martes, 15 de enero de 2019

La raíz del problema

El esfuerzo que el gobierno ha hecho en los Presupuestos para dotar a Cataluña de mayor inversión pública no parece que vaya a tener una traducción como sería el apoyo a los mismos de los grupos independentistas con representación parlamentaria. Ese solo hecho indica la inviablidad de la estrategia gubernamental, además de confirmar la radicalidad de las propuestas que defienden tales formaciones. No se trata, por tanto, de mejorar la vida de los catalanes, algo que solo parece interesar a los propios ciudadanos residentes en aquella comunidad, sino que el rechazo de los partidos independentistas en aras de un supuesto bien superior, la patria catalana, se superpone a cualquier otra consideración. 

La estrategia del gobierno pretende sacar adelante unas cuentas públicas que permitan más gasto social y que se encuadra en el objetivo de satisfacer racionalmente un problema identitario, que, no lo olvidemos, se define por su sentimentalidad, lo que  refleja la dificultad de solventarlo, en el marco de unas sociedades, las contemporáneas, donde prima lo último sobre lo primero. De ahí, la popularidad plebiscitaria.


El problema es como salir de esta situación estancada, aun siendo conscientes de que es algo con lo que tendremos que convivir durante mucho tiempo, como ya predijo Ortega y Gasset. Sin embargo, hay algo que sí podría haber hecho ahora el gobierno: desbloquear la negociación de la financiación autonómica, avanzando en un sistema más equilibrado y por tanto más satisfactorio. Pero, siendo conscientes de que tales medidas irían dirigidas al intelecto, algo que desgraciadamente no será valorado en su justa medida. Somos fruto de una época, escasamente analítica. Esa es la raíz del problema.

viernes, 11 de enero de 2019

Vox es el franquismo

Veo que la prensa incide más en el acuerdo firmado entre el PP y Vox que en el hecho sustancial de que el primero de esos partidos formará con Ciudadanos un gobierno que será posible gracias al voto de la segunda de las formaciones políticas. Una vez más, disiento. Y creo, sinceramente, que es un grave error interpretativo.

El acuerdo entre el PP y los ultranacionalistas es, como todo, discutible, pero carece de elementos inconstitucionales. No lo es la principal concesión del PP, la creación de un departamento gubernamental regional para la familia. Tampoco que se equipare el régimen concertado en la educación con el público. Ni incluso, que abogue, con circunloquios, por la enseñanza separada entre sexos. Todas esas cuestiones, también las folclóricas de los toros o la Semana Santa, pueden ser criticadas por muchos, algo que otros no censuraremos, pero que cabe encuadrarlas dentro del lógico debate social.


Lo grave es que el centro-derecho democrático llegue al poder en una región española mediante el apoyo de una formación que pretende la expulsión masiva de los inmigrantes, que pretende reducir sus derechos a las mujeres, que en materia de costumbres pretende volver a la imposición del catolicismo y que aspira a reconvertir España en un estado nuevamente autoritario. Es decir, que  quiere volver al franquismo. Porque, eso es lo relevante: Vox es el franquismo. Y nadie que se considere democrático puede aceptar servirse de su apoyo. Todo lo contrario: hay que combatirlo.

miércoles, 9 de enero de 2019

Reconocer el pasado

Ahora que el PP y Vox han suscrito un pacto, que permitirá a Juan Manuel Moreno convertirse en presidente de la Junta de Andalucía, con un gobierno en el que estará representado Ciudadanos, tras otro acuerdo entre este último partido y el primero, me gustaría hacer una valoración del ideario de la segunda de las formaciones mencionadas.

Más allá de que en el acuerdo entre el PP y Vox, la nueva formación haya diluido sus exigencias, salvo con la creación de una Conserjería de Familia, conviene repasar los planteamientos ideológicos de un partido que cabe calificar de ultranacionalista. Así, su pretensión inicial de expulsar a más de 50.000 inmigrantes que residen en Andalucía o la aspiración de que el Día de Andalucía conmemore la toma de Granada por los Reyes Católicos, solo puede ser encuadrable en tal denominación. Vox representa de hecho la última versión del nacional-catolicismo, que fue el ideario impuesto en el pasado durante cuatro décadas.

Porque, la clave de todo esto es considerar que lo que pretende Vox es la vuelta del franquismo. Así, sin eufemismos, se puede sostener que Vox es el franquismo.

Lo digo para que todos tengamos claro con quienes acordamos pactos y gracias a quienes estamos en los gobiernos. Dicho lo cual, a mi no me ha extrañado nada constatar una vez más  que haya gente partidaria de volver a ese pasado; en concreto, que 400.000 andaluces hayan votado por el franquismo.  Solo cabe recordar el respetable número de españoles que vivieron conformes con aquel régimen, cuyo dirigente murió en la cama.


Solo reconociendo nuestro pasado podremos evitar la repetición de los errores.  

lunes, 7 de enero de 2019

Veremos

La negativa del Papado ha inmiscuirse en la exhumación de los restos de Francisco Franco supone el enésimo fiasco del gobierno de Sánchez. Ya les anuncié en 2018 que tal asunto se convertiría en uno de los más graves problemas generados por tal gabinete, que no está de más recordar que fue recibido por la opinión pública como uno de los más competentes de los habidos en los últimos años. Pues, bien, ya en 2019, seguimos pendientes de tal cuestión, porque en la práctica la decisión del Vaticano supone que no forzará a los benedictinos responsables del Valle de los Caídos a plegarse a las intenciones gubernamentales.

¿Que hará ahora el ejecutivo para intentar imponer su autoridad, algo que es básico en todo gobierno que se precie? ¿Será capaz de denunciar el Concordato que rige las relaciones entre el Estado español y Roma? ¿O se limitará a confiar en que el Tribunal Supremo le saque, una vez más del entuerto, en el que se metió? 


Veremos, como diría el maestro Miguel Ángel Aguilar. 

viernes, 4 de enero de 2019

El dilema de Rivera

Albert Rivera se enfrenta en los próximo días al mayor dilema al que debe hacer frente en su carrera política. De hecho, Ciudadanos se encuentra en una encrucijada que afectará al devenir de la formación emergente.

Ciudadanos nació en Cataluña como una alternativa al nacionalismo catalanista que progresivamente se embarcaba en un incierto proceso soberanista. Tal hecho marcó su principal señal distintiva hasta el punto que ha convertido a la formación naranja en el más fiel representante del nacionalismo españolista, surgido como reacción al catalanista, y que ha tenido su mayor expresión visible en las banderas bicolores izadas en innumerables balcones del país.  Ciudadanos ha complementado su ideario con una deriva hacia posiciones derechistas en materia social, olvidando su origen socialdemócrata y abrazando el liberalismo. Por ello, ha terminado restando más votos al PP que al PSOE. Todo ello ha supuesto que la formación sea vista hoy en día como un partido  encuadrable en el centro derecha.

Y es en ese camino donde se presenta la encrucijada a la que debe hacer frente Rivera. La súbita aparición de Vox ha distorsionado la plácida espera del líder de ciudadanos que mes a mes, encuesta tras encuesta y elección tras elección, veía acercarse, sin apenas esfuerzo, el objetivo de su carrera: el sorpasso a un débil PP, sin liderazgo sólido, tras el congreso que defenestró a los más centristas. Para Rivera, era cuestión de esperar para convertirse en la formación más respaldada de ese centro derecha que ya atisba el Palacio de la Moncloa.

Pero, para alcanzar la Presidencia del gobierno, Rivera debe despejar una cuestión clave: lo hará con los votos de Vox o renunciará a ello, combatiendo a la formación de Santiago Abascal. Por eso, lo que estamos viviendo estos días en Andalucía es tan relevante. Por su dimensión nacional, que se puede sintetizar en elegir por el corto plazo, otorgando a Vox el protagonismo al que aspira y legitimándolo, o por el largo plazo,  aislando y reduciendo a los de Abascal.

Ciudadanos y Vox pelean por el voto nacionalista españolista, pero discrepan en materia económica: liberales los de Rivera y más sociales los de Abascal. La decisión que tome el líder de Ciudadanos es, sin duda, la más importante de las que ha tenido que adoptar en el pasado: o aceptar o combatir a Vox.  Ahí se decidirá el futuro de la derecha, tanto en su composición interna como en su aspiración al poder.


jueves, 3 de enero de 2019

Vox enseña sus garras

Horas antes de que la trágica letanía de feminicidios se cobrara una nueva víctima mortal, en Laredo perpetrado por un varón de tan solo 29 años, y de que se mantenga en libertad a la manada, los ultranacionalistas españolistas de VOX enseñaban por primera vez sus garras, proponiendo reducir las ayudas públicas en la lucha contra la violencia de género.

El fenómeno de Vox es otro de los aspectos negativos que nos ha traído, como reacción, el nacionalismo catalanista, que no se si conseguirá sus propósitos distópicos para sufrimiento de los propios catalanes, pero ha logrado ya envenenar toda la política española y obligarnos a todos a respirar un aire mucho más tóxico. 

2019 se inicia así progresando en una senda depresiva, que de no poner remedio, nos llevará a escenarios inimaginados no hace nada de tiempo. 

miércoles, 2 de enero de 2019

De ideologías y religiones

El nuevo ministro de Exteriores brasileño y cabeza pensante del nuevo gobierno del país suramericano, Ernesto Araújo, ha llevado la religión al frontispicio de la actuación del nuevo equipo de poder: “Dios ha vuelto y la nación ha vuelto. Una nación con Dios; Dios a través de la nación”.  Palabras en consonancia con las repetidas hasta la extenuación por el nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, durante la campaña electoral que le llevó en volandas hasta el palacio de Planalto: “Dios, por encima de todos”.

La resonancias bíblicas son evidentes, no muy alejadas del sincretismo evangelista de las nuevas religiones que se extienden por toda América y que tienen en la gracia protestante y su carácter salvífico la esencia de su mensaje. Los fieles de esas nuevas concepciones han sido la sólida base electoral que ha aupado a Bolsonaro a la Presidencia de Brasil, cargo que ayer juró el nuevo mandatario.

El pensamiento protestante fue decisivo en los siglos XVIII y XIX para traer la democracia, basándose en el hecho indudable en su concepción de que un pueblo tocado por la Gracia divina no se puede equivocar, como hoy en día piensan muchos de los votantes de Donald Trump, dignatario que ayer felicitó calurosamente a Bolsonaro. De esa concepción religiosa se pasó a la nacional, dotando al respectivo pueblo de una aureola sagrada, cuya misión es implementar en este mundo el divino. Ello fue debido a la irrupción de las ideologías, uno de las novedades más relevantes que trajo la Ilustración en el siglo XVIII. Esa ha sido la contemporaneidad de los siglos XIX y XX, dominada por unas ideologías que sustituyeron a las religiones.

Pero, en el discurso de Araújo y Bolsonaro se aprecia un cambio relevante, ya que son decididos partidarios de acabar con la preponderancia ideológica en la construcción del pensamiento y regresar a la época de las religiones. A ambos cabría recordarles que a la vieja Europa le costó un largo siglo, el XVII, superar esa fase religiosa y acabar con las terribles guerras de religiones, en las que la gente se mataba por la fe. Un escenario que sufre actualmente el mundo árabe con sus desgarradora guerra civil ente suníes y chiíes.


Acabar con las ideologías con el objeto de recuperar la preponderancia religiosa no será, pues, una buena solución. Mas bien se tratará de una regresión, que en el mundo occidental se puede datar en más de tres siglos, los mismos que retrocedería el denominado Homo sapiens, algunos de cuyos ejemplares han votado por Bolsonaro y Trump.