domingo, 20 de marzo de 2022

Putin no es un demente

Es un planteamiento bastante infantil reducir a Vladimir Putin a un ser demente y la terrible guerra que ha desencadenado como la nefasta consecuencia de un perturbado mental. Lo digo porque abundan los análisis en tal sentido en los medios de comunicación, que solo pueden contribuir a la maraña de desconocimiento que nos inunda en tantos órdenes de nuestras vidas.


La mejor prueba de que se trata de un error lo pudimos ver el pasado viernes cuando Putin reunió a más de cien mil rusos que vibraron con la exaltación del nacionalismo ruso. Indudablemente, que el presidente ruso es un maestro de la manipulación, pero reducir a todos sus seguidores a meras comparsas o paniaguados no nos aclara mucho. Es preciso reconocer que los congregados en el estadio de fútbol moscovita son seres humanos que exteriorizaron unos sentimientos que pasan por imponerse a los de otros, concretamente a los del pueblo ucraniano. Otra cosa es que de tal aceptación se colige una penosa consideración del denominado Homo Sapiens.


Putin es un fiel representante del nacionalismo ruso que, como cualquier otro, exige que se pliegue a sus dictados el resto de la humanidad. En ese sentido, no hay mucha diferencia entre Putin y Hitler, quien fundamentó la destrucción europea en el espacio vital (lebensraum) de la gran Alemania.


Indudablemente que la desaparición de Putin, como hubiera pasado si Hitler hubiera sido neutralizado antes, supondría un alivio, pero no pasaría mucho tiempo antes de que un nuevo líder del nacionalismo ruso reiniciase unas políticas hostiles. El problema no es la persona, es la ideología nacionalista. Por eso es infantil considerar a Putin un nuevo Mefistófeles. 


Para conocer es bueno mirar hacia dentro de nosotros.


viernes, 18 de marzo de 2022

Represión en Cuba

El Tribunal Supremo de Cuba ha condenado con penas de hasta 30 años de cárcel a una treintena de personas que participaron en la protestas del pasado mes de julio contra el régimen comunista que se perpetua en la isla antillana desde hace 63 años. 


Esa mera noticia bastaría para que en todo el mundo civilizado se alzaran, de inmediato, infinitas voces de protesta contra la opresión que vive una sociedad, en la que muchos de sus habitantes no han conocido otra forma de vida que la plasmación de la utopía igualitaria que las autoridades cubanas dicen perseguir. Circunstancia que debería movernos a todos a reflexión, también en nuestras sociedades occidentales, donde el mito revolucionario sigue gozando de una excelente salud, mientras la represión de los disidentes en dicha Arcadia alcanza cotas aberrantes. 


miércoles, 16 de marzo de 2022

Inmadurez política

Si alguna virtualidad está teniendo la trágica Guerra de Ucrania es la de abrirnos los ojos ante la inmadurez política de la izquierda alternativa y de los socios del gobierno.  El grosor de sus anteojeras ideológicas es de tal calibre que parece que les impide ver la masacre que practica el ejército ruso por orden de Vladimir Putin. Su solidaridad con el agredido pueblo ucraniano se limita a recomendar diplomacia frente al matón.


Son incapaces de conceptuar que la tragedia de Ucrania se debe a la debilidad defensiva de una Europa que no le merece ningún respeto a un sátrapa que se sirve del nacionalismo ruso para justificar su opresión. Son tan ingenuos que no entienden que solo podremos hacer frente a dicho expansionismo construyendo unas fuerzas militares defensivas que nos garanticen la paz, la democracia y la libertad.


jueves, 10 de marzo de 2022

Borrell

Josep Borrell es un político incómodo. 


Lo es para los periodistas por el trato de superioridad intelectual que siempre muestra con sus entrevistadores, rayano en el desdén, fruto de la diferencia de preparación cultural que atesora.


Lo es para los ciudadanos porque se atreve a decirles que deben pasar frío y así lograr una menor dependencia energética de aquellos que pisotean los derechos humanos.


Los es para sus propios compañeros políticos, que ven en él a un personaje que pone en peligro su permanencia o alternancia en el poder, como quedó evidenciado hace 23 años cuando el PSOE prescindió de él como líder.


Sin duda que es un político incómodo, pero es un estadista, capaz de decirnos a la cara que vienen curvas y que hay que hacer frente a los sátrapas que quieren acabar con el orden democrático.


Pero, claro, por eso mismo, no ganará elecciones. 


Esa es la contradicción en la que vivimos.


jueves, 3 de marzo de 2022

El nacimiento de una nación

Uno de los efectos de la invasión rusa, que Putin parece no haber calibrado suficientemente, es no solo que ha dado alas al nacionalismo ucraniano, algo bastante previsible, sino que probablemente estemos asistiendo al nacimiento de la nación ucraniana.


Hasta ahora, Ucrania era un Estado plurinacional con una pronunciada diversidad identitaria que agrupaba fundamentalmente a dos comunidades, cada una de ellas con un idioma materno, el ucraniano, cuanto más al oeste nos situáramos en el país, y el ruso, cuanto más al este. Ello era fruto de las vicisitudes históricas entre las cuales cabe destacar la presencia de la comunista Unión Soviética durante más de siete décadas, y antes del Imperio zarista, durante siglos, con el ínterin de los nacionalistas ucranianos filo-nazistas de Stepán Bandera durante la Segunda Guerra Mundial. 


Tras el derrumbe de la URSS, surgió el estado independiente de Ucrania con una diversidad identitaria evidente, que ahora el émulo de Stalin y los zares está reduciendo a una sola: la ucraniana. Ello es debido a la reacción popular ante la invasión sufrida. Uno de los ejemplos, lo estamos viendo en Járkov, segunda ciudad del Estado ucraniano de cerca de millón y medio de habitantes, situada al este del país, cerca de la frontera con Rusia. Los intensos bombardeos a los que está sometiendo el ejército ruso a la ciudad están acabando con las diferencias entre una población que es mayoritariamente de habla rusa. 


La brutalidad rusa en Ucrania está, pues, creando una nación, a la que vemos surgir estos días respondiendo de una manera unitaria y haciendo de la defensa ante el  invasor el cemento constitutivo nacional. Todos, incluidos los ucranianos rusoparlantes, o, al menos, una inmensa mayoría de ellos, salvo en las zonas ocupadas por Rusia desde hace ocho años, como el Donbás y Crimea.  Asistimos, pues, a lo que la historiografía denomina un proceso de etnogénesis, que permite alumbrar una nación. No muy diferente fue el nacimiento de la nación española, hace dos siglos, luchando contra el invasor francés.


El garrafal fallo de Vladimir Putin, cuyos desconocimientos históricos no deben ser paliados por consejeros en los que prima el servilismo, va a otorgar a Ucrania el marchamo de una nación, concepto que se niega a admitir. Otra cosa es que la ofensiva rusa acabe por la fuerza con el Estado ucraniano o lo convierta en un Estado vasallo. Pero, después de lo que estamos viendo, con una población unida, defendiéndose como David ante Goliat, podemos certificar que ha nacido una nación. Gracias a Putin.

sábado, 26 de febrero de 2022

Baño de realismo

Si alguna ventaja tiene la invasión rusa de Ucrania es el baño de realismo que nos ha dado a los europeos. Comprobar el sufrimiento de muchos ucranianos ante la ofensiva ordenada por Vladimir Putin debería movernos a la reflexión, más allá de desbordar nuestras emociones. Sin duda que lo que vemos a través de la televisión refleja la lucha desigual y nuestros sentimientos solidarios instintivamente siempre apoyarán a David frente a Goliat, pero debemos hacer un esfuerzo intelectual de por qué hemos llegado a esto. 


La desgracia de Ucrania reside en la apetencia imperialista de una Rusia agraviada en 1991 con la desmembración de la extinta URSS, pero también tiene mucho que ver con la incapacidad de una Unión Europea capaz de ser un actor respetado en el mundo multipolar de hoy en día. La UE carece de ejército y lleva viviendo en materia de seguridad de Estados Unidos desde 1945 y de su brazo armado, la OTAN, a la que pertenecen los países de la UE, pero cuya aportación no es cuantitativamente decisiva para que Washington los tenga muy en cuenta sobre objetivos alejados del continente americano. Es más, no podemos pedir a Estados Unidos que se distraiga frente a su verdadero rival: China. Washington lleva más de una década centrando su atención en el Pacífico y eso es lo razonable que debe hacer.


La exquisita Europa, herbívora para más señas, no puede seguir instalada en el confort de atender exclusivamente sus demandas sociales, lease sanidad y educación, sin destinar parte de sus recursos a la formación de un ejército común que esté a la altura de infundir respeto  a otras potencias regionales; es decir, fundamentalmente a Rusia. La prevención de las guerras se construye con la disuasión, no con inocentes eslóganes y menos metiendo la cabeza en la tierra. 


Para ello necesitamos políticos que lejos del cortoplacismo electoral, sean capaces de decir a sus sociedades que deben hacer esfuerzos para fortalecerse, además de dotarse de una autonomía energética, capaz de asegurar los suministros necesarios que impidan el futuro inmediato de desabastecimiento que tanto afectará a los más desfavorecidos económicamente hablando. Y también deberíamos ser capaces de hacer entender esto a todos aquellos que desde la izquierda y la derecha no quieren ver que a lo que estamos asistiendo es a la primera batalla entre la democracia liberal y el totalitarismo, porque Putin dispone de muchos y variados caballos de Troya en todos los países de la UE.


Solo así, Ucrania será una derrota que no se extenderá a otros países que tienen la desgracia de ser cercanos a las apetencias hegemónicas rusas. Lo digo para no perder la guerra que ya está en marcha y que se extenderá a lo largo de muchos años.

domingo, 20 de febrero de 2022

Los cachorros que echaron dientes

La crisis que vive el Partido Popular amenaza con colocar a esa formación en el camino de su desaparición, lo que tendría unas consecuencia muy negativas para España en la medida que eso supondría un escenario de enfrentamiento político inédito desde que hace cuatro décadas recobramos la democracia. Tal hecho dejaría el panorama al albur de Vox y de una izquierda compleja, con un PSOE predominante, pero no único, que se ha visto demasiado condicionado por sus socios en su labor gubernamental. Es decir, una situación que presenta concomitancias con lo sucedido al final de la Segunda República y con las fatales consecuencias que ello conllevó. Eso no quiere decir, que la historia ha de volver a repetirse. Afortunadamente, hoy no estamos en la misma tesitura, sobre todo porque el nivel de vida es muy superior, también la cultura, si eso es aún una garantía, y formamos parte de una entidad superior, llamada Unión Europea, sobre la que nunca valoraremos en toda su medida la suerte de pertenecer a ella.


Pero el problema es grave y cuanto antes debemos labrar para recuperar posiciones moderadas que alivien y no incrementen los peligrosos radicalismos tan perniciosos en nuestra historia. Eso es precisamente lo que no han hecho los protagonistas de la crisis del PP, una Isabel Díaz Ayuso y un Pablo Casado que fueron viejos amigos en la época en que se forjaron en Nuevas Generaciones y sellaron sus esperanzas de asalto al poder, ante lo que no son capaces de respetar ni las más elementales formas de decoro político. Han echado dientes, más retorcidos ella que él, y no paran de darse dentelladas cainitas, poniendo en peligro no solo su partido, sino el Estado de todos. El PP debe pasar página del liderazgo de un Casado zigzagueante, capaz de lanzar acusaciones contra la presidenta de la Comunidad de Madrid y a las pocas horas recular, y también de una dirigente regional con un liderazgo iluminado que confía en que las acusaciones de nepotismo corrupto no se salden con una pérdida significativa de apoyo popular, convencida de la volubilidad de prioridades de los electores, capaces de taparse las narices ante el olor de la corrupción si se les presenta un enemigo atractivo, justo el perfil que Pedro Sánchez ha cultivado.


Si queremos evitar el duelo entre este y Santiago Abascal en las próximas elecciones generales, el PP debe proceder a cambiar de dirigentes, siendo conscientes de que la torpeza de Casado, facilitando una investigación de la Fiscalía General del Estado sobre corruptelas en el partido, supondrá un lento goteo de pérdidas de apoyos para el partido, en beneficio de Vox. Oscuro panorama, aun en el mejor de los casos, extremo que pasaría por la llegada a la Presidencia del PP de un líder moderado que al menos sea capaz de enderezar a un partido, cuyas bases elección tras elección cada vez más se dejan llevar por el canto de una sirena, que no olvidemos, como la mitología nos enseña, es en realidad un dragón, capaz de retrotraernos a nuestras peores pesadillas.