jueves, 17 de diciembre de 2020

Cohesión europea

Ayer, el Parlamento Europeo aprobó por una abrumadora mayoría, 584 votos frente a 81, lo que podríamos calificar como el paso más significativo de la cohesión europea. La aprobación de los presupuestos más ambiciosos de su historia, que incluyen los fondos de recuperación por el Covid, suponen un punto de inflexión en la unión fiscal y económica de una serie de naciones que aprendieron que era más inteligente dejar de matarse y colaborar entre ellas.


Pasos como el de ayer permiten avanzar de un modo cualitativo en la formación de un demos europeo, un sujeto que, en el marco del Estado de Derecho, se afiance en ser la referencia mundial de prosperidad y democracia que en el último medio siglo ya ha iluminado al resto del planeta.


Obra de indudable mérito, que populares, liberales, socialistas y ecologistas corroboraron ayer votando unos presupuestos, que no fueron respaldados por los variados populismos de toda laya existentes.  Eso, también, conviene saberse y debe valorarse, como el lamentable hecho de que tal noticia apenas fuese aireada por nuestros provincianos medios de comunicación.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Mar de fondo

La suspensión de la cumbre bilateral con Marruecos, a petición de las autoridades del país vecino, y la crisis vivida las semanas pasadas en Canarias ante la llegada de miles de inmigrantes desde las costas controladas por Rabat, son solo las ondas superficiales de un mar de fondo que España parece no afrontar convenientemente, máxime después de un tuit del vicepresidente Iglesias favorable al referéndum saharaui y del hecho de que Pedro Sánchez haya sido el primer presidente de la democracia restaurada que no acudiese en su primer viaje oficial a Marruecos.


Nadie debería pensar que lo vivido en Canarias obedece a la imprevisión. Al contrario se trata de una eficaz presión del gobierno de Mohamed VI sobre España, que el gobierno Sánchez pretendió contrarrestar con la celebración de un encuentro de alto nivel en el que, como es usual en anteriores reuniones, aflojaríamos la billetera para garantizarnos durante un tiempo que nuestras conciencias no resonasen ante el clamor de la tragedia en el mar.


Porque de eso se trata, de un mar de fondo, que nos debería alertar, ante los movimientos sutiles del rey marroquí que ha logrado, in extremis, de la moribunda administración Trump, el reconocimiento de la soberanía saharaui de Marruecos, un territorio que conviene no olvidar era considerada por nuestras autoridades de hace medio siglo como una provincia más española. Un movimiento geoestratégico de imprecisas consecuencias, pero que puede afectar a la posición de la base militar norteamericana de Rota, cuya continuidad debe ser negociada precisamente en un año, sin contar con el rearme militar marroquí a expensas de los Estados Unidos. 


Mientras, nuestro gobierno nada en la superficie y tuitea mensajes demagógicos en vez de trabajar por soluciones a largo plazo en asuntos más trascendentales como la emigración en un mundo globalizado o el futuro de ese centenar de miles de personas que no hace tanto considerábamos españoles.


martes, 1 de diciembre de 2020

Brasil ha cambiado

Las elecciones municipales de Brasil han supuesto un serio revés para el populista Jair Bolsonaro y para el socialista Lula da Silva.  Incluso, el feudo del presidente, Río de Janeiro, precisamente donde éste empezó su carrera política, le ha dado la espalda, mientras que Sao Paulo, donde Lula se forjó como líder sindical, ha hecho lo mismo con el otrora gran referente de la izquierda mundial.


Los vencedores de estas elecciones locales son, en la derecha, los partidos tradicionales brasileños que hace dos años fueron barridos por el populismo de Bolsonaro, mientras que, en la izquierda, una nueva formación el PSOL, el Partido Socialismo y Libertad, una escisión del PT de Lula, le ha arrebatado la iniciativa a este último.


Dos años de populismo en Brasil han supuesto la recuperación de la derecha tradicional y la aparición de una nueva izquierda. En cualquier caso, ni Bolsonaro, ni Lula, han logrado convalidar en los comicios municipales sus aspiraciones a volver a ocupar el Palacio de Planalto. Brasil ha cambiado.


viernes, 27 de noviembre de 2020

A la búlgara

El 91,5% de los votantes de Euskal Herria Bildu han refrendado la iniciativa de los dirigentes de la coalición de apoyar los futuros Presupuestos Generales del Estado, presentados por el gobierno Sánchez. Más allá del hecho de que una formación que pretende la independencia de España vote a favor de las cuentas de ese Estado que denosta y rechaza, y de que la mayoría de los análisis políticos se centren en el debate sobre la conveniencia moral de tal apoyo gubernamental, prefiero dedicar las siguientes líneas en examinar la capacidad de la izquierda abertzale para cohesionar a sus fieles. No en balde, más de nueve de cada diez militantes se ha decantado por respaldar tal iniciativa, que entre otras cosas supone avalar partidas económicas para la Casa Real o para las dotaciones de Policía y Guardia Civil desplegadas en Euskal Herria.


Tamaña competencia para soldar a sus fieles no es algo que se deba obviar, máxime si lo que se les ha pedido va en contra de la esencia de su proyecto político, como lo es respaldar el principal instrumento que tiene todo Estado para su construcción. La razón de ello debe buscarse en una historia de absoluta fidelidad a una vanguardia armada que durante décadas impuso una disciplina de hierro entre los suyos en aras de doblegar a ese mismo Estado al que ahora brindarán sus votos. 


Pero tal característica, que sonrojaría a más de una de las formaciones de la antigua Europa del Este, caracterizadas por una unanimidad etiquetada como congresos a la búlgara, es muestra de una temible fortaleza, capaz de respaldar el exterminio de los enemigos, como en el pasado, o de mudar la piel, como ahora. En cualquier caso, tal obediencia ciega debería ser objeto de preocupación para todos los que rechazamos las tiranías.



martes, 24 de noviembre de 2020

Se cayó del guindo

Parece que Estados Unidos va a salvar su democracia, después de que el populista Donald Trump la haya puesto a prueba con un ataque demoledor ejecutado premeditadamente desde la misma noche electoral. La orden para iniciar el proceso de traspaso de poder significa una cierta aceptación de la realidad por parte del todavía presidente, independientemente de que continúe su batalla en los tribunales y no sean aún descartables otras maniobras.


Sin embargo, la tensión que Trump ha sometido desde el pasado día 3 al sistema de recuento electoral ha socavado seriamente a la propia democracia estadounidense, la más antigua en vigor del mundo. Ese será el legado más recordado de un presidente que antepuso sus intereses personales a los de una nación de más de 325 millones de ciudadanos.


Pero, las consecuencias del ataque a la democracia estadounidense serán sin duda más profundas, acelerando el fin de la hegemonía de esa nación en el mundo y acabando con el denominado siglo americano, iniciado en 1919 sobre las ruinas de la Gran Guerra, cuando el entonces presidente Wilson impuso a la hasta entonces dominante Europa el nacionalismo para evitar el socialismo. Setenta años después, tal victoria se completó con la implosión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y con el fin del mundo bipolar, dando paso a  una sensación multipolar que, ni diez años más tarde, fue discutida por China, que acababa de recuperar Hong-Kong y reivindicaba su ascensión al mismo poder planetario ostentado por unos Estados Unidos, cuya autoridad ha sido socavada como nadie por Donald Trump.


Sí, el que anoche se cayó del guindo, después de precipitar la decadencia de su país.



viernes, 20 de noviembre de 2020

Hacérnoslo mirar

Ocho leyes educativas diferentes en cuarenta años dice muy poco de nuestro país, hasta el punto de que ese solo dato puede cuestionar nuestra pertenencia a un Estado de Derecho, la máxima categoría política no adquirida, desgraciadamente, por toda la Humanidad. 


Sin duda que tamaño fracaso tiene unos responsables directos: los políticos y su excesiva dependencia ideológica, el verdadero virus de la contemporaneidad. Pero no solo cabe achacarlo a la actual clase política. De hecho, es extensible desde 1980, cuando se aprobó la primera de esas leyes, la LOEC. Desde entonces, al albur de las diferentes mayorías existentes, han pasado ante nuestros ojos la LODE, la LOGSE, la LOPEG, la LOCE, la LOE, la LOMCE y, ahora, la LOMLOE. 


Todas ellas con aciertos y equivocaciones, como es lógico, pero tal sucesión evidencia el fracaso del consenso en una materia de Estado, probablemente la que más se ajusta a esa consideración, en la medida en que lo que tenemos en juego es la formación de las personas que dirigirán el futuro. Por eso, más allá de los políticos, la última responsabilidad es de todos nosotros, de una sociedad que haría bien en hacérselo mirar.


miércoles, 11 de noviembre de 2020

Alto Karabaj

Los combates en el Alto Karabaj han finalizado, al menos momentáneamente, con un alto el fuego que confirma la victoria de Azerbayán frente a Armenia, que ha visto reducido su dominio sobre este territorio. Mientras existió la URSS, el Alto Karabaj, entonces de mayoría cristiano-armenia, fue una zona autónoma en el interior de Azerbayán, un país túrquico-musulmán. La implosión de la potencia comunista dejó un reguero de conflictos territoriales, entre ellos el aquí mencionado, que ya vivió una primera guerra entre 1988 y 1994. Ni aquel conflicto, ni el actual, saciarán las reivindicaciones de unos y otros, marcadas por sendos nacionalismos, que solo traerán más pobreza y violencia.


El alto el fuego ahora decretado ha sido impuesto por Rusia, afirmando su papel hegemónico en los territorios asiáticos del antiguo Imperio soviético. Moscú ha logrado así minimizar las pérdidas territoriales de su protegida Armenia. 


Pero el gran triunfador del nuevo conflicto por el Alto Karabaj es Turquía, que a través de su peón, Azerbayán, ve aumentar su influencia en la zona. La política expansionista turca, practicada por Erdogan, logra así un nuevo éxito, expandiendo así sus tentáculos por el Asia Central, a la par que mantiene su intervención en el mundo árabe y en el Mediterráneo. Es lo que se llama neo-otomanismo, algo que los europeos deberíamos conceptuar antes de que sea demasiado tarde.