y lo racional

El gobierno ha tenido su primer tropezón en el Congreso a cuenta de la renovación de la cúpula directiva de RTVE. Ya les avisé de que ese era uno de los tres problemas en los que se había metido el propio gabinete por sí solo. Ayer, en las Cortes se visualizó la precaria mayoría que sustenta al gobierno, al faltarle un voto para implementar el decretazo que pretendía imponer un Consejo de Administración del mayor ente público existente en materia de Comunicación de nuestro país con representantes de Podemos, del PSOE y del PNV, excluyendo al centro-derecha.

No voy a volver al contrasentido que supone tal marginación. No. Ni de los efectos perniciosos que supondría designar a un equipo directivo de RTVE sin representantes del PP y Ciudadanos, que guste o no, son dos partidos que suman más de doce millones de votos de españoles en las últimas elecciones. Tampoco les aburriré de nuevo con las bondades del concurso público para elegir a los directores del ente, escogiendo a los mejores profesionales de la Comunicación para ello y relativizando las cuotas partidistas, que colonizan la sociedad en la que vivimos.

No. Les voy a hablar de otro aspecto consustancial. El relativo a las organizaciones humanas. Desde la Ilustración, el mejor sueño del Homo sapiens, se ha considerado como axioma la capacidad humana para mejorar, para progresar. El aumento de conocimientos y su extensión por amplias capas de la Humanidad permitía presagiar un incremento técnico que hiciera más cómodo el desarrollo, propiciándolo además. Sin duda que así ha sido y prueba de ello son todos los innumerables avances científicos que se han dado en todos los órdenes de la vida. Pero, también, se consideraba que tal progreso redundaría en la calidad del ser humano, haciendo de él no solo un ser culto, algo que cuantitativamente en número de especímenes es indudable, sino mejorando su capacidad organizativa.

Aspecto que convendría poner en duda, pese a que gran parte de todos los movimientos políticos contemporáneos, que hunden sus raíces en la Ilustración, consideren tal suposición un hecho incuestionable. Especialmente, los que más se sitúan en la izquierda política. Sin duda que han influido en ello jalones como la Revolución rusa de 1917, donde una minoría organizada -una vanguardia- impuso sus nobles ideales, aunque otros, como el desmoronamiento del imperio soviético, a finales del siglo pasado, debieran mover al escepticismo sobre la capacidad organizativa del ser humano.

El marxismo, como hijo predilecto de la Ilustración, hizo suya esa fe en la capacidad humana para organizarse, de raíces hegelianas: Todo lo real es racional y todo lo racional es real. Tal aseveración supone que el mundo se genera siempre de una manera lógica y que por tanto el pensamiento puede hacerse real.  Tal planteamiento ha sido resumido en múltiples eslóganes a lo largo de los dos últimos siglos. El último fue el Yes, we can, que llenó de ilusión a millones de personas y que en Estados Unidos catapultó a Obama a la presidencia del país más avanzado del mundo.


Tamaño entusiasmo, contagioso sin duda, no esconde, sin embargo, una fe en las capacidades humanas de carácter irracional, que la realidad se empeña en desmentir, al menos en su competencia organizativa. Ayer, lo presenciamos en el Congreso de los Diputados, cuando dos miembros de la mayoría precaria se confundieron, dando al traste con la intención de la izquierda de modificar la realidad.