martes, 31 de octubre de 2017

La izquierda sale del armario

La izquierda empieza a salir del armario frente al nacionalismo. Eso, sí, le ha costado. Ha necesitado que pesos pesados del progresismo, como Josep Borrell o Paco Frutos, representantes de las corrientes socialista y comunista, respectivamente, salieran a la palestra a decir una obviedad: la izquierda lucha por la mejora de las condiciones de los más desfavorecidos, no por ninguna patria. Recuerden: Proletarios del mundo, uníos.  El Manifiesto de la I Internacional finalizaba precisamente con esas palabras.

La abducción sufrida por la izquierda a manos del proceso soberanista catalán ha sido espectacular, hasta el punto de triturar a lo largo de los años a la principal formación de izquierdas, los socialistas del PSC, y extinguir los restos prestigiosos del comunista PSUC. Ahora, es Podemos el que ha sido abierto en canal debido a la deriva nacionalista.

Cuando la izquierda no se hace inmune al nacionalismo, este le fagocita y lo convierte en la peor infamia de la humanidad: el nacionalsocialismo.

lunes, 30 de octubre de 2017

Manipulación de la Historia

Ha sido una constante a lo largo del proceso soberanista la manipulación y tergiversación de la Historia, pecado común a todos los nacionalismos, que necesitados de una visión historicista incurren en lo que historiográficamente se denomina invención de la tradición. El último ejemplo lo pudimos apreciar el sábado en el baño de masas que se dio Carles Puigdemont en el feudo independentista de Girona. Recuerden las imágenes: El ya expresidente de la Generalitat acudió al casco histórico de la ciudad, donde fue aplaudido y agasajado por sus partidarios, mientras tomaba unos vinos. En uno de sus trayectos llegó a la plaza de la Independencia, ya en el ensanche burgués de Girona. 

Fue el momento en que Puigdemont señaló la placa de la plaza en un gesto que buscaba la complicidad de los fieles que le acompañaban. El problema es que la independencia aludida no era la pretendida de Cataluña, sino la de España. 

Me explico. La plaza de la Independencia de Girona rememora el terrible asedio a la ciudad de 1809 que el ejército napoleónico infligió en la Guerra de la Independencia. Se trató, pues, de la resistencia frente al francés, que pese a la derrota, supuso un hito en la construcción nacional española, que como es sabido inició su andadura en aquellos primeros años del siglo XIX. Hasta diez mil personas, entre soldados y vecinos, murieron en aquellos heroicos siete meses, comparables a los vividos en Zaragoza y que fueron recordados por Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales.

De hecho, los catalanes de la primera mitad del ochocientos contribuyeron entusiásticamente a la construcción nacional española que desde las Cortes de Cádiz pretendió erigir un Estado liberal, que por su progresismo fue la luz en la que se miraron otros muchos pueblos europeos y americanos que ansiaban salir de las tinieblas del Antiguo Régimen.

Entrada ya la segunda mitad de aquel siglo XIX, al calor del Romanticismo que inundaba Europa y que identificaba la lengua con el volksgeist, con el espíritu del pueblo, una parte significativa de aquellos nacionales giraron hacia la consideración de Cataluña como un ente diferenciado de España. No fueron muchos y sobre todo no era un planteamiento excluyente en el sentido de que ambas identidades eran compatibles. Fueron los años de la Renaixença y de la burguesía catalana que aspiraba a ser la locomotora de España, imitando a los emprendedores del Piamonte que dirigían la Italia unificada por la monarquía de los Saboya. 

Tal proyecto, que forjó en gran medida a España, se mantuvo durante décadas y ya en el siglo XX fue conceptualizado por Francesc Cambó, el gran líder del nacionalismo inclusivo, que lo definió en una sola frase: Per catalunya i l´Espania gran. Así, fue a lo largo del resto del novecientos, aportando ese nacionalismo moderado en no pocas ocasiones la estabilidad necesaria de España.

Todo eso cambió a partir de 2012, cuando esa misma elite se embarcó en el proceso soberanista en busca de una identidad exclusiva. Pero tal pirueta, legítima como todas, no debe hacernos olvidar los hechos históricos, que inciden en que los ascendientes de los catalanes que acompañaban el sábado a Puigdemont lucharon a muerte por la independencia española frente al francés. 

Dirán ustedes que siete generaciones después no quedan de aquellos. Puede ser, pero muchos de los que ayer se manifestaron en Barcelona son fieles herederos de los que sufrieron el asedio de Girona.

viernes, 27 de octubre de 2017

jueves, 26 de octubre de 2017

Alea jacta est

Es conocido que tales fueron las palabras de Julio César, el dirigente de mayor prestigio de la facción popular, cuando saltándose la legalidad, perpetró el golpe de gracia contra la república, utilizando el beneficio del pueblo como argumento justificativo de su actuación. Hoy, dos mil años y sesenta y seis años más tarde, podemos volver a pronunciarlas y como entonces aciagos temores se desatan, meros presagios de un negro porvenir.

El presidente de la Generalitat parece decidido a consumar su golpe de Estado contra el Estado español, despreciando el diálogo y proclamando la independencia catalana. Y lo haría ignorando la ley y el Estado de derecho, y ocultando que no disfruta de una mayoría democrática que avale su ambición.

Mañana la suerte estará echada. Y nada impedirá que la violencia se enseñoree de nuestras vidas. Como cuando fue vadeado el Rubicón. Esperemos que en estas últimas horas, prevalezca el criterio de no atravesar el río.


miércoles, 25 de octubre de 2017

El nuevo emperador

Xi Jinping ha sido elevado en el último congreso del Partido Comunista de China, clausurado ayer, a la misma categoría que tuvo en vida Mao Zedong. Alcanza así un estatus de poder comparable al líder revolucionario. En 2022, aspirará a un tercer lustro en el ejercicio de la Jefatura del Estado, de la presidencia del máximo órgano militar y en la todopoderosa Secretaría General del PC. 

Se convertirá así, tras Mao, en el más longevo dirigente de la China comunista. Una nación, que bajo el férreo mando de Xi Jinping, aspira sin tapujos a convertirse en el país dirigente del mundo, mientras Estados Unidos y Europa son presas de todo tipo de populismos, prestas con sus anteojeras a dividirse y tan arrogantes que ni siquiera prestan atención a la proclamación del nuevo emperador.

martes, 24 de octubre de 2017

Dos escenarios, dos futuros

La semana pasada les hablé de los dos escenarios que durante esta semana protagonizarían la crisis catalana: el Senado y las calles. El primero, como un espacio democrático. Y el segundo, revolucionario. Evidentemente, cuanto más productivo sea el debate en la Cámara Alta más posibilidades habrá de parar la peligrosa pendiente por la que nos despeñamos todos los españoles. Y al contrario, cuanto más algaradas haya, más cerca del desastre final estaremos.

La posible presencia de Puigdemont en el Senado es una gran noticia, que debería completarse con un debate y con una decisión democrática al final del mismo. De ser así, lo cual es mucho suponer hoy en día, veríamos la primera luz en meses de oscuridad, porque eso supondría que el presidente de la Generalitat sigue al fin el modelo del lehendakari Ibarretxe que propuso una nueva relación vasca con España y tras ser derrotado democráticamente, desistió.
 
En cambio, las proclamas a la lucha de las CUP, los llamamientos de los Jordis a la resistencia y las manifestaciones previstas en los próximos días, sean de un signo u otro, nos conducen al pozo negro que está al final de la cuesta por donde rodamos.

lunes, 23 de octubre de 2017

Encuestas

Después de unas semanas intensas en la crisis catalana, por fin han aparecido las primeras encuestas que pretenden precisar las oscilaciones producidas en los últimos días. Desgraciadamente, ninguna de ellas recoge el anuncio de la decisión del gobierno de poner en marcha el proceso del artículo 155 de la Constitución, pero sí fueron hechas tras los encarcelamientos de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, y después de la ceremonia de la confusión practicada por el independentismo en el pleno del Parlament del pasado día 10.

El titular de las encuestas es claro: el independentismo no incrementa su respaldo popular, pero mantiene su presencia. Una de las encuestas, la que publica El Periódico de Catalunya, le otorga la misma mayoría absoluta en escaños, que no en votos, de la que todavía goza en la presente legislatura. La otra, aparecida en La Razón, reduce esa hegemonía, haciendo perder al independentismo tal mayoría absoluta por un escaso margen.

El hecho de que el independentismo no rentabilice, al menos hasta el momento, la presión que el Estado empieza a ejercer en Cataluña puede explicar que la Generalitat y en concreto su presidente, Carles Puigdemont, se niegue a convocar elecciones, detalle que vuelve a mostrar que una cosa es invocar continuamente la democracia y otra ser demócrata. 

Pero los resultados de las encuestas tampoco avalan que los constitucionalistas hubieran dado la vuelta a la situación, por lo que no se explica la insistencia de Ciudadanos y PSOE, y en menor medida del PP, a favor de la convocatoria inmediata de elecciones. 

Los sondeos revelan un empate, el mismo empate en que llevamos instalados varios años, el empate infinito que amenaza con mantenerse en el futuro. Un futuro largo y muy problemático, que alargará el drama al que nos dirigimos.