miércoles, 13 de julio de 2022

Albania, la nueva utopía

Un viaje por Albania presenta muchos perfiles, la mayoría de ellos imbricados en la historia de un país, atormentado como otros muchos con pasados distópicos, pero cuya nueva generación aspira como pocas al progreso, llamando a las puertas de una Europa que no debería hacer oídos sordos a tal demanda. Albania, un conjunto de valles balcánicos, cuya ocupación territorial ha sido siempre controvertida y especialmente violenta, es un crisol de culturas ante las que los jóvenes albaneses han optado por lo más inteligente: dejarse inundar por todas ellas y no propiciar un interesado juego selectivo de memorias. Por ello, el que vaya a Albania debe abandonar sus anteojeras ideológicas, si quiere extraer lo mejor de su experiencia viajera.


El viaje, conceptualizado sin fin como el de Ítaca, debe comenzar en Tirana, la capital, y en concreto en la plaza Skanderberg, antaño escenario de las manifestaciones de masas del último Estado comunista que tuvo Europa. Allí, frente al Palacio de la Ópera, metáfora como pocas del poder popular, el régimen de Enver Hoxha reunía a sus fieles en sus habituales demostraciones de poder, presididas por la estatua del caudillo nacionalista que se levantó contra el poder turco, y por la mezquita de Ethem Bey, con unos maravillosos frescos en los que irrumpe lo figurativo, algo extremadamente inhabitual en la decoración musulmana. De hecho, la construcción religiosa, de finales del XVIII y principios del XIX, estuvo cerrada al culto islámico en el régimen comunista y la invasión de miles de manifestantes en 1991 que reclamaban su derecho a la fe religiosa supuso un jalón decisivo en la revuelta popular que acabó con él.


Tirana es hoy una ciudad moderna, deseosa de vivir, con múltiples establecimientos hosteleros y de recreo, donde la gastronomía local compite con la de influencia italiana, presente a nivel cultural hasta extremos insospechados y ante la que la nueva generación albanesa se muestra receptiva y nada desdeñosa de una época, cuando el fascismo italiano aspiró en 1939 a aposentarse en estas tierras ilirias. La localidad norteña de Scutari, Shkodra en albanés, es una muestra de ello. Desde las alturas del castillo de Rozafa, de origen veneciano, se puede observar el inmenso lago homónimo y en la lontananza Montenegro, como otra promesa de los viajes sin fin.


Tirana es la gran ciudad del valle central albanés, jalonado por numerosos polígonos industriales que muestran el crecimiento económico de un país que se siente con derecho a formar parte del club más desarrollado y democrático del mundo: la Unión Europea. Y dominando ese valle, en un picacho, el nido del águila, la localidad de Kruja, donde en el siglo XV, Skanderberg protagonizó la rebelión contra el Imperio otomano que se extendía por todos los Balcanes, poniendo fin a otro imperio, el bizantino, que hundía sus raíces en la eterna Roma, en un nuevo episodio del enfrentamiento entre Occidente y Oriente, que marcaron estas tierras. Allí, en la torre atalaya, que aún permanece en pie, Skanderberg resistió el avance turco hasta su muerte, en una gesta inútil que no impidió convertir todo el país en parte de la Sublime Puerta y a los albaneses, especialmente a sus élites convertidas al Islam, en los abanderados de la administración otomana en su extendido imperio. El mismo personaje de Skanderberg, convertido en épico por el nacionalismo albanés, tanto el de raíz fascista como el de inspiración comunista, formaba parte de esas élites sensibles a los nuevos tiempos que trajeron los turcos, gracias a los cuales consiguieron implantarse en Europa, y que aún se puede constatar por las calles de Albania.


La Riviera albanesa, volcada hacia Occidente, es una muestra más de la diversidad de este país, que aspira a convertirla en un referente del turismo mediterráneo. Localidades como Durres, al norte, o Saranda, al sur, ofrecen a los viajantes unas estancias estivales similares a las que existían en las costas españolas no hace muchas décadas, donde aún era posible conciliar el descanso con lo lúdico, siendo un espectáculo sus paseos marítimos, cuando a media tarde se pueblan de andares infinitos. Junto a ello, la oferta cultural revela la grandeza de estas tierras. En Durres, su mejor ejemplo es el anfiteatro del emperador romano Adriano, cuando  todo el mediterráneo era gobernado por unos dirigentes que se reivindicaban como filósofos. Cerca de Apollonia, otra ciudad en origen griega, se encuentra el monasterio de Ardenica, cuya capilla de Santa María deslumbra los ojos incrédulos del visitante. La religión cristiana, en sus versiones católicas y ortodoxa, se mantiene presente en la actual Albania, junto al Islam y a una parte considerable de población atea, como legado del régimen comunista. Cerca de Saranda, se yergue en una península Butrinto, donde los pasados griego, romano y veneciano compiten en el espacio del suelo, pudiendo superponerse un anfiteatro a un templo de Esculapio, o un baptisterio, cuando el cristianismo, aún primitivo, daba tanta importancia al lugar donde se recibía a sus nuevos adeptos como a las propias iglesias. Frente a Butrinto, tan cerca para la vista que casi pueden vislumbrarse los quehaceres de sus habitantes, la isla griega de Corfú. De hecho, en el sur albanés está presente una significativa minoría griega, en un nuevo ejemplo de que los nuevos estados-nación que sustituyeron a los imperios han seguido presentando problemas de integración identitaria poblacional, hechos que los nacionalismos explotan a conciencia con ribetes violentos que la adscripción a la Unión Europea desactivaría de un modo efectivo. Afortunadamente, la nueva Albania respeta el idioma griego, al menos en todos los carteles de las carreteras del sur del país.


También en aquellas del colindante valle del río Drino, llamado Fitóki en Grecia, cuya cabecera es Gjirocastra, la antigua Argiropolis bizantina. Gjirokastër disfruta de la consideración de Patrimonio de la Humanidad, desde la época de poder de uno de sus vecinos más conocidos, Enver Hoxha. El otro es el escritor Ismail Kadare, cuya casa museo puede visitarse, siempre que sus albaceas se muestren propicios.  Kadaré es el gran escritor en lengua albanesa, no del todo reconocido por sus compatriotas, que se exilió a París una vez muerto Hoxha, antes de que el régimen comunista desapareciera. Sus novelas, como Abril quebrado o El general del ejército muerto forman parte del acervo cultural de todos los europeos, también de aquellos que no lo han leído. Gjirokastër es la ciudad de los techos de pizarra, un promontorio elevado sobre el valle dominado por una magnífica fortaleza y con un casco histórico donde la presencia otomana dejó una huella indeleble. 


Similar es Berat, en el valle contiguo, también declarada Patrimonio de la Humanidad, con sus barrios diferenciados por religiones y el río Osum. Y de regreso a Tirana, el valle del río Shkumbin, de mayoría musulmana regada por innumerables vides con una producción destacada de vinos, rompiendo una vez más tópicos. Pero, sin embargo, lo más sorprendente a nuestros velados ojos es la profusión de monumentos del régimen comunista que la actual Albania preserva. La razón de ello, es que están enraizados en la lucha partisana de la Segunda Guerra Mundial. En esa ocasión, cuando el comunismo aún era una utopía, los albaneses supieron estar en el lado correcto de la historia, a diferencia de otros pueblos, como los españoles. Y los albaneses, lo llevan a gala, haciendo más cómodo su pasado. Un pasado al que no renuncian y que si tu, viajero, te desprendes de prejuicios, buscando Itaca, puedes llegar a conocer. También la nueva utopía a la que aspiran sus habitantes: el futuro europeo sin renunciar a ninguna de las herencias de su pasado.










domingo, 19 de junio de 2022

Regreso al bipartidismo

Las elecciones celebradas en Andalucía han mostrado el triunfo incontestable del PP y sobre todo de su candidato Juan Manuel Moreno Bonilla, que ha sido capaz de poner freno a Vox, interrumpiendo la progresión de la ultraderecha y su acceso a las instituciones del Estado, como había mostrado la pésima estrategia de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León.  El PP de Feijóo debería extraer de ello como consecuencia reforzar el perfil centrista de su formación, al igual que ha hecho su candidato a reeditar como presidente de la Junta de Andalucía. 


El segundo dato a tener muy en cuenta ha sido que el PSOE resiste, pese a perder tres escaños y cosechar el peor resultado de su historia en Andalucía. En ese retroceso, ha pesado el hecho de acudir a unas elecciones con un candidato nuevo, Juan Espadas, pero también evidencia el desgaste del Gobierno Sánchez en el conjunto de la nación, cada vez más percibido como un gabinete demasiado escorado a la izquierda y preso de unos socios en el gobierno y en el Parlamento profundamente ideologizados.


La terrible crisis económica de 2008 se tradujo en la crisis del bipartidismo, apareciendo una pléyade de formaciones que hoy los andaluces han arrinconado. No solo Ciudadanos, sino también la izquierda desunida ha visto retroceder su peso electoral. 


El triunfo del bipartidismo en Andalucía muestra un cambio a un año y medio de unas elecciones generales en las que, quien consiga atraer al voto centrista, tendrá muchas posibilidades de ser el inquilino del palacio de la Moncloa. Pedro Sánchez, mejor estratega que estadista, tiene por delante una ardua tarea para reconducir su gobierno y presentarse como un adalid del regreso al bipartidismo, precisamente por las ataduras que ha mostrado en la presente legislatura.


viernes, 3 de junio de 2022

Las terribles anteojeras de Podemos

Pocas cosas evidencian más una visión irreal de un problema como el de Podemos con la Guerra de Ucrania, demostrando que sus anteojeras ideológicas impiden a esa formación política analizar de un modo certero lo que ocurre.


Podemos sigue preso de una concepción ideológica propia de la Guerra Fría, con un esquema mental binario y muy simplista, maniqueo podríamos decir, que identifica a Estados Unidos y a su estructura militar, la OTAN, con el mal. De tal manera, que Rusia sería una víctima del imperialismo yanqui, lo que permitiría justificar la invasión del territorio ucraniano y las masacres que está provocando. La vida de miles de ucranianos y la pobreza consiguiente de los supervivientes no suponen ninguna evidencia para que Podemos rediseñe su análisis de la realidad.


Tampoco para apoyar una reunión clave de la OTAN en España, en la que los socios de esa organización avanzarán en la defensa común ante el imperialismo ruso. Asimismo, para comprender que desgraciadamente tendremos que aumentar el gasto de Defensa, en vez de poner el énfasis en no recortar el de Educación y Sanidad. 


Tampoco en asumir que los daneses han decidido que se suman a la política de defensa europea, que hoy por hoy, implica una mayor participación de los países de la UE en la OTAN. Asimismo, que finlandeses y suecos deseen integrarse en dicha organización militar.


En fin la realidad, que las anteojeras de Podemos les impide ver, lo cual ya de por sí es un grave problema, máxime si tenemos en cuenta que forma parte del gobierno de todos.


lunes, 23 de mayo de 2022

Esperanza

Dos elecciones democráticas celebradas en los últimos días en dos zonas del planeta muy diferentes arrojan una luz esperanzadora de que el ser humano contemporáneo sea capaz de dejar atrás la opresión identitaria. 


Tanto en Irlanda del Norte como en Líbano, lugares trágicamente convulsionados como pocos por los nacionalismos, los resultados electorales han supuesto el triunfo por primera vez del Sinn Fein, el antiguo brazo político del IRA, y la repetición de la victoria de Hezbolá, el partido  de Dios que a la vez es una poderosa milicia armada que en algunos aspectos supera al propio ejército estatal. Si lo primero indica un avance de apoyos del nacionalismo católico republicano, en el segundo caso se trata de una cierta erosión popular de la poderosa organización chií musulmana. Pero, en ambos casos, donde la religión aún insufla no poca energía a las identidades nacionales, lo relevante es que han crecido las fuerzas que piden dejar atrás el nacionalismo y centrarse en las cuestiones que afectan a los ciudadanos.


Si Irlanda del Norte lleva desde su constitución en 1921, hace ya más de un siglo, inmersa en su problemática binacional: británica e irlandesa, Líbano sufre lo mismo desde 1943, cuando logró romper amarras con Francia, cuyas autoridades diseñaron un marco constitucional trinacional: los chiíes, los igualmente musulmanes suníes y los cristianos. Desde esas respectivas fechas, la violencia ha marcado ambos lugares, contribuyendo a expandir la pobreza entre sus habitantes.


En Líbano, un 59% por ciento de la población se ha abstenido en los comicios del pasado domingo, evidenciando un hartazgo sobre las sectarias fuerzas políticas que pretenden perpetuar las diferencias identitarias, a la vez que diversos representantes de la revuelta de 2019 han logrado sacar escaños en el parlamento con planteamientos de defensa del Estado, no de una particular nacionalidad político-religiosa. En Irlanda del Norte, el Partido de la Alianza, que pretende obviar la dicotomía católica/protestante, ha logrado alcanzar en los comicios del 5 de mayo el 13% de los votos, convirtiéndose en la tercera fuerza política en el parlamento.


Son todavía resultados modestos en uno y otro lugar, pero son esperanzadores de que algún día podamos dejar atrás los nacionalismos, en aras del progreso del ser humano.

martes, 10 de mayo de 2022

Las chapuzas de la nueva izquierda

El espectáculo que está ofreciendo la nueva izquierda con la candidatura de coalición en Andalucía solo puede redundar en el descrédito que acumula desde su espectacular irrupción en las elecciones europeas de 2014 y generales de 2015. Desde entonces, ha ido progresivamente perdiendo confianza popular tras cada convocatoria electoral. Lo de ahora de Andalucía es, por tanto, un jalón más en ese camino hacia la nada.


Y no puede ser de otro modo, porque lo sucedido en Andalucía a la hora de presentar su candidatura solo puede calificarse como chapuza, ante lo cual lo electores andaluces pueden ver una premonición de cómo actuarían alcanzando cargos de responsabilidad.


No solo fueron incapaces de cumplir la legalidad llegando a tiempo para presentar la candidatura, enredados en sus eternas disputas, sino que el acuerdo alcanzado entre Podemos, Más País e Izquierda Unida se limita a un mero reparto de cargos, tareas y funciones, sin líneas programáticas ni ideológicas. En suma, un mero reparto de futuras prebendas. A eso han quedado reducidos los nuevos tiempos, la bocanada de aire fresco que supuso la irrupción del 11-M. Nunca tanto capital político fue derrochado tan rápido. De chapuza en chapuza.


domingo, 8 de mayo de 2022

Consecuencia del Brexit

La victoria del Sinn Fein en las elecciones de Irlanda del Norte es la última consecuencia del Brexit, en concreto de aquel referéndum en el que triunfó el nacionalismo inglés.


Afortunadamente, en los últimos tiempos estamos asistiendo a la rebaja de la idolatrada consideración de los referenda como instrumento de resolución democrático. Máxime si se utiliza en estrategias de superación de conflictos en los que los apoyos son cuantitativamente similares y en donde compiten nacionalismos de signo contrario.  


El referéndum de 2016 supuso la exaltación del nacionalismo inglés, creando lógicamente negros presagios sobre el futuro del Reino Unido, especialmente en lo referido a Escocia, donde una mayoría de sus habitantes era partidaria de la permanencia en la Unión Europea, y en Irlanda del Norte, donde los republicanos vieron con temor la vuelta de las fronteras en la isla.


Desde entonces, se incrementaron los recelos entre las comunidades protestante y católica del Ulster. Mientras, que los partidos republicanos han centrado su actividad en asegurar que Irlanda del Norte siguiera en el mercado común europeo, los unionistas han priorizado sus ataques contra el acuerdo entre la UE y Londres que establece los controles aduaneros en el mar que separa la isla de Irlanda de la Gran Bretaña. 


El Sinn Fein ha rentabilizado su apoyo a que los irlandeses del norte sigan disfrutando de las ventajas de permanecer en Europa, a la par que hibernaba sus aspiraciones de acabar con la soberanía británica sobre el Ulster. Es decir, moderando su nacionalismo irlandés y priorizando el discurso en los intereses materiales de los habitantes del Ulster. Todo lo contrario que han hecho los partidos unionistas, presos de la exaltación nacionalista que desató aquel referéndum, malhadado para el Reino Unido.


miércoles, 4 de mayo de 2022

Pegasus y la democracia

La denuncia del propio Gobierno Sánchez de haber sido espiado a través del programa Pegasus ha abierto una nueva dimensión al caso, más allá de que se planteen interrogantes preocupantes sobre la seguridad del propio Estado.


Relacionado con ello, está la evidencia de que nuestras altas instituciones han sido espiadas por países extranjeros, apareciendo en la prensa en estos días una serie de candidatos, entre los que destaca Marruecos por los contenciosos que separan a ambos Estados, lo que de poder confirmarse no debería sorprendernos mucho.


Otra dimensión es que esos extremos han restado singularidad a las sospechas de espionaje sobre el independentismo catalán, bien porque este pueda ser imputado a gobiernos extranjeros o porque tales prácticas estarían bajo autorización judicial. Sin embargo, los partidos independentistas no parecen dispuestos a rebajar el victimismo del que han hecho gala en las últimas semanas. Ahí, tienen las declaraciones de Rufián, señalando que el caso pone en peligro la democracia. Sin embargo, lo dicho por el portavoz parlamentario de ERC tiene al menos la virtualidad de reconocer que España es una democracia. Lo que no es poco.