miércoles, 11 de marzo de 2020

En nombre del nacionalismo ruso


El sátrapa de Putin, ese señor que pretende sojuzgar a Europa, ha vuelto a poner en marcha una reforma legislativa en su país para permitirle continuar en el poder y poder culminar la revancha rusa tras la implosión de la Unión Soviética y la caída del telón de acero. 

De eso hace tres décadas, en las que el nacionalismo ruso se ha rearmado, aspirando a volver a tener una posición hegemónica en Europa, Para ello, Putin no duda en recurrir a interferir en los procesos electorales de los estados a los que aspira a desestabilizar como hemos experimentado también en España.

Ahora, volverá a cambiar la Constitución rusa para prolongar una vez más su poder. Para ello, convocará un referéndum que, indudablemente ganará, y después elecciones en las que vencerá, más allá de que lo consiga impidiendo el concurso de la oposición en igualdad de condiciones. Detalles menores para quien juega con los plebiscitos y en general con las urnas con el único objetivo de engrandecer su poder en nombre del nacionalismo ruso. 



martes, 10 de marzo de 2020

La economía, imbécil, es la economía

Por fin he escuchado a un miembro del gobierno hacer unas declaraciones en las que pone el suficiente realce en las consecuencias económicas negativas de la epidemia de coronavirus. Ha sido la vicepresidenta Nadia Calviño, quien ante los agoreros del apocalipsis ha sentenciado: “No se trata de tomar medidas que no tienen efecto sobre la enfermedad y tienen impacto negativo sobre la economía”.

Porque ese es, hoy por hoy, el principal problema del coronavirus: su vertiente económica, más que la sanitaria. ¿En cuanto se ha reducido el Producto Interior Bruto de este país en dos sermanas? Los expertos lo terminarán cuantificando, pero sin duda que la cifra será elevada, empobreciendo a muchos, especialmente a los más desfavorecidos, como siempre.

Por eso, se puede criticar a un gobierno, más allá de la responsable labor de las autoridades sanitarias, que le ha costado aceptar la gravedad de lo sucedido. La economía, imbécil, es la economía.


martes, 3 de marzo de 2020

Irracionalidad

Más allá de que toda pérdida de vida humana sea dramática, las consecuencias económicas del coronavirus son, hoy por hoy, más perniciosas. De hecho,  de seguir con la pauta de las dos últimas semanas, estas amenazan con provocar más estragos que, como siempre, se cebarán más en los más desfavorecidos del sistema económico.

Lo vivido estos días, especialmente, en las bolsas mundiales solo puede ser calificado de una manera que incide en lo irracional, algo en lo que nuestras sociedades contemporáneas parecen instalarse cada vez más con mayor comodidad.

Máxime si tenemos en cuenta lo poco que queda en el hemisferio norte para el fin del invierno, momento en el que el virus, como el de la gripe, tendrá una menor capacidad de transmisión, tal como las voces académicas empiezan a señalar. Se podrá replicar, entonces, que el problema pasará al hemisferio sur, y así, según el ciclo anual, de uno a otro, consecutivamente, hasta que los científicos sean capaces de lograr una vacuna.

Hasta entonces, nos conviene no incrementar gratuitamente las consecuencias económicas, que al final, debido a la estulticia humana, pueden ser infinitamente peores que las sanitarias.


lunes, 2 de marzo de 2020

Puigdemont, en Cataluña

Dos años y cuatro meses después, Carles Puigdemont regresó a Cataluña. Lo vimos este fin de semana en Perpiñán, localidad que los independentistas consideran parte irrenunciable de Cataluña, sin importarles lo que piensen los franceses, demostrando una vez más que todo nacionalismo es en esencia conflictivo. Unos independentistas que hasta en número de cien mil se congregaron el sábado en la localidad del sur de Francia para respaldar a su líder, huido de la Justicia española.

Esos cien mil independentistas jalearon a quien consideran el mandatario de la República catalana que ansían, mientras el mensaje del líder despreciaba la mesa de diálogo que el gobierno de Pedro Sánchez ha creado con ellos. Incluso, ovacionaron la intervención de la exconsejera Clara Ponsatí, igualmente prófuga de la Justicia, quien calificó de engaño tal foro negociador.

¿Puede haber alguien que a estas alturas crea el eslogan de Spain, sit and talk, publicitado por el independentismo? Es más, ¿puede haber alguien que siga otorgando marchamo democrático a un movimiento enraizado en forzar la independencia, pese a quien le pese? En Perpiñán, la sonrisa de la revolución quedó plenamente retratada.


Una sonrisa amarga para todos aquellos, españoles o franceses, que no comulguen con ese postulado, que invariablemente e unilateralmente debe ser logrado, independientemente de que haya una mayoría o una minoría de catalanes favorable. Y por supuesto, pese al Estado de Derecho, ese sistema jurídico-político de libertades y derechos que les impide triunfar.

viernes, 28 de febrero de 2020

El origen del `procés´

Algo básico para resolver un problema reside en identificar meridianamente las causas que lo provocaron. Nadie que no esté en su sano juicio discutirá este aserto.

Digo esto para asentar una base argumentativa sobre la mesa de diálogo que los gobiernos español y catalán mantienen actualmente en un marco bilateral. En la primera reunión de dicho foro, ambas partes exteriorizaron las razones que habían llevado a la grave crisis que vive Cataluña en el seno de España, según han indicado las filtraciones que ha habido sobre lo tratado.

En esa reunión, la vicepresidenta Carmen Calvo consideró la causa de las disensiones existentes en el fallo del Tribunal Constitucional de 2010, cuando este anuló diversos artículos del actual Estatuto que habían sido aprobados por las Cortes y plebiscitados afirmativamente por los catalanes. En cambio,  Josep María Jové, considerado la eminencia gris del proceso independentista catalán, sostuvo que fue antes, entre 2003 y 2006, cuando se negoció aquel nuevo Estatuto, de espaldas a la población catalana, según su interpretación, lo que frustró a buena parte de los catalanes.

No estoy de acuerdo totalmente con ninguna de las dos explicaciones, aunque he de admitir que es mucho más consistente la explicación de Jové que la de la vicepresidenta del gobierno, más allá de que sea un despropósito que se anticipe la ratificación popular a los dictámenes jurídicos, algo que convendría cambiar en nuestro ordenamiento político.

Pero indudablemente, la crisis se originó en 2004, como acierta el arquitecto del proceso soberanista, lo que, salvo mentira manifiesta, es bastante plausible, viniendo de quien estuvo detrás de toda la euforia independentista experimentada desde entonces. 


En efecto, fue la intención de Pasqual Maragall, entonces dirigente del PSC, y de Josep-Lluís Carod-Rovira, de ERC, de perpetuarse al frente de la Generalitat y laminar a la entonces CiU como alternativa de gobierno en Cataluña, la que propuso un nuevo Estatuto para Cataluña, cuando en aquel momento no había una base sustancial entre la población catalana que lo reclamase, matiz relevante y por el que ustedes entenderán que no estoy de acuerdo totalmente con lo dicho por Jové. Fue en suma, un interés partidista, en este caso tanto del PSC como de ERC, lo que puso en marcha el lodo que hoy en día padecemos.

jueves, 27 de febrero de 2020

Coronavirus

El pánico parece haberse apoderado de la sociedad humana ante la crisis del coronavirus.  Las repercusiones económicas son muy negativas, además de las humanas, más allá de que  toda pérdida humana sea lamentable. Las bolsas acumulan descensos, la española ha visto escapar de su cotización más de 20.000 millones de euros en unas pocas jornadas. 

Los medios de comunicación, salvo excepciones, tienen su responsabilidad en el escenario al que hemos llegado. Se ha estado informando, y todavía, como si viviéramos un apocalipsis planetario, cuando una de las consecuencias de la globalización es precisamente el flujo continuo de pasajeros de una parte a otra del mundo. Hoy en día, en el mundo que vivimos, no se puede poner puertas al campo.

Pese a las llamadas a la calma, el mensaje de que el coronavirus tiene una mortalidad similar a la de la gripe común, parece no calar entre una población, que debería preocuparse también de las consecuencias económicas que conllevan las cancelaciones de eventos internacionales, como ha quedado en evidencia con el Mobile World o con el carnaval de Venecia. En esos aspectos deberían incidir más los medios de comunicación y la labor pedagógica preventiva de las autoridades políticas, algo que se está echando en falta.

Y también una respuesta más rápida del mundo científico. A este respecto, la aparición, en España y en otros países, de afectados locales, sin aparentes nexos con los infectados foráneos, crea una peligrosa incertidumbre, a la que hay que dar una urgente respuesta académica, que evite la propagación del pánico.



lunes, 24 de febrero de 2020

Al menos, inoportuna

La crisis provocada por la defenestración de Alfonso Alonso al frente del PP vasco, ejecutada sin contemplaciones por Pablo Casado, es cuando menos inoportuna, en la medida en que el País Vasco vive ya una campaña electoral de unos comicios que el lendakari Íñigo Urkullu convocó anticipadamente en aras de mejorar los resultados para el PNV, sin calibrar que se había abierto una grave riesgo para los jelkides tras el derrumbamiento del vertedero de Zaldibar.

Precisamente, era ahora, cuando los electores vascos, menos ideologizados y nacionalizados, que también los hay, iban a poder comparar a dos formaciones de derechas. A un PNV, que tras la deriva de Ibarretxe, había hecho gala de la buena gestión, enfrentándose a la  mayor crisis de su discurso del buen hacer. Y a un PP, que centrado podía hacer frente a la continua erosión de sus posiciones, especialmente en Álava, precisamente la provincia de Alonso, donde hemos asistido en los últimos años, para satisfacción del PNV, a la laminación de la derecha no nacionalista vasca, en un fenómeno que apenas ha sido estudiado y menos objeto de atención política en toda España.


Por ello, no creo que sea oportuna en estos momentos la sustitución  por otra dirección popular que en las pocas horas que han pasado ya ha recobrado el duro discurso españolista e incluso hecho claros guiños a Vox. Un error, sin duda, que nos lleva en otro escenario, además del catalán, a la preocupante lógica del enfrentamiento nacionalista en la deriva cada vez más peligrosa por la que transita España.