jueves, 2 de abril de 2020

Europa se mueve

Lentamente y a regañadientes, pero parece que Europa se mueve. Los miembros del Eurogrupo parecen dispuestos a poner a disposición de Italia y España los fondos MEDE, hasta 80.000 millones de euros, pero con una novedad relevante: sin condiciones. Es decir, sin hombres de negro y sin provocar la grave repercusión social de la crisis de 2008. Es un avance que cabría añadir a la decisión de una Holanda súbitamente  afectada de mala conciencia de donar 10.000 millones de euros. 

Estamos, pues, más cerca de una solución para salir de la grave crisis económica en la que nos ha metido el coronavirus. Uno de los padres de Europa, Jacques Delors, ya advirtió que si esta vez la Unión Europea volvía a fallar, se podría acabar con la misma idea de Europa. El que fue presidente de la Comisión dijo que supondría la vuelta del virus, de un virus peor que el coronavirus, el del fin de Europa.

lunes, 30 de marzo de 2020

Tocado

El gobierno empieza a presentar síntomas de estar tocado. La crisis del coronavirus, tan demoledora como inesperada, amenaza con dejarle sonado. Este fin de semana ha mostrado ya los síntomas.

Elaboró a marchas forzadas un decreto-ley sobre el que, antes de su mera ejecución, tuvo que aplicar una moratoria por la inseguridad que creaba su implementación. Y, lo que es peor, en estos días el gobierno ha perdido el mayor bien del que gozaba: la práctica unanimidad social de apoyo a sus medidas, exceptuando como era previsible una parte de la oligarquía independentista catalana. Salvo ese extremo tan ideologizado, el debate público había cerrado filas en torno a Pedro Sánchez, como el ungido para liderar la crisis que padecemos. Ahora, tiene en contra a los empresarios, al PP y a un PNV, que fue uno de los partidos que le invistió. Detalle este último, no más importante que los anteriores, pero sí más relevante si tenemos en cuenta la ajustada mayoría que le otorgó la presidencia del gobierno.

viernes, 27 de marzo de 2020

Más Ciencia, menos ideología

Entre las consecuencias positivas de la crisis del coronavirus, que también las hay,  quiero destacar dos que ya estamos experimentando. Una primera, es que ya predominan los hechos sobre las opiniones. Y eso es así, desde que en el debate público prevalecen los criterios científicos, los sanitarios en este caso, sobre los políticos, aunque efectivamente no hayamos conseguido acallar del todo a estos últimos.

Y una segunda redunda en lo anterior y hace referencia al cambio de era que se produjo en la humanidad al final del siglo XVIII. Aquel siglo fue calificado con toda razón como el de la Ciencia y de la Ilustración. En 1789 llegó la Revolución francesa, dando inicio a lo que se llamó la Edad Contemporánea, en la que paulatinamente la relevancia científica, sin que dejara de desarrollarse la Ciencia, dejó su protagonismo a la ideología, al mundo de la opinión, como quedó manifiesto con el Romanticismo y las posteriores Vanguardias artísticas.

Por eso, es grato ver en estos días a la Ciencia recuperar su trono. Incluso, aquellos que han demostrado unas anteojeras ideológicas a prueba de todo, parecen recular: lo hizo hace unos días Boris Johnson, enfermo de Covid-19, y lo hace ahora también Quim Torra. Hoy, la Generalitat ha pedido la ayuda del Ejército español. Los catalanes se lo agradecerán. 

jueves, 26 de marzo de 2020

Más miserables

La grandes crisis despiertan en algunos casos los mejores comportamientos del ser humano. El ejemplo más evidente es el que nos muestran a diario la práctica inmensa totalidad de los sanitarios de este país ante la pandemia del coronavirus. Pero, también, en otros casos, los peores comportamientos de ese ser, denominado paradójicamente Homo Sapiens Sapiens.

Son actitudes miserables de las que ya he escrito en este mismo blog. Hoy lo vuelvo a hacer cuando leo en la prensa que ha sido apedreado un convoy de ambulancias que transportaba a 28 enfermos ancianos a su llegada a la localidad gaditana de la Línea de la Concepción. Según cuentan las crónicas periodísticas, varias personas, al menos tres, participaron en tal acción e incluso interpusieron un vehículo en el camino de las ambulancias que llevaban a los enfermos de Covid-19. Salvado este imprevisto y una vez llegados a su punto de destino, una residencia de ancianos, los enfermos tuvieron que oir a una cincuentena de personas protestar por haberlos traído a la Línea de la Concepción desde Alcalá del Valle, donde se ha dado uno de los peores brotes de coronavirus.

Los autores de esos incidentes son sencillamente unos miserables.

lunes, 23 de marzo de 2020

Se cayó del guindo

Ha tardado, pero finalmente se ha caído del guindo. Boris Johnson ha rectificado su política conducente a permitir el contagio masivo del coronavirus en busca de la inmunidad de los más fuertes, decretando el aislamiento de la población británica. El temor al previsible colapso del sistema sanitario británico ha obligado al primer ministro a poner los pies en el suelo.


Afortunadamente, la Ciencia, el demoledor informe del Imperial College, se ha impuesto a la ideologización nacionalista, desatada con todo ímpetu por la convocatoria del referéndum del brexit.  

sábado, 21 de marzo de 2020

Miserables

El hecho de que Ada Colau haya recurrido al ejército español para montar un hospital de campaña para indigentes barceloneses no debe ser motivo de crítica, ni de chanza. Es una sensata decisión de alto contenido social y de higiene pública que solo puede ser aplaudida. Incluso, recordando que hace año y medio se opuso y con éxito a la presencia de ese mismo ejército en un salón educativo celebrado entonces en la capital catalana. Ese extremo, tan solo mostraría que la alcaldesa de Barcelona ha experimentado, tras unos años de ejercicio, un proceso de maduración en su tarea y consiguiente desideologización, extremo que no tiene porqué ser censurable. 

Tal vez la crisis del coronavirus nos permita comprender lo idolatrado que tenemos a las  ideologías, algo consustancial en los últimos dos siglos. Si fuera así, nos libraríamos de un fardo y sabríamos sacar partido a la tragedia que nos asuela. Ante determinados problemas, como la mortandad que se avecina, es un atraso conservar las anteojeras ideológicas y no aprovechar, por ejemplo, al ejército para hacer tareas sociales. Es más, tal como serán de catastróficas las consecuencias económicas, sobre todo para los más desfavorecidos, todo aquello que ayude a superar cuanto antes el panorama desolador que tenemos, debiera ser bienvenido. 

No con ello, estoy propugnando el fin de las ideologías. Al contrario, entiendo que la crisis del coronavirus nos hará comprender que reducir los instrumentos estatales es suicida. Si nuestro sistema sanitario, creado por los gobiernos socialistas de la década de los ochenta y la implementación que de ello hizo Ernest Lluch, miserablemente asesinado por el terrorismo, fuera inexistente, no quiero pensar en que lamentables condiciones hubiéramos hecho frente a la situación actual. Y en consonancia pienso en otros países, como Estados Unidos, que unas anteojeras ideológicas de extremo liberalismo, pueden traducirse en una indefensión brutal de la población con menor renta.

Tampoco por ello, convendría demonizar a ese mismo liberalismo que en el siglo XIX y en la Inglaterra victoriana, conceptualizó la salud pública, algo que hoy más que nunca agradecemos, máxime si comparamos a aquellos británicos con los de hoy o al menos a su gobierno que aún se resiste a su desarrollo, confiado en una política sanitaria basada en la supervivencia de los más fuertes, de resabios innombrables y engarzados en otra ideología que sembró de cadáveres el siglo XX.

Sí, hablo del nacionalismo, del que en los últimos días hemos tenido varios desalentadores ejemplos en nuestro país. Desde aquellos que se regocijan que de Madrid se va al cielo o que quieren escupir a la cara de los soldados, hasta aquellos paranoicos del color amarillo o que exigen que los catalanes queden confinados en sus casas, cuando llevan días así por su condición de ciudadanos españoles. Se trata de personas enormemente ideologizadas, de unos miserables, que lo único que pretenden es enfrentarnos, enfangarnos en nuevas guerras  y propiciar una violencia que incluso supere en víctimas al coronavirus.


jueves, 19 de marzo de 2020

Imperial College

La aparición de un informe del Imperial College, una de las diez universidades más prestigiosas del mundo, a quien debemos entre otras cosas la penicilina, ha servido para que Boris Johnson y Donald Trump empiecen a recular en su política sobre el coronavirus. Parece que se están replanteando su inicial rechazo a tomar medidas de aislamiento de la población y a poner en duda sus tesis iniciales, consistentes en dejar que sea la propia población, o al menos los más fuertes, la que termine inmunizándose al Covid-19, superando así la crisis.

Para ello, ha mediado el estudio del Imperial College que vaticina, si no se toman medidas, un escenario estremecedor: 250.000 muertos en el Reino Unido y un millón cien mil en Estados Unidos.


Por cierto, tal informe ha tenido una mínima difusión entre los medios españoles, aunque paradójicamente llevan días informando casi monográficamente de la pandemia.