miércoles, 31 de enero de 2018

Gente de paz

Ayer vimos en las inmediaciones del Parlamento de Cataluña, como las vanguardias de choque independentista lograban alcanzar las mismísimas puertas de la institución, desarbolando a los Mossos d´Esquadra.

También como insultaron a diputados partidarios de que Cataluña permanezca en España, como a Inés Arrimadas a la que tacharon de chusma. Las descalificaciones alcanzaron asimismo a los comunes, como a Xavier Domènech, pese a su acreditada colaboración estratégica con el proceso soberanista. E incluso, a independentistas que ya empiezan a ser tildados de traidores, como el portavoz de ERC, Sergi Sabrià, lo que muestra una de las constantes de todas las revoluciones, capaz de devorar a sus propios hijos, en busca de la quimera de pureza.


Pero lo que más me llamó la atención fue ver a esas hordas, avanzando en su asalto hacia la institución que representa  la democracia, gritando que eran gente de paz. 

martes, 30 de enero de 2018

Suturar heridas

Afortunadamente, el presidente del Parlamento catalán ha evitado el choque institucional. En el ánimo de Roger Torrent ha debido pesar el ejemplo de su predecesora, Carme Forcadell, quien terminó achatándose ante la Justicia para poder salir en menos de 24 horas de la cárcel.

Se trata, indudablemente, de un avance en la senda de lo conveniente, que sin duda pasa por el diálogo y las concesiones, no por las imposiciones unilaterales. Sin embargo, estamos ante un mero aplazamiento del pleno del Parlamento catalán y Torrent ha querido dejar claro que el candidato a presidente de la Generalitat sigue siendo el prófugo de la Justicia Carles Puigdemont.

En unos días sabremos, si el presidente del Parlamento decide finalmente apostar por la convivencia institucional y, valorando la recuperación del autogobierno catalán, optar por otro candidato, mandando a Puigdemont al desván de la historia, o vuelve a la senda del enfrentamiento, empeñándose en reivindicar la legitimidad del expresidente de la Generalitat y devolviéndonos al aciago mes de diciembre pasado, en el que Cataluña no solo se empobreció, sino que se fracturó socialmente. 

Sin duda, que los cantos de sirena, emanados por la épica nacionalista, serán un poderoso reclamo para Torrent, que como pasó con Puigdemont, no querrá pasar por traidor. Para ello, las vanguardias de choque del independentismo se exhibirán por las calles, como hicieron en la plaza de Sant Jaume, cuando el expresidente estaba a punto de firmar la convocatoria electoral. 


Difícil, por tanto, que Torrent se atreva a descabalgar definitivamente a Puigdemont, aunque tenga para ello el apoyo de su conmilitón encarcelado, de Oriol Junqueras, evidenciando las diferencias existentes en el seno del independentismo. Pero no imposible. Y por supuesto muy deseable, ya que permitiría a Cataluña suturar sus heridas.

lunes, 29 de enero de 2018

Semana clave

El independentismo catalán afronta la presente semana de una manera relevante para su futuro, después de que el poder judicial, que no el ejecutivo, haya marcado con precisión los márgenes existentes, en una nueva muestra de la vitalidad del Estado de derecho, basado, nunca está de más en repetirlo, en la división de poderes. Salvo sorpresas dilatorias, como retrasar el pleno de mañana con el objeto de dar más tiempo a Puigdemont, el soberanismo debe decidir si plantea un nuevo choque de legalidad con el Estado o acepta que debe coexistir con este, renunciando a los relatos de la nueva república con los que llena los oídos de sus bases. 

Pese a que las razones para aceptar la realidad son numerosas, entre ellas la vuelta al poder en la Generalitat, lo que en tiempos del 155 se valora mucho más, me temo que los personalismos puedan nublar a muchos las entendederas. El primero, al propio Puigdemont, quien investido ya de un caudillismo mesiánico, se resiste como gato panza arriba a dejar paso a otro candidato. Sin duda que la rivalidad con Oriol Junqueras pesa en sus cuitas, pero ningún movimiento ideológico debería ser presa de sus propios protagonistas, porque de lo contrario indicaría que, como siempre, los personalismos prevalecen sobre los planteamientos.

En la decisión final jugará un papel relevante el nuevo presidente del Parlamento catalán, quien debe decidir asimismo si opta por continuar con la vía unilateral o acepta la legalidad existente. Sin duda que Roger Torrent no lo tendrá fácil, pero el ejemplo de su predecesora, Carme Forcadell, quien abjuró de su rebelde pasado para poder salir de prisión, debería pesar en su fallo.


Una semana decisiva que ha dejado también claro que el Tribunal Constitucional le ha sacado al gobierno las castañas del fuego con su decisión de entrar en el fondo del asunto, a la par que decidía aplazar su pronunciamiento sobre el despropósito gubernamental de recurrir un futurible, como le advirtió el Consejo de Estado. Una crisis en la que dichos organismos han estado muy por encima de la actuación de un ejecutivo que presenta síntomas de carecer de una estrategia realista frente al desafío independentista, lo que desgraciadamente le equipara con sus enemigos.

viernes, 26 de enero de 2018

Evitar un nuevo error

Desearía que el gobierno no se volviera a equivocar con el tema del independentismo catalán. Ya lo hizo el 1 de octubre, facilitando la propaganda victimista que hizo de la torpe actuación policial un paradigma de represión, hasta el punto de disparatar con referencias a un millar de heridos, bulo creído en más de un sitio.

Desoír en el Consejo de Ministros de hoy al Consejo de Estado sería un nuevo error. El organismo consultivo estima que aún no hay lugar para recurrir la elección de Carles Puigdemont, por el simple hecho de que todavía no se ha producido. Reflexión más que lógica, por otro lado.


En su pugna con el independentismo catalán, el Estado español no debe cometer errores. Y menos envilecerse, como hacen sus enemigos. Hay que luchar contra unos golpistas con el más escrupuloso respeto al Estado de derecho. En el pasado, no siempre fue así y todavía se paga.   

jueves, 25 de enero de 2018

El pueblo y yo

“El condenado no soy yo; es el pueblo”, clamó anoche Lula tras conocer la ratificación de la sentencia condenatoria por corrupción. 

La identificación entre el líder y el pueblo no es algo nuevo. Incluso, es una de las características más habituales de las demagogias. Lo estamos igualmente viendo estos días con Puigdemont, quien se identifica, en este caso, con el pueblo catalán. Los perseguidos por la Justicia pretenden así eludirla, estableciendo una sacrosanta comunicación con los electores, conscientes del tirón electoral del que disfrutan. El objetivo es claro: socavar la democracia mediante los votos, acabar con el Estado de derecho mediante las urnas.


Y siempre invocan al pueblo, al sagrado pueblo; concepto que convendría revisar y recordar que con el significado que hoy lo conocemos es una construcción más del decimonónico Romanticismo, el mismo movimiento cultural que cimentó el sistema de naciones que todavía padecemos a principios del siglo XXI.

miércoles, 24 de enero de 2018

No solo desdoro

La condena a Lula por corrupción ha sido confirmada por un tribunal de segunda instancia. El que fuera todo un referente de las políticas de izquierda posibles, con el enorme logro de haber sacado de la pobreza a millones de brasileños, ha sido declarado por segunda vez responsable de haber aceptado un soborno de Petrobras, la gran empresa pública del país sudamericano, consistente en un apartamento de lujo en el litoral de Sao Paulo.

Con esa ratificación, Luiz Inácio da Silva, expresidente de Brasil, no puede pretender volver a presentarse en las futuras elecciones para recuperar ese cargo, por mucho que las encuestas le sitúen con muchas opciones de lograr la victoria. Sería un terrible desdoro para la izquierda y lo que es peor, deslizaría a su país por una senda peligrosa  en la que la democracia queda diluida hacia una tiranía, donde el Estado de derecho queda orillado.  Por muchos votos que tuviera.


Una vez más, como siempre. Hay tantos ejemplos de ello a nuestro alrededor. Igual, alguna vez, comprendemos que la democracia no consiste solo en votar. Sería un gran avance para la Humanidad.  

martes, 23 de enero de 2018

Hamlet, en Dinamarca

El teatrillo que montó ayer Carles Puigdemont en Dinamarca con la pretensión de alimentar el halo de perseguido por la opresión española, se vino a bajo cuando fue preguntado en el acto universitario al que fue invitado. Su pretensión de presentarse como un doliente Hamlet, sufridor de las peores infamias infringidas por la perversidad franquista innata a España, se desmoronó. 

Pese al público que lo jaleaba, el moderador del evento Mikkel Vedby Rasmussen, le preguntó a bocajarro si era un populista. Y la anfitriona, la profesora universitaria y politóloga Merlene Wind, le desarmó con esta sencilla cuestión: “Cataluña es la región más rica de España y España es un país más descentralizado que Alemania, ¿de dónde viene el ansia separatista? ¿tal vez quieren quitarse de encima a las regiones más pobres?”.


Una pena, sin duda, que a Puigdemont no le dejaran interpretar su papel doliente, como un nuevo príncipe de Dinamarca, expulsado injustamente del poder.