El espectáculo dado por todos con la variante ómicron merece ser analizado. Una vez más, como pasó en la segunda década del siglo XX con la gripe española, hemos criminalizado a un país como supuesto origen del nuevo foco infeccioso, en este caso a la República de Sudáfrica. Patético ha sido ver en estos días a muchos gobiernos prohibiendo la llegada de vuelos con origen en aquel país. Y a los medios de comunicación contribuyendo a la alarma.
Las evidencias científicas muestran que la variante ómicron estaba ya circulando por Europa antes de que fuera detectada en Sudáfrica gracias a que es uno de los pocos países africanos que cuentan con medios de ello. Una vez más hemos premiado a los que menos se lo merecían.
La miopía de no comprender que vivimos en un mundo globalizado es difícilmente entendible y es un ejemplo más de la estulticia humana. Solo el avance en la vacunación entre las poblaciones de los países más atrasados permitirá superar la crisis mundial producida por el covid.