martes, 5 de enero de 2021

Erosión democrática

La advertencia de los diez exsecretarios de Defensa vivos es todo un síntoma de hasta que punto la democracia estadounidense se encuentra erosionada ante el empeño de Donald Trump por mantenerse en el poder.  El detalle de que los máximos responsables del Ejército en anteriores administraciones, ya fuera demócrata o republicana, insten a las fuerzas armadas a no intervenir tras haberse celebrado las elecciones y recontados los sufragios, nos indica la gravedad de la situación en la que vive la más antigua democracia del mundo.


Los que tenemos años no costaba pensar que algún día asistiríamos a la decadencia americana, pero desde ahora la ligaremos al cuestionamiento de la democracia, que han hecho un populista y millones de demagogos que le secundan. Se cierra toda una etapa histórica, abierta en 1776 cuando esa democracia iluminó el mundo.


sábado, 2 de enero de 2021

Resta, no suma

Por si podían quedar dudas, el resultado de las negociaciones de Gibraltar las despejan. El uso de los referenda como instrumento político de consulta democrática tiene el grave inconveniente, de que salvo que sus resultados sean abrumadores, sirven más para restar, que para sumar.


En 2016 el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte celebró un referéndum sobre la permanencia de dicho Estado en la Unión Europea, que se saldó con un poco más del 48% a favor y casi un 52% en contra, pero que una vez convocado, independientemente de que fuera de una manera bastante espuria, en la medida en que el entonces primer ministro, David Cameron pretendiera incrementar su poder en el seno de su partido político, se convirtió irremisiblemente en un plebiscito nacionalista, no ya británico, sino en concreto inglés. De hecho, en Escocia de una manera abrumadora y en la mayoría de los condados de Irlanda del Norte, el voto fue mayoritario por la permanencia en el seno europeo.


Desde entonces, hemos asistido a una serie de consecuencias de aquel referéndum, la última de ellas el espectáculo de miles de camiones varados en Dover, que a todos se nos ha quedado grabado en la retina. El acuerdo al que se ha visto obligado finalmente a aceptar Boris Johnson con Bruselas, de cara a mantener unos mínimos vínculos comerciales con la Unión Europea, se ha traducido, pese a que intentó una frustrada maniobra legislativa que algunos situaron en los terrenos de la piratería, en la ruptura del mercado interior británico, apartando a la isla de Gran Bretaña de Irlanda del Norte. 


Una aduana separa desde el 1 de enero el mar de Irlanda, aminorando la soberanía del Reino Unido, que ha visto así como se concretaba una de las más viejas reivindicaciones de otro nacionalismo, el irlandés, un viejo opositor que desde la creación hace casi un siglo del Estado Libre de Irlanda y tres décadas y medio de terrorismo del IRA, con tres mil muertos por ambas partes, fueron incapaz de lograr.


Si esto es el presente, el futuro se muestra para el Reino Unido con mayores nubarrones. Escocia, unida a Inglaterra desde hace tres siglos, experimenta un resurgir de su nacionalismo, incrementado desde aquel fatídico plebiscito, donde la mayoría de los escoceses, un 62%, votó a favor de permanecer en la Unión Europea. Estos días asistimos a una campaña de su primera ministra, con publicaciones en prensa, donde exige un nuevo referéndum sobre la independencia, después de que en 2014 fuera derrotada la opción separatista por el 55% de sus votantes. 


El pensador francés decimonónico Ernest Renan conceptualizó a la nación como aquella que se somete a un plebiscito cotidiano. Ese es el camino que pretende el nacionalismo escocés y otros muchos, convencidos de que a fuerza de ejercer la autodeterminación solo existe una dirección posible: la independencia. Difícilmente un Estado, aunque aún enormemente prestigioso como el Reino Unido, puede sustraerse a esta dinámica, que convierte a las naciones en sinónimos de estados y que desde hace un siglo impera en la Europa wilsoniana, nacida de las ruinas de la Primera Guerra Mundial y que se sometió a los dictámenes de lo nacional.


Por ello, Boris Johnson lo tiene difícil para mantenerse contrario a acceder a un nuevo referéndum independentista en Escocia, máxime después de que por otro plebiscito, el objeto de este artículo, el del Brexit, se haya evidenciado que los escoceses, a diferencia de los ingleses, hubieran preferido seguir perteneciendo a ese club de estados que es la Unión Europea.


Y como última muestra de negros presagios para el otrora imperio británico se yergue la Roca, uno de los vestigios supervivientes de aquel poderoso Estado que durante el siglo XVIII y XIX enseñoreó el mundo. El 95% por ciento de los gibraltareños votaron a favor de la permanencia en la Unión Europea en el referéndum del que nos ocupamos.


Ahora, un acuerdo in extremis entre el Reino Unido y España permitirá a los llanitos seguir gozando de una de las mayores ventajas europeas, la libre circulación garantizada en el convenio de Schengen. A cambio, Londres ha debido aceptar una de las más amargas consecuencias del catastrófico referéndum: en el interior de la Roca, en zona de soberanía británica reconocida por España en Utrecht, habrá policías europeos bajo mandato de Madrid. De tal manera, que un llanito podrá circular libremente por España y en consecuencia por toda la zona Schengen, pero un británico que viaje al Peñón deberá someterse a los trámites fronterizos. Cuando a mediados de año, se corrobore el acuerdo alcanzado, Gibraltar será más europea y menos británica, en un avance sustancial desde que en 1713, hace más de tres siglos, España cediera al Reino Unido la soberanía de la Roca.


Todo ello son las consecuencias del citado referéndum, que una vez más, como suele ser usual, salvo en dictaduras que garantizan amplios resultados, ha restado, en vez de sumar.

martes, 29 de diciembre de 2020

Motivos contra el indulto

Les voy a exponer mis razones contra el previsible indulto gubernamental a los presos del proces independentista:


  1. Estoy en contra del hecho de que en un Estado de Derecho del siglo XXI alguien tenga la capacidad de indultar un delito. Tal prerrogativa era propia en el Antiguo Régimen del rey y ya en el Estado liberal del gobierno, extremos que la propia evolución política debería haber liquidado, en aras de la independencia del poder judicial que determina qué es delito y que no es, lo que llevaría a la plenitud del Estado de Derecho.
  2. Según nuestra jurisprudencia, que en esta materia arranca de la ley de 1870, para que haya indulto debe haber arrepentimiento, circunstancia que ha quedado acreditada que los condenados no cumplen. Sus reiterados llamamientos a que lo volverían a hacer son suficientemente explícitos.
  3. Las bases políticas que sustenta el independentismo catalán ya han expresado su rechazo al indulto, al considerar que solo les contentaría una amnistía, expresamente negada en nuestro ordenamiento constitucional. Es decir, los réditos políticos que podrían derivarse del indulto quedarían muy limitados, al no ser este recibido satisfactoriamente por el independentismo.
  4. Ninguna otra consideración estratégica, como la aritmética parlamentaria que sustenta al gobierno, debería influir en el ánimo del gabinete democrático que nos gobierna y de su presidente, cuyas miras convendría elevarlas a las políticas de Estado y alejarlas de maniobras tácticas en torno al indulto.
  5. El único precedente histórico existente no anima a tal medida. El 6 de junio de 1935, el republicano Tribunal de Garantías Constitucionales, precedente de nuestro Constitucional, condenó a 30 años de cárcel  a Lluís Companys, presidente de la Generalitat, y a los miembros de su gobierno por rebelión. Sabido es que las últimas elecciones democráticas de la Segunda República dieron el triunfo al izquierdista Frente Popular, que se aprestó a indultar a los condenados el 21 de febrero de 1936. Menos de seis meses después, un golpe de Estado originó la más trágica guerra civil que hemos padecido y que ochenta años después, a tenor de lo visto, parece que aún no hemos superado.

lunes, 21 de diciembre de 2020

El continente, aislado

Con un goteo constante, la lista de países que han suprimido los vuelos procedentes del Reino Unido no hace más que crecer. El continente europeo se aísla así de Gran Bretaña por temor a la nueva cepa del coronavirus que, según las propias autoridades británicas, está fuera de control en el sur de Inglaterra, incluida Londres.


La crisis provocada por el coronavirus nos ofrece una metáfora precisa del brexit, aquel malhadado referéndum, y nos recuerda la mítica portada de la prensa británica que hacía referencia a un niebla persistente en el Canal de la Mancha, cuya obvia consecuencia era, a ojos de aquellos lectores, que el continente europeo se había quedado aislado.


De hecho, es difícil encontrar un ejemplo mejor de profecía autocumplida. Sí, hay que admitir que el nacionalismo inglés lo ha conseguido. Su programa de máximos se ve refrendado por la realidad. ¡Enhorabuena! 

jueves, 17 de diciembre de 2020

Cohesión europea

Ayer, el Parlamento Europeo aprobó por una abrumadora mayoría, 584 votos frente a 81, lo que podríamos calificar como el paso más significativo de la cohesión europea. La aprobación de los presupuestos más ambiciosos de su historia, que incluyen los fondos de recuperación por el Covid, suponen un punto de inflexión en la unión fiscal y económica de una serie de naciones que aprendieron que era más inteligente dejar de matarse y colaborar entre ellas.


Pasos como el de ayer permiten avanzar de un modo cualitativo en la formación de un demos europeo, un sujeto que, en el marco del Estado de Derecho, se afiance en ser la referencia mundial de prosperidad y democracia que en el último medio siglo ya ha iluminado al resto del planeta.


Obra de indudable mérito, que populares, liberales, socialistas y ecologistas corroboraron ayer votando unos presupuestos, que no fueron respaldados por los variados populismos de toda laya existentes.  Eso, también, conviene saberse y debe valorarse, como el lamentable hecho de que tal noticia apenas fuese aireada por nuestros provincianos medios de comunicación.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Mar de fondo

La suspensión de la cumbre bilateral con Marruecos, a petición de las autoridades del país vecino, y la crisis vivida las semanas pasadas en Canarias ante la llegada de miles de inmigrantes desde las costas controladas por Rabat, son solo las ondas superficiales de un mar de fondo que España parece no afrontar convenientemente, máxime después de un tuit del vicepresidente Iglesias favorable al referéndum saharaui y del hecho de que Pedro Sánchez haya sido el primer presidente de la democracia restaurada que no acudiese en su primer viaje oficial a Marruecos.


Nadie debería pensar que lo vivido en Canarias obedece a la imprevisión. Al contrario se trata de una eficaz presión del gobierno de Mohamed VI sobre España, que el gobierno Sánchez pretendió contrarrestar con la celebración de un encuentro de alto nivel en el que, como es usual en anteriores reuniones, aflojaríamos la billetera para garantizarnos durante un tiempo que nuestras conciencias no resonasen ante el clamor de la tragedia en el mar.


Porque de eso se trata, de un mar de fondo, que nos debería alertar, ante los movimientos sutiles del rey marroquí que ha logrado, in extremis, de la moribunda administración Trump, el reconocimiento de la soberanía saharaui de Marruecos, un territorio que conviene no olvidar era considerada por nuestras autoridades de hace medio siglo como una provincia más española. Un movimiento geoestratégico de imprecisas consecuencias, pero que puede afectar a la posición de la base militar norteamericana de Rota, cuya continuidad debe ser negociada precisamente en un año, sin contar con el rearme militar marroquí a expensas de los Estados Unidos. 


Mientras, nuestro gobierno nada en la superficie y tuitea mensajes demagógicos en vez de trabajar por soluciones a largo plazo en asuntos más trascendentales como la emigración en un mundo globalizado o el futuro de ese centenar de miles de personas que no hace tanto considerábamos españoles.


martes, 1 de diciembre de 2020

Brasil ha cambiado

Las elecciones municipales de Brasil han supuesto un serio revés para el populista Jair Bolsonaro y para el socialista Lula da Silva.  Incluso, el feudo del presidente, Río de Janeiro, precisamente donde éste empezó su carrera política, le ha dado la espalda, mientras que Sao Paulo, donde Lula se forjó como líder sindical, ha hecho lo mismo con el otrora gran referente de la izquierda mundial.


Los vencedores de estas elecciones locales son, en la derecha, los partidos tradicionales brasileños que hace dos años fueron barridos por el populismo de Bolsonaro, mientras que, en la izquierda, una nueva formación el PSOL, el Partido Socialismo y Libertad, una escisión del PT de Lula, le ha arrebatado la iniciativa a este último.


Dos años de populismo en Brasil han supuesto la recuperación de la derecha tradicional y la aparición de una nueva izquierda. En cualquier caso, ni Bolsonaro, ni Lula, han logrado convalidar en los comicios municipales sus aspiraciones a volver a ocupar el Palacio de Planalto. Brasil ha cambiado.