miércoles, 31 de mayo de 2017

Primer error de Macron

Emmanuel Macron, la gran esperanza frente al populismo, ha cometido su primer error desde que llegó a la Presidencia de Francia. En vez de destituir fulminantemente al socialista Richard Ferrand ha aceptado el criterio de su primer ministro, Edouard Philippe, de que sean las urnas las que decidan sobre el futuro del ministro de Administraciones Públicas.

Sobre Ferrand se ciernen graves acusaciones de nepotismo, referidas a su compañera sentimental y a su hijo, al que habría contratado como asesor parlamentario. Philippe ha decidido que sean los electores del distrito bretón en los comicios legislativos por los que Ferrand se presenta el próximo 11 de junio quienes decidan si la actuación de éste es delictiva o no.

Macron en vez de discrepar de tal criterio y ordenar su destitución, acepta algo enormemente perverso y propio del populismo: que la Justicia se vea interferida por la Democracia. Eso es el origen de la demagogia, que por ciento acabó con la más antigua democracia, con la griega, hace dos mil años.

martes, 30 de mayo de 2017

Demócratas instrumentales

Para los que creemos en la democracia y no en su carácter instrumental no dejamos de alegrarnos cuando un político yerra en sus predicciones, aunque lamentamos mucho más el estropicio que ocasiona, ya que incluso pone en riesgo a la propia democracia. El último caso más palmario de ello fue el de David Cameron, ese aprendiz de brujo que para acabar con la disidencia conservadora que le molestaba decidió acabar con las moscas a cañonazos y convocó un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Ya conocen las funestas consecuencias que aquello tuvo, de las que nos lamentaremos varias generaciones tanto a un lado como al otro del canal de la Mancha.

Su sucesora al frente de los tories y del gobierno británico, Theresa May, cometió la misma tontería cuando convocó elecciones para afianzar su poder después del terremoto de los resultados del brexit. Por un lado, pretendía acallar las disidencias y mostrar fortaleza ante Europa a la hora de la dura negociación que aquel funesto plebiscito había obligado. Y por otro, aplastar al laborismo británico que en vez de adoptar una postura de izquierda clásica y de defensa de todos los trabajadores europeos en la campaña del referéndum se había dejado influir por el canto de la sirena de los populismos soberanistas. Una izquierda desorientada, barruntó May, sería fácil presa en unos nuevos comicios. Y ¡zás!, los convocó. 

Tan solo espero que la cómoda mayoría que May esperaba sacar se convierta en un Parlamento combativo a su ambición. ¡Por el bien de la democracia!

lunes, 29 de mayo de 2017

Merkel anuncia una nueva era

Todos aquellos que reclamaban a Alemania que diera un paso al frente y asumiera su condición de líder de la Unión Europea, completando con la dimensión política el hecho de ser el gigante económico de la Unión tras el abandono del Reino Unido, tuvieron ayer respuesta a sus demandas. Angela Merkel se presentó como la dirigente capaz de azuzar a sus conciudadanos para que se liberen de los complejos que les atenazan desde hace setenta y siete años, cuando perdieron estrepitosamente la Segunda Guerra Mundial, comprometiéndose a tirar de la Unión Europea resultante tras el Brexit.

Y lo hizo en Baviera, en el rico sur alemán, en un lander con personalidad propia y con poca solidaridad que mira con recelo a sus vecinos, incluidos los connacionales. Porque, para que Alemania se convierta en la potencia rectora de la Unión, tendrá que ceder en su oposición a la mutualización de la deuda, asumiendo sus ciudadanos las pérdidas ocasionadas por los socios más pobres, como España y otros países mediterráneos. Será una reñida concesión que recordará otra por la que Berlín se cobró una buena pieza: el abandono de su idolatrado marco por el euro, a cambio eso sí de la incorporación de la RDA, de la unificación alemana.

Pero eso solo ocurrirá tras las elecciones que darán de nuevo una mayoría sólida a Angela Merkel. Hasta entonces, no esperen concesiones que puedan minar su apoyo popular. La canciller se limitó ayer en Múnich a advertir a sus connaturales que ya no se pueden fiar ni del Reino Unido, ni de Estados Unidos. Puso así fin a una época y anunció el inicio de otra: la de una Europa liderada por Alemania y en la que Londres y Washington ya no serán necesariamente aliados.

viernes, 26 de mayo de 2017

Perdidos en el laberinto

Ni una semana ha tardado el redivivo PSOE de Pedro Sánchez en liarse con problemas que no deberían ser de su incumbencia. Uno de ellos es la asunción de la plurinacionalidad de España, matizada en su vertiente cultural. Cuestión que es un asunto de extrema complejidad, que requeriría de un debate más allá del propio partido y que en puridad no debería ser una preocupación prioritaria de una formación que se reivindica como de izquierdas. Al menos, lo que se entiende como izquierda clásica, no de la más reciente, aquella que tontea con el nacionalismo. Los partidarios de Sánchez, el vencedor de las primarias, quieren llevar tal presupuesto a la Constitución.

Otro es la postura a adoptar ante la moción de censura contra Rajoy, ideada por Pablo Iglesias, el líder nacional de esa nueva izquierda. Hay diputados socialistas que quieren votar no y otros, los más próximos a Sánchez, que prefieren la abstención para así expresar con nitidez su absoluto rechazo al presidente del gobierno, aunque eso suponga respaldar el discurso de Iglesias. En cambio, los primeros defienden que hacer el caldo a Podemos es lo más contraproducente para un PSOE que debería centrarse en sus propuestas reformistas y no entrar en la narrativa de Podemos, impregnada de maniqueísmo y de demagogia como el derecho a decidir.

Los socialistas se ven así perdidos en su propio laberinto, guiados por un líder cuya oferta programática y estratégica pasa por asumir el lenguaje del principal competidor, en vez de buscar un discurso propio. Ariadna entregó un ovillo a Teseo para que desenrrollado pudiera encontrar la salida del laberinto del minotauro. Pero Pedro parece querer liar a su partido con el ovillo.

jueves, 25 de mayo de 2017

Cooperación

Precisamente cuando el Reino Unido y Estados Unidos se deslizan por el camino del nacionalismo, surgen entre esos Estados roces impensables hace escasos meses que contrastan con la vitalidad de una relación interoceánica inmutable a lo largo del último siglo.

El último episodio hace referencia al molestar de la policía británica al revelarse en Estados Unidos datos relevantes del atentado de Mánchester. Un portavoz de los agentes ha advertido, incluso, de que la pérdida de confianza entre socios internacionales puede afectar la investigación.

Efectivamente, la capacidad preventiva ante la amenaza yihadista quedará aún más reducida si los países occidentales restringen su colaboración antiterrorista. Es decir, lo lógico sería un incremento de los niveles de cooperación entre los países amenazados por tal amenaza, pero tal presupuesto casa mal con el nacionalismo. Y ya se sabe que los seres humanos solemos elegir el peor de los caminos posibles.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Veintidos años

Veintidos años. ¿Qué puede llevar a un joven de esa edad a cargarse de explosivos y hacerlos detonar en la salida de un concierto de música para adolescentes?

Durante los dos últimos siglos la Humanidad ha visto como en nombre de las ideologías se convertían los más perversos crímenes e infamias. Pese a ello, pocos han sido los que, como Albert Camus, se atrevieron a levantar la voz y criticar el pensamiento único que hacía de la ideología el camino de la utopía.

Ahora, cuando la reverencia hacia las ideologías presenta un acusado desgaste, renace de nuevo la religión, exigiendo su cuota de sangre. Tremenda la Humanidad.

martes, 23 de mayo de 2017

Roto y escorado

Que el PSOE es un partido roto no creo que nadie lo ponga en duda.  Se constata con solo ver los resultados de las primarias, con un 51% por ciento de apoyo para Pedro Sánchez, y un 49% para los otros dos candidatos. Y con contemplar la imagen que dieron los tres tras saberse los resultados, aguantando juntos un escaso minuto, mínima cortesía para que los gráficos pudieran hacer su trabajo. Y con observar la cara de Susana Díaz, la gran derrotada.

Que el PSOE era un partido con graves problemas internos y una escasa disciplina lo sabíamos desde el luctuoso comité federal celebrado hace ocho meses. Ahora, gracias al instrumento de elecciones primarias, constatamos que está fracturado.

El tres por ciento del electorado actual socialista ha elegido a Pedro Sánchez de nuevo como secretario general. Esa es la cifra que se calcula que representan los militantes, que como una clásica vanguardia ha escogido la opción más izquierdista de las posibles. 

De tal manera, que Pedro Sánchez implementará ahora ese giro, que no facilitará precisamente la unidad socialista. Tampoco las posibilidades de llegar al poder. En Ciudadanos y en el PP deben estar celebrando el alejamiento del PSOE del caladero centrista, aquel que siempre otorga la Moncloa.