viernes, 29 de septiembre de 2023

La metáfora del desprecio

Lo vivido en la frustrada sesión de investidura de Alberto Núñez Feijóo permite varios análisis. El primero, sin duda, incide en sí era realmente necesario el intento del líder del PP para lograr la Presidencia del Gobierno, barruntando que no iba a lograr los suficientes apoyos parlamentarios. Sin embargo, Feijóo podrá alegar que en las dos jornadas de su fracasada investidura ha podido visualizar su derecho a intentarlo, al dirigir la fuerza más votada en las pasadas elecciones y, sobre todo, que ha podido situarse como la clara alternativa a Pedro Sánchez en el escenario propio de la democracia; es decir, en el Parlamento. Ello no quita, que pueda ser acusado de haber pergeñado todo ello para consolidar su posición interna en el seno del PP; es decir, en una utilización espuria de la institución democrática por antonomasia, en el Congreso de los Diputados.


Sin embargo, intuyo más relevante otro hecho de cara al futuro, que aunque incida en la última consideración mencionada, no justifica la ausencia de Sánchez en la réplica a Feijóo. Más allá de la alegación de querer poner ante el espejo al candidato del PP, eligiendo el PSOE como reemplazo a otro ganador, en este caso de las elecciones municipales, que no ha podido formar gobierno en su ciudad, Valladolid, la ausencia de Sánchez va más allá de una falta de cortesía parlamentaria. Es sin duda la metáfora de lo que ha estado haciendo en los últimos cuatro años: gobernar dando la espalda a una parte relevante de los electores. Con su ausencia, no ha podido formular Pedro Sánchez mejor el desprecio a once millones de ciudadanos, lo cual es un mal augurio para los próximos cuatro años.

lunes, 11 de septiembre de 2023

Pedro Sánchez y el `régimen del 78´

Los primeros que denominaron al período democrático iniciado a finales de los años setenta como régimen del 78 fueron los intelectuales surgidos de la protesta del 15-M, un movimiento que cuando irrumpió en 2011 sacudió a nuestra sociedad, aunque el paso del tiempo ha sido más que amargo, pese a contar con logros, fundamentalmente en el área social y feminista. Desde un primer momento, aquellos jóvenes, algunos profesores universitarios, no ocultaron que su intención era acabar con el régimen del 78. Durante este tiempo, han llegado a compartir el poder precisamente con uno de los principales artífices del régimen del 78, el PSOE, aunque no lograron alcanzar el sueño de asaltar los cielos. Pero, indudablemente, han dejado su huella, la de una nueva generación poco generosa con aquella otra que logró la transición política desde el franquismo a la democracia.


No han sido los únicos que han socavado y pretenden todavía acabar con el régimen del 78. Mucho antes de ello, el principal enemigo con el que tuvo que lidiar dicho proceso democratizador fue el terrorismo etarra, que no admitía diferencias entre el franquismo y el posterior régimen. Un millar de personas perdieron su vida en la dialéctica ocasionada por el uso de las armas. Para su derrota, fue esencial el apoyo conjunto de los partidos que apostaron por la transición democrática: el PSOE, el PP y un PNV, que todavía es la fuerza mayoritaria entre los vascos. Hoy en día, los sucesores ideológicos de aquellos violentos, Euskal Herria Bildu, con apoyos crecientes entre la sociedad vasca, se proponen lo mismo, el fin del régimen del 78, aunque ahora desde las vías democráticas y sin violencia armada. Sus planteamientos no solo son sociales, sino que en ellos ocupa un lugar relevante lo identitario.


Esto último, lo comparte el tercer enemigo del régimen del 78. Hablo ahora del secesionismo vivido entre una significativa parte de la población catalana desde que se inició el denominado procés, en 2012, y que pretende estructurar un proceso político que construya la independencia de Cataluña. Para ello, sus dirigentes no dudaron en incurrir en la ilegalidad en la medida en que el fin ansiado justificaba los medios utilizados, incluida la proclamación en octubre de 2017 de la República catalana. Ante ello, el entonces gobierno del PP, apoyado por el PSOE, aplicó el artículo 155 de la Constitución del régimen del 78, mediante el cual el Estado se dotó de un mecanismo coactivo contra dicha proclamación. 


Desde entonces, el nuevo gobierno del PSOE, ya con Pedro Sánchez como presidente del mismo, y en coalición con la formación surgida del 15-M, adoptó una política de apaciguamiento, consistente fundamentalmente en la concesión de indultos, que benefició a parte de las condenas de los dirigentes secesionistas, pero no a las bases que secundaron dicho pronunciamiento. Tal política se vio notablemente respaldada en Cataluña en las últimas elecciones generales, celebradas el pasado 23 de julio, logrando el PSOE 19 escaños en esa comunidad autónoma de los 48 posibles. Sin embargo, en toda España, el PP fue el partido más votado, aunque es el PSOE quien tiene opciones de prolongar su mandato, manteniendo la coalición con la nueva formación heredera del 15-M y con el apoyo del secesionismo catalán.


Ahora, Pedro Sánchez abundará en esa política, aceptando una ley de amnistía para todos los condenados y procesados en el intento secesionista. Arguyen sus defensores que es la medida necesaria para superar definitivamente la fractura ocasionada por el procés, además de ser la moneda de cambio necesaria para la continuidad de un gobierno progresista. Más allá de que tal política pueda esconder un interés en la permanencia en el poder, indudablemente se trata de uno de los mayores ataques que sufrirá el régimen del 78, ya que ninguna otra norma dictada podría erosionarlo más, porque, independientemente de que sea constitucional o no, supone una deslegitimización de la democracia nacida en 1978, tal y como diversos representantes de aquella generación que la hizo posible, políticos e intelectuales, nos advierten en los últimos días. Esa es la enorme responsabilidad a la que se enfrenta Pedro Sánchez. Pero, no solo él. También, uno de los partidos que, al menos hasta ahora, había sido siempre un pilar del régimen del 78: el PSOE.


jueves, 3 de agosto de 2023

Navarra o el reto del PNV

La gobernabilidad de Navarra, donde el partido derechista UPN logró una vez más ser la formación más votada en las elecciones autonómicas del 28-M, debería llevar al PNV a replantearse su estrategia a medio plazo, ya que la apresurada negativa del partido jeltzale a la investidura de Feijóo hace ya inviable un cambio más temprano. 


En la decisión del PNV influyó sin duda el hecho de que el próximo año habrá elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca, donde Bildu le pisa los talones. El miedo al sorpasso en el campo nacionalista obliga al partido presidido por Ortuzar a seguir la máxima ignaciana de no hacer mudanza en tiempos de desolación y mantener su estrategia de apoyo al PSOE de Pedro Sánchez. Pero con ello, el PNV prioriza al País Vasco y desatiende a Navarra, contradiciendo el sueño nacionalista de una Euskadi en la que la comunidad foral ocupa un lugar tanto o más relevante.


Los resultados del 28-M dieron a UPN 15 escaños en las Cortes navarras frente a 11 de los socialistas. La candidata de estos últimos, presidenta en funciones del gobierno navarro, María Chivite, podía revalidar su cargo apoyándose en los 3 diputados de Contigo Zurekin, donde se agrupa el complejo universo de Podemos, Izquierda Unida y otras agrupaciones locales, y sobre todo en los 7 de Geroa Bai, la marca electoral del PNV en el viejo reino, siempre que EH Bildu se abstuviera. 


Sin embargo, Geroa Bai y el Partido Socialista de Navarra no llegan a un acuerdo respecto al reparto de consejerías lo que hace peligrar el acuerdo de investidura, a diferencia de en el País Vasco donde PNV y Partido Socialista de Euskadi se reparten el gobierno y numerosas instituciones provinciales y municipales, con una estrategia exitosa desde hace siete años y que a su vez, salvo gobiernos monocolores, ha sido la tradicional desde la grave escisión vivida entre los jeltzales en 1986. Una escisión que llevó a la creación de Eusko Alkartasuna y a la ruina del PNV en Navarra, y posteriormente a la confluencia de las huestes de Carlos Garaikoetxea en EH Bildu.


Ante la posibilidad de que el 28 de agosto no haya acuerdo entre socialistas y jelkides en Navarra, EH Bildu se ha apresurado a ofrecer su apoyo a María Chivite, encubierto en una consulta a sus bases, procedimiento tan caro y tan manipulable de aquellas formaciones que se les llenan la boca con los referendos.


Navarra puede así marcar la pauta de toda Euskadi, en terminología nacionalista, reorientando estrategias y convirtiendo a socialistas y herederos de Herri Batasuna en compañeros de viaje, priorizando el eje izquierdista, frente a dos desorientadas derechas: el PNV y el PP. Pese a la desolación ignaciana, la mudanza puede estar más cerca de lo pensado en aquellos que todavía priorizan el eje nacionalista.

lunes, 24 de julio de 2023

Razones para decir adiós a Frankenstein y Nosferatu

Las elecciones generales que acabamos de vivir dejan un escenario complicado de cara a la gobernabilidad, pero también presenta perfiles atractivos. El más relevante de ellas es la potenciación de la tendencia hacia el bipartidismo observada en los últimos comicios celebrados y la consiguiente merma en apoyos de las formaciones nacidas tras el 15M que han radicalizado en la última década nuestra política. El voto conjunto del PP y PSOE se sitúa rozando los 15 millones de electores, casi el 65% de los que votaron el domingo. El voto al PP supera el conseguido en todas las elecciones generales desde 2015. El del PSOE, desde las de 2011. Es decir, ambos partidos van recuperando los excelentes resultados que cosecharon en la primera década de 2000, marcada por la estabilidad y la alternancia entre Aznar y Rodríguez Zapatero, cuando aún no habían irrumpido las nuevas formaciones nacidas al calor de la protesta de 2011, enraizada en la crisis económica sufrida poco antes: Podemos y Ciudadanos, y como reacción al primero y a la crisis vivida con el independentismo catalán, Vox. 


Con respecto a las últimas generales, las de 2019, en los comicios del pasado domingo, Vox pierde seiscientos mil votos y Sumar setecientos mil si sumamos a Podemos sus confluencias territoriales. Con los resultados de ahora, el partido de Santiago Abascal, después de amenazar en plena campaña con incendiar Cataluña y descalificar la descentralización del Estado español, pierde sus prerrogativas de presentar una moción de confianza y recursos de inconstitucionalidad, lo que supondrá un bálsamo en la situación política española. Similar descalabro ha sufrido la coalición situada más a la izquierda del espectro político. La formación de Yolanda Díaz, con cerca de tres millones de votos, queda muy lejos del techo de Pablo Iglesias, cuatro millones ochocientos mil en 2015. A las pocas horas de cerradas las urnas, han aflorado ya los síntomas de descomposición en su seno, azuzadas por Unidas Podemos que no se conforma con haber desestabilizado en el pasado el gobierno de coalición de izquierdas, fracturado al feminismo y crispado a una sociedad con leyes de dudosa utilidad, sino que pretende perpetuar su influjo, muy por encima de sus verdadera presencia social.


Si todo ello debería hacer recapacitar a Pedro Sánchez, los comicios del domingo han invalidado un gobierno de coalición de la derecha con los extremistas de Vox. Alberto Núñez Feijóo debería tomar nota que no se puede proyectar gobernar con un partido que pretende acabar con el modelo constitucional español. Sus malos resultados en Cataluña le deberían hacer reflexionar y ser consciente de que, al igual que le pasaba a la antigua Coalición Popular de Manuel Fraga, nunca podrá gobernar sin contar con un número relevante de diputados catalanes. El progresivo pinchazo del procés independentista le debería animar a buscar soluciones constitucionales que deshagan ese nudo gordiano. No en balde el problema territorial, por muy suavizado que esté, sigue presente en España, no solo en Cataluña, sino que ya se atisba en un horizonte no muy lejano el reto del ascenso de Bildu en el País Vasco y Navarra, y la consiguiente pérdida de poder de un PNV que a su vez ha sido tradicionalmente relevante en la gobernabilidad de España.


Tales hechos deberían ser aprovechados por las direcciones del PP y PSOE para reorientar a sus partidos en la dirección de la moderación y dar por superado el frentismo vivido en los últimos años. Ya se que los primeros pronunciamientos de sus líderes no acompañan este planteamiento, pero hay innumerables temas que deberían ser objeto de negociación entre ambas formaciones, empezando por la solución del método de elección del tercer poder del Estado, el judicial, tal como nos reclama la  Unión Europea. Sería la mejor noticia de las elecciones vividas el domingo: dejar atrás la crispación política. Decirle adiós a Frankenstein y negarle el futuro a Nosferatu.

lunes, 17 de julio de 2023

Un ejemplo de nacionalismo banal

Hoy les quiero hablar del nacionalismo banal. Tal concepto se debe al científico social Michael Billing y se refiere a los elementos cotidianos que todos observamos y que confluyen en las construcciones nacionales.  Así, además de los más conocidos, como las banderas, ocupan un lugar destacado los eventos deportivos.


El deporte, como otras muchas cosas, es objeto de la guerra cultural, algo muy de moda hoy en día, que sostienen las naciones en disputa. Y el ejemplo que les quiero llevar a su examen hace referencia al ciclismo y en concreto a la prueba reina de esta práctica, el Tour de Francia, que siempre tiene una atención destacada en los principales medios de comunicación. Me voy a referir al seguimiento hecho en la edición de este año, próxima ya a concluir, por el El Diario Vasco, cabecera prestigiosa que se publica en San Sebastián y que pertenece al grupo empresarial Vocento, el más importante de prensa -aún llamada- regional en España y que además publica ABC, periódico en cuyo ideario la defensa de la españolidad ocupa un lugar casi tan relevante como su fe monárquica.


El Diario Vasco saludaba la victoria de Peio Bilbao recordando en su primera página que después de cinco años un vasco ganaba una etapa en el Tour de Francia. Esa misma noticia era comentada en medios -aún llamados- nacionales, como TVE o ABC, señalando que por primera vez en los últimos cinco años un español ganaba una etapa de la vuelta gala. Días después, El Diario Vasco informaba, también en primera, de una nueva victoria de un vasco, Jon Izagirre, acompañándolo de un texto en el que en tono épico se destacaba que se agrandaba la leyenda vasca en ciclismo. 


El problema surgió días después cuando ganó otra etapa y ascendió al tercer puesto de la clasificación general, justo por detrás de los dos grandes candidatos a ganar el Tour, un danés y un esloveno, Carlos Rodríguez, un granadino que se ha convertido en la joven promesa del ciclismo español debido a su juventud. Así, lo destacaron muchos de los medios de comunicación españoles. El Diario Vasco señalaba las posibilidades futuras del de Almuñecar, pero sin llevar la información a primera página.


Más allá de que Vocento está en su derecho de conectar con el público que entienda que se encuentra detrás de cada una de sus publicaciones y en esa medida de convertir su producción en rentable económicamente, lo que me interesa destacar es como los periódicos participan de las construcciones nacionales, en este caso vasca o española, a través del nacionalismo cotidiano, elaborando relatos y narrativas ad hoc. Un buen ejemplo.


viernes, 7 de julio de 2023

Un héroe

Les hablo de Rolando Álvarez.


¿Y quién es? Me preguntarán. Igual les suena más si les digo que se trata del obispo de Matagalpa que por segunda vez ha tenido el santo valor de negarse a aceptar su liberación a cambio de exiliarse de su patria.


Pese a la escasa atención que nuestros medios de comunicación otorgan a este titán de la lucha contra la tiranía, puede que recuerden que fue el único de los 222 prisioneros políticos que le dijo no a Daniel Ortega y Rosario Murillo, sátrapas de Nicaragua, negándose a embarcar en un avión que les llevó a Estados Unidos, donde hoy disfrutan de la libertad.


Seguro que conocen más al matrimonio formado por esos dos personajes que han convertido la utopía comunista en una distopía dictatorial. No por el hecho de que eso en sí suponga ninguna novedad. Tampoco por la enésima constatación de que las utopías, también de otras ideologías, suelen convertirse en su implementación en un infierno.


Rolando Álvarez Lagos es un hombre de temple firme, que no suele claudicar. Tal vez su fe católica le ayude a ello. El miércoles pasado volvió a prisión después de negarse por segunda vez a aceptar la libertad a cambio de abandonar Nicaragua. Fueron una negociaciones en las que intervino hasta el papa Francisco, pero que no doblegaron a este héroe. Nosotros en nuestro primer mundo en vez de convertir este caso en motivo de reflexión que nos mejore a todos como personas, optamos por el silencio, cómplices de nuestros conceptos ideológicos.

domingo, 2 de julio de 2023

La 'Grand Départ' vasca

Este fin de semana, Euskadi celebra la salida de la nueva edición del Tour de Francia, volcándose en un evento en el que las instituciones vascas han gastado 12 millones de euros.


Todo ello para presentar al mundo una imagen renovada del País Vasco, muy alejada de la que ofreció en 1992, cuando el Tour partió de San Sebastián, y en la que el terrorismo eclipsaba cualquier otra consideración sobre la sociedad vasca.


Ahora, treinta y un años después, las instituciones de autogobierno vasco se han volcado en mostrar a la comunidad internacional, a través del magnífico escaparate proporcionado por el Tour, la idea de una comunidad singular en el concierto europeo.


Iniciativas como la que vive estos días el País Vasco hacen mucho más por la construcción nacional que otras que han jalonado todos estos años y, que ni decir tiene, que las basadas en los tiros. 


Los organizadores del evento han cuidado todos los detalles, incluida la profusión de ikurriñas repartidas, para dar una determinada imagen de la sociedad vasca, servida por la televisión pública vasca a todo el mundo, con un nítido mensaje, concretado en la exhibición de la especificidad vasca.


Toda una presentación a escala mundial, en la que los representantes del gobierno español han destacado por su ausencia en la Gran Partida vasca. Debían estar ocupados en otros menesteres.