miércoles, 31 de agosto de 2016

La campaña de Rajoy

El discurso de Rajoy en las Cortes ha tenido múltiples interpretaciones, desde la que enfatiza que el candidato se limitó a cubrir el expediente, abundando en su fama de indolente, hasta aquella más propagandística que incide en resaltar la necesidad de gobernabilidad, evidenciando la actitud empecinada del principal partido de la oposición. Del éxito de la consolidación en la opinión pública de uno u otro relato, depende algo crucial: la reponsabilidad del fracaso de la sesión investidura recaería en Pedro Sánchez o en el candidato; detalle muy relevante si terminamos abocados a unas nuevas elecciones, las terceras que viviríamos en un año, anormalidad que el entorno democrático europeo vería con estupor.

Sin embargo, la interpretación más obvia ha pasado más desapercibida: aquella que apunta que Rajoy ya ha iniciado la campaña electoral. Avalan tal consideración diversas circunstancias. La más relevante es que Rajoy no hizo un discurso de investidura, propiamente hablando. No presentó un programa de gobierno, ni apeló a otras formaciones a sumarse a la minoría mayoritaria de 170 escaños, cifra insuficiente para superar el listón.

Rajoy no parecía dirigirse a quienes tenía enfrente, sino más bien a los electores. Así dedicó casi la mitad de su discurso a la gobernabilidad, otorgándose el papel de estadista y negándoselo al líder del PSOE. La economía ocupó el segundo lugar, resaltando así la importancia de la misma para una sociedad que ha salido muy tocada de la grave crisis padecida. En cambio, el combate contra la corrupción, el flanco más débil de Rajoy, fue despachado en dos minutos.

El último indicador que confirma que el presidente del PP está en campaña lo apunta el tono emotivo que empleó para hablar de la unidad de España. De repente, Rajoy dejó la frialdad que había caracterizado hasta entonces su discurso para adentrarse en los vericuetos de la épica del Estado-nación español, pese a que eso le cerrase la posibilidad de que el PNV cambiase su voto y facilitase su investidura. Su objetivo era otro: cohesionar a los fieles votantes del PP y arañar votos socialistas, convencido de que en unas terceras elecciones la alta abstención otorgue actas parlamentarias mucho más baratas en sufragios.

El horizonte, pues, de unos terceros comicios se afianza en la lontananza. Tan solo cabe ya una última posibilidad que impida que los ciudadanos se han convocados por tercera vez. Y ésta pasa por la circunstancia de que el PNV necesite, tras las elecciones vascas del 25 de septiembre, del apoyo socialista y del PP para poder formar gobierno, frente a la opción que encarnarían Podemos y EH-Bildu. Eso podría suponer que el PNV diese sus cinco diputados para una tercera votación de investidura de Rajoy. Aún así, faltaría un escaño más. Tan sólo un pacto PNV-PSE-PP en Euskadi podría hacer cambiar a Pedro Sánchez.

En cualquier caso, tanto Rajoy como Sánchez se juegan su continuidad si finalmente hay nuevas elecciones, en la medida en que difícilmente cambiaría el panorama político existente. Un descenso en escaños de cualquiera de ellos debería traducirse en la muerte política de uno u otro, o de los dos.

viernes, 29 de julio de 2016

No lo repitamos

"El nacionalismo es la guerra", dijo François Mitterrand ante el Parlamento Europeo. 

Lo recuerdo a efectos de que el olvido no justifica nada. Sesenta millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial pagaron por ello. No lo repitamos.

jueves, 28 de julio de 2016

El bucle independentista

El independentismo catalán se ha instalado en un bucle del que no pretende salir porque es la manera de mantenerse en el poder. La declaración de ayer del Parlamento conviene entenderla bajo esa lectura. El actual presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, logra así reconciliarse con los radicales de la CUP, lo que le permitirá afrontar con posibilidades de éxito la moción de confianza del 28 de septiembre, escollo que amagaba con nuevas elecciones en Cataluña y la amenaza cierta de que el partido que fue fundado por Jordi Pujol, independientemente de su nombre ocasional coetáneo, perdiera por segunda vez en su historia el poder en Cataluña. La anterior ocasión en que eso ocurrió, cuando Pasqual Maragall osó tamaña temeridad, llevó a la entonces Convèrgencia Democràtica de Catalunya y a su entonces líder, Artur Mas, a echarse en manos del independentismo.

El actual Partit Democràtico de Catalunya no puede permitirse abandonar la Generalitat, porque eso supondría su tumba definitiva, al privarle de su red clientelar. Por ello, nada más cómodo que instalarse en el bucle permanente. Más allá de la melancolía intrínseca al nacionalismo, como diría Jon Juaristi, vivir en el bucle permite seguir ocultando que tras el nacionalismo solo se esconde las ansias de perpetuarse en el poder.

Ahora, la mayoría del Parlamento, que no de Cataluña, conformada por Junts pel Sí y la CUP, propone volver al 9 de noviembre de 2014. Aquel día, hubo una votación organizada unilateralmente que como no podía ser de otra manera salió favorable a la independencia. El nuevo espejismo del bucle es repetirla y de esa manera seguir alimentando la melancolía y sobre todo mantenerse en el poder.

Tanto Puigdemont, como su antecesor Mas, saben que la independencia solo es posible en el seno de la Unión Europea y por ello quien realmente la otorgará o la denegará serán nuestros socios europeos. Y son muy conscientes que el simulacro del 9-N no gustó en Europa por su carácter unilateral. Por ello, la vuelta al bucle solo se comprende para no perder el poder, para mantenerse en las poltronas y seguir ostentando el mando desde las oligarquías locales con la red clientelar tradicional.

miércoles, 27 de julio de 2016

Período de reflexión

El previsible fracaso de la ronda de consultas que lleva a cabo el rey conducirán a la apertura de un período de reflexión. Con ello, el monarca pretende que los líderes de los cuatro grandes partidos se replanteen lo actuado hasta ahora y propicien la formación de un gobierno. 

Si no se consigue así desbloquear la situación, abocándonos a nuevas elecciones, ninguno de los cuatro dirigentes debería volver a presentarse a los comicios. Su abandono de la primera línea política sería  la justa contrapartida a su incapacidad para llegar a acuerdos. 

Al menos, así sabríamos que tras una nueva votación, habría posibilidades reales de formar un gobierno.

martes, 26 de julio de 2016

Mimetismos

La ola de sucesos violentos que viven Francia y Alemania tiene una explicación: mimetismo. El joven que disparó en un centro comercial de Múnich pretendía emular al supremacista Anders Breivik quien mató a 77 personas en Noruega en 2011. El que asesinó a su pareja repetía un patrón tan aciago como repetitivo. Y el joven que se inmoló se consideraba un seguidor del Estado Islámico, después de que otro acabase con la vida de 85 personas en Niza una semana antes a bordo de un camión. O los que han degollado a un anciano sacerdote en Normandía. O el que asesina a 19 discapacitados en una residencia en un lugar tan engañosamente lejano como Japón.

No es que el mal campe sin cortapisas. No. La explicación es más sencilla. Todos ellos copiaron un atroz patrón de conducta que ven reiterada y profusamente en un mundo ya globalizado, donde se suceden de un extremo al otro del planeta y son servidos por los múltiples canales de comunicación, que las redes sociales amplifican. Todos ellos se vieron identificados por un precedente con el que pretender explicar su violencia.

En el caso de la terrible violencia de género, los expertos saben que cuando se conoce un caso, existen más posibilidades de que una porción de personas repita tan execrable crimen. Lo mismo sucede con los suicidas. En todos ellos el efecto mimético subyace, más allá de que unos puedan ser considerados enfermos mentales, de que otros impongan sus sentimientos y de que los más mortíferos hayan llegado a conceptualizaciones excluyentes del resto de la Humanidad.

Una mímesis que nos retrotrae a nuestra condición de primates y que nos recuerda que no estamos tan alejados del chimpancé. Convendría que nuestras sociedades fueran conscientes de que somos unos animales gregarios y que no caben soluciones ridículas como levantar más fronteras, porque como dijo Kavafis los bárbaros ya están aquí. Somos nosotros, los primates.

Y ante eso solo existe una opción, aunque con réditos a muy largo plazo: la educación. Una cultura universal que no acepte paños calientes multiculturalistas y que valore a cada uno de los seres humanos, sin ninguna distinción, incidiendo en la relevancia de cada vida, independientemente de su género y condición. Ese es el único camino para abandonar el atavismo que nos encadena a nuestro pasado evolutivo: el gregarismo, que nos lleva a la mímesis.

viernes, 22 de julio de 2016

Dialogar y dialogar

Las relaciones entre el PSOE y Podemos atraviesan probablemente su peor momento. Nunca es que hayan sido excelentes, pero tras el absurdo de las segundas elecciones han empeorado notablemente.

Y eso es algo que una democracia no debe permitirse. No es de recibo que entre la segunda y tercera fuerza parlamentaria haya ese foso de desconfianza, nacido de ambiciones personales, pero también de resquemores ideológicos que tienen que ver con el grave cisma de la izquierda sufrido en el siglo XX.

Hay que dejar esas cosas atrás. Y dialogar y dialogar, respetando a todos, algo que a algunos les cuesta.

jueves, 21 de julio de 2016

Otra estrategia

Evidentemente la antigua Convergència Democràtica de Catalunya, hoy trasmutada en Partit Democràtico de Catalunya, ha iniciado una nueva estrategia de cara al gobierno, más pragmática que el callejón sin salida en el que se había metido. Otra cosa es si tal variación supondrá un cambio de fondo en la demanda independentista. No lo creo, pero bienvenido sea que al menos en las formas se imponga el olvidado seny y se orille la rauxa de los ultimos años.