martes, 9 de octubre de 2018

Debate rehusado

La negativa del presidente del Gobierno a acudir al Senado para hablar sobre las circunstancias no aclaradas de su tesis doctoral, amparándose en cuestiones reglamentarias, da una idea cabal de la verdadera razón por la que Pedro Sánchez elude tal debate. Dicha cuestión incide en la mala praxis a la hora de referenciar sus citas en tal trabajo de investigación, que extiende ineludiblemente las sospechas de plagio.

lunes, 8 de octubre de 2018

La clave: las clases medias

Los resultados de la primera vuelta electoral en Brasil han confirmado los más malos presagios. Democráticamente, el candidato ultra, autoritario, racista, machista y homófobo, Jair Bolsonaro, ha arrasado con cerca del 47% de los votos emitidos, quedándose solo a poco más de tres para haberse ahorrado la segunda vuelta y haberse convertido ya en presidente electo.

Indudablemente, parte del éxito de tal candidato radica en el descrédito del Partido de los Trabajadores (PT), en el poder durante las décadas más espectaculares en cuanto a desarrollo del país americano, que traicionó a la sociedad con una generalizada corrupción, que incluso afectó al mejor líder de la izquierda actual, Lula da Silva.

Una vez que la justicia impidió presentarse a este último, condenado por corrupción, el PT recurrió a Fernando Haddad, que no solo no recogió el legado positivo de Lula, sino que en las últimas semanas hundió su voto, mientras el de Bolsonaro no paraba de crecer. El error estuvo en la estrategia del exalcalde de Sâo Paulo, que se dedicó en la recta final a movilizar el voto de los más pobres en el noreste del país, el menos desarrollado de ese gigante que es Brasil.  Lejos de ello, Haddad debe recuperar en la segunda vuelta a las clases medias, que rompieron con el PT por su corrupción. Solo así tendrá una opción para impedir que Brasil se hunda en el populismo de Bolsonaro.


viernes, 5 de octubre de 2018

Autocracia

A estas alturas, creo que no quedan dudas que impidan aseverar que en Cataluña no hay democracia. Un Parlamento cerrado, por voluntad y en defensa de los intereses de una persona, que desde Waterloo impone todas sus pretensiones, solo puede contemplarse como un evidente ejemplo de autocracia, en su plena definición terminológica: forma de gobierno en la que la voluntad de una sola persona es la suprema ley.

Y todo ello basado en un golpe de Estado parlamentario, implementado en dos jornadas de septiembre del año pasado. Un magnífico patrón, que debería ser objeto de estudio e instrucción pública, de como acabar con la democracia en nombre de la democracia.


miércoles, 3 de octubre de 2018

Menos pasmo y más observación

Andan los medios de comunicación asombrados porque una formación xenófoba ha arrebatado en masa a los votantes que hasta ahora optaban por el partido independentista de Quebec, en Canadá.  Hasta el punto, que la denominada Coalition Avenir Québec se ha alzado con la victoria en las últimas elecciones al parlamento regional, mientras que el Partido Quebequés se ha hundido en la cuarta posición.

Hasta ahí los hechos. Ahora la opinión. Y empezaré diciendo que no entiendo la conmoción. Es muy sencillo. Los votantes son los mismos, que no han mudado de opinión. Lo mismo ha pasado en Italia. La Liga que logró el segundo lugar en los últimos comicios con un discurso de odio al extranjero es la misma que hasta hace poco se llamaba Liga Norte y era un partido separatista del resto de Italia que acusaba a Roma, les suena, de robarles. Sus dirigentes cambiaron la estrategia de demonizar a los vagos sureños por la de culpar de todos los males a los inmigrantes que, a riesgo de sus vidas, surcan el mediterráneo de cualquier mala manera huyendo del infierno africano o de las guerras de Oriente Próximo.

El líder de la coalición xenófoba del Quebec, François Legault, fue ministro, de Educación para más señas, del gobierno autónomo de esa región que en dos ocasiones ha intentado separarse de Canadá. Ahora ha cambiado al enemigo: ya no es el canadiense de origen británico, sino el foráneo que intenta trabajar y prosperar en el primer mundo.

Los votantes de ayer y de hoy de Legault son los mismos. Cabe incluso que los haya incrementado, atrayendo sus cantos de sirena a más de un canadiense  de lengua británica, como la ex Liga Norte es votada ahora en masa en Nápoles y Sicilia. Su público son los millones de personas coetáneas que tienen incertidumbres y que son sensibles al discurso que   incide en achacar los males de la precarización al odioso otro, sea inmigrante o identitariamente diferente. 


Y lo peor es que ese mensaje cala cada vez más en unas sociedades coetáneas en las que el raciocinio deja paso a lo irracional, a los miedos y a los sentimientos. En unas colectividades posmodernas que cada vez confían menos en el análisis y donde la educación ocupa un lugar cada vez menos relevante, cuando no es directamente despreciada.  El populismo, en suma, que disfruta de sus dos caras con las que confundir a toda una civilización como la nuestra, nacida de la Ilustración, pero incapaz en los últimos tiempos de serenarse y hallar la fórmula que la salve, que en cualquier caso pasa por menos pasmo y más observación. Eso sí, teniendo también presente que es el propio fracaso de la Ilustración lo que nos ha llevado a la lamentable situación de nuestra sociedad.

martes, 2 de octubre de 2018

La sonrisa petrificada

La sensación en los medios de comunicación, expresada en las tertulias matinales, era que la violencia había irrumpido en el proceso soberanista catalán, tras los incidentes vividos anoche en el intento de asalto del Parlament y a la comisaría de Policía Nacional de Via Laetana. En muchos comentaristas se adivinaba un punto de inflexión, augurando consecuencias negativas para el independentismo. Así, parece confirmarlo la prensa extranjera, que si hace un año reflejó en las primeras páginas la violencia estatal, achacable a la incompetencia de un ministro del Interior, cuyo principal mérito era ser amigo del presidente del gobierno de entonces, ahora ha publicado la perpetrada por los más radicales separatistas.

Mala imagen para el proces, que es algo que las elites que lo han ejecutado han evitado cuidadosamente cometer, conscientes de que la violencia, como pasó con el independentismo vasco, aunque empieza siendo un instrumento valioso, termina por desacreditar a cualquier ideología.  Por ello, esos dirigentes publicitaron desde el primer momento que lo suyo era la revolución de la sonrisa. Y así se presentaron al mundo , al enemigo que han conformado -los españoles- aplicando el victimismo y sobre todo a ellos mismos, en un ejercicio de autoconvencimiento

Sin embargo, hubo también a muchos que no nos persuadió ese relato desde el principio, probablemente porque las ideologías no nos tienen tan anestesiados. Y así vimos y comprobamos que la violencia estaba en la esencia del proces, cuando el mismo 1 de octubre del año pasado, observamos también que hubo guardias civiles huyendo de los pueblos a tiros de piedra o agentes atacados con sillas, o a lo largo de este año muñecos colgados en los puentes, o en los últimos días, policías agredidos por manifestantes que les niegan la condición de seres humanos. O por el mero hecho de si en el balcón de al lado de casa, aparece izada una bandera, sea cual sea, ya me están señalando por mi escaso patriotismo, ya me están apuntando como elemento desafecto a la causa. 



La sonrisa estaba ahí, pero ya petrificada. Ahora para muchas más.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Amor romántico

Publica hoy El País una tribuna de Paloma Tosar López, experta en cuestiones de género y activista feminista, muy certera en su análisis sobre la violencia de género, además de muy oportuna, cuando llevamos seis asesinatos en tan solo 48 horas. Recuerda Tosar que una de las cuestiones que más le sorprendieron cuando empezó a trabajar con mujeres víctimas del amor machista fue que la mayoría seguía viviendo con el maltratador. La escritora explica certeramente que tal fenómeno se debe al patrón aprendido del amor romántico.

Un amor, que dicho sea de paso, solo lleva entre nosotros, en la Humanidad, dos siglos de existencia. Es decir, los patrones anteriores en las relaciones entre seres humanos no obedecían a tales presupuestos, derivados de los planteamientos del amplio movimiento cultural e ideológico que fue el Romanticismo, que tanto ha configurado la contemporaneidad, hasta el punto de definirla. Entre todas las novedades que conllevó el Romanticismo, probablemente no haya otra más destacada que la primacía del sentimiento sobre la razón.

Más allá de esta obligada disertación, retomo el artículo de Tosar para señalar que la escritora achaca que ese amor romántico es el patrón, la forma habitual de educar actualmente a las mujeres, a las que desde niñas se les orienta a considerar el amor de pareja como la “piedra angular de nuestra existencia”. Y con criterio analítico añade: “Aprendemos que el amor de pareja  es lo más importante, algo que hay que salvaguardar eternamente, a costa a veces de nuestro bienestar físico, emocional y psicosocial. Aprendemos que no somos seres completos, que necesitamos una media naranja e interiorizamos un terrible miedo a la soledad”.

Por ello, Tosar propone, con toda lógica, acabar con ese patrón, lo que indudablemente se traduciría en una mejora sustancial de la situación sobre la violencia de género, en la medida en que muchas mujeres dejarían de estar tan expuestas por continuar con su maltratador.  Sin duda, tal conclusión es tan certera como el análisis previo. 


Tan solo me atrevo a añadir una reflexión: ¿la sociedad contemporánea está dispuesta a equilibrar razón y sentimiento, en detrimento del segundo, idolotrado desde el Romanticismo? Porque eso, sin duda, que sería decisivo para acabar, o al menos, aminorar esa lacra terrible que es la violencia de género. Pero, no se si los contemporáneos están dispuestos a pagar tal precio.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

El Satán contemporáneo

Rechazamos la ideología de la globalización y abrazamos la doctrina del patriotismo”. Esas palabras fueron dirigidas al plenario de Naciones Unidas por el presidente de los Estados Unidos. De Donald Trump se pueden decir muchas cosas. La mayoría inciden en su simpleza y en su capacidad de reducir todo a una dicotomía ramplona, escapandosele los análisis complejos. Puede que tengan razón, pero de lo que no me cabe ninguna duda es que el mandatario es muy claro en sus mensajes. 

El pronunciado ayer en la ONU es meridiano y resume el nacionalismo ideológico que profesa a pie juntillas. “Primero, América”, fue el lema electoral que engatusó a millones de estadounidenses y le dio democráticamente la magistratura más importante del planeta. El mundo, pues, en su cerebro, se divide entre los estadounidenses, a los que basándose en una larga tradición británica denomina como americanos, y el resto del mundo. No hay dudas.


Lo digo para que nadie se engañe. También, todos aquellos populistas, incluidos los nacionalistas, que han hecho de la globalización el Satán contemporáneo. Los de derechas y los que hoy en día proliferan en la izquierda.