jueves, 30 de agosto de 2018

`Memorial´de la infamia

En un nuevo bandazo, Pedro Sánchez renuncia ahora a hacer del Valle de los Caídos un museo de la memoria. Ya les dije hace tiempo que este asunto, el de la sepultura del dictador en Cuelgamuros, se iba a convertir en uno de los asuntos enrevesados del gobierno Sánchez.

El propio presidente ha admitido a los periodistas con los que viaja por América que la exhumación de los restos de Franco estaba siendo más compleja de lo que esperaba y que, tal vez por falta de experiencia, creyó que el camino estaba más expedito. No está de más la autocrítica, pero le debería hacer aprender que el adanismo nunca es buen consejero.

Volviendo al meollo de la cuestión, no debería asombrarse de las dificultades que ha encontrado. No en balde, Franco fue el dirigente de uno de los dos bandos de una atroz guerra civil, en la que los despropósitos estuvieron repartidos. Por eso, es un asunto sumamente espinoso.


La solución no es fácil. No. Pero tal vez pase por la exhumación del cadáver, mediante un acuerdo abrumadoramente mayoritario de las Cortes, y en convertir el Valle de los Caídos en un memorial de la infamia cometida por los dos bandos de la Guerra Civil.

jueves, 23 de agosto de 2018

La salud, derecho de todos

Asistimos en Europa a un brote de sarampión. En los primeros seis meses del año, se han contabilizado más de 41.000 casos de infección, el doble que en todo 2017. Las razones de ello son diversas. El estado más afectado, Ucrania, sufre una guerra larvada con Rusia, países nacidos de la disolución de la Unión Soviética, cuya implosión, jaleada por el pensamiento ultraliberal, no termina de traer consecuencias negativas. También Rusia y Georgia, otro estado surgido de aquella debacle, sufren un brote considerable. Y Serbia, cuya construcción nacional acabó con Yugoslavia, el estado más desarrollado del antiguo bloque soviético.

La eclosión ha afectado también a Grecia, cuyo sistema de salud pública se ha visto deteriorado por los recortes sociales debidos a la dura crisis vivida por el país helénico. Y Francia, donde el copago se extiende a las vacunas. También en Italia. En estos dos últimos países, los expertos denuncian la moda anti-vacunas que vuelven a estar de moda, sin ninguna base científica.

Existe en Occidente un pensamiento que hace de la libertad algo tan sacrosanto que concibe el derecho de los padres a no vacunar a sus hijos. Esos mismos planteamientos disfrutaron hace dos décadas cuando hizo agua la utopía socialista, convertida en una clara distopía. 

Como todo, la radicalidad ideológica solo trae consecuencias nefastas. Este es un nuevo ejemplo. La salud pública es un derecho de todos, difícilmente conseguido en la Edad Contemporánea, para ponerla en peligro por planteamientos ideológicos. Igual, al ser humano le vendría bien poner en cuarentena a las ideologías.



jueves, 16 de agosto de 2018

Tragedias, que deben mover a reflexión

Las tragedias del viaducto Morandi y del puerto de Vigo nos plantean unas dudas razonables, más allá de las críticas a unas deficientes labores de mantenimiento, achacables a determinada concesionaria de autopistas o al Ayuntamiento de la ciudad gallega, dirigido este último por un político, Abel Caballero, que, independientemente de sus aciertos y sus errores, lleva ya en la vida pública cuarenta años, tiempo más que suficiente para dar el relevo a otros. 

Me refiero a uno de los relatos de mayor difusión en la contemporaneidad, nacido de la Ilustración, que nos asegura que el ser humano domina la técnica. Sin duda que tal narrativa se basa en una percepción razonable del progreso alcanzado en los dos últimos siglos y que es inobjetable en múltiples campos, desde la sanidad a las infraestructuras. Quien lo niegue, sencillamente debería quitarse las vendas que le impiden ver la realidad.

Pero tal verdad objetiva no implica que dominemos la técnica, como nos hemos creído por escuchar el relato épico de la capacidad del Homo sapiens. Los casos de Génova y Vigo nos lo vuelven a mostrar. El viaducto Morandi fue saludada en 1967, el año de su inauguración, como una obra maestra. Pero, carecemos aún de estudios indubitables sobre la resistencia de materiales, como el hormigón armado precomprimido y el acero de los tirantes del viaducto, que habían suscitado dudas según pasaban los años. El puerto de Vigo fue premio Nacional de Arquitectura en 2005, pero en el espacio de una década, la tarima de madera flotante, el hormigón sobre el que se asentaba y, a su vez, la estructura palafítica de pilotes en el mar,  han sufrido un deterioro irreversible que provocó su hundimiento.

Todavía nos queda mucho y sería bueno dejar de creer en relatos lineales e infantiles, propios de una visión teledirigida de la Historia, que lo único que conllevan es una autocomplacencia en nuestra especie que, como hemos visto una vez más, salen  caras, como el número de víctimas de una y otra tragedia evidencian.


viernes, 10 de agosto de 2018

Callar

Más de cuatro mil venezolanos al día cruzan la frontera con Ecuador. Cerca de medio millón lo han hecho ya. Muchos continúan su peregrinar hacia Perú y Chile. Pero no es la única ruta de huída. El éxodo de venezolanos por Colombia supera los seiscientos mil.  La población total de Venezuela es de 32 millones de personas. Por tanto, sin contar a los que se han ido a otros países, como España, más de un 3% de la población se ha largado de Venezuela en busca de un futuro.

Tales datos debían mover a la reflexión. No se trata ya de la mera existencia de un Régimen represor de sus ciudadanos, sino de una  grave crisis de refugiados, que huyen del hambre, de la miseria y de los problemas sanitarios que todo ello conlleva.


¿Y que hace la nueva izquierda europea, ante esta? Callar, porque sus conmilitones ideológicos son los que gobiernan en Venezuela. Un nuevo ejemplo de anteojeras ideológicas que traen el infierno a la tierra.

jueves, 9 de agosto de 2018

Diferente trato

La decisión de un juez de elevar al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña la investigación sobre Pere Aragonès al entender que podría ser constitutiva de delitos no ha tenido la misma reacción social que la producida cuando otro magistrado hizo lo propio, esta vez ante el Tribunal Supremo, sobre Pablo Casado. En ambos casos, al gozar ambos de aforamiento, los jueces entendían que había razones para imputarles, pero debido a esa prebenda, inconcebible en un Estado de derecho avanzado, no podían seguir investigándolos, por lo que elevaban a esos tribunales superiores el caso.

Más allá de la crítica a la figura del aforado, que desvirtúa el principio básico del juez natural, esencial en toda estructura judicial democrática, lo que quiero llamarles la atención es la respuesta social dada a un caso y otro. En el del presidente del PP, todas las formaciones políticas, salvo la suya, salieron en tromba exigiendo que el afectado diera explicaciones y pidiendo en su mayoría su retirada de la política. En cambio, en el del adjunto a la Presidencia de ERC y actual vicepresidente de la Generalitat las reacciones han sido más tibias.

Las razones de ello inciden en que Aragonès se ampara en lo identitario, en la Patria catalana a la que aspira, justificando cualquier delito en aras de ese ensueño arrebatador. En cambio, Casado no tiene ese paraguas, pese a que se refugie enarbolando otra bandera, en este caso la española.


Pero, nuestra sociedad establece una diferencia y en esa medida lo hacen los partidos, que no nos engañemos están hechos a imagen y semejanza nuestra, con todas las carencias, ineptitudes y caciquismos propios de la realidad que los cobija. Y esa disparidad se debe a un cáncer que ha corroído a la sociedad contemporánea: la identidad nacional. Especialmente, significativo aunque no única, en la nueva izquierda política, olvidada de sus orígenes internacionalistas, lo que le permite pedir la dimisión de  Casado, pero no la de Aragonés, sin alterarse ni un pelo. 

martes, 7 de agosto de 2018

La paradoja democrática

Hoy les quiero hablar de David Grossman, un escritor israelí, uno de los pocos que en Israel clama en el desierto por la paz con los árabes, a propósito de un artículo aparecido en El País, donde formula acertadamente la premisa más necesaria de toda democracia, aquella que, como la prueba del algodón, certifica el Estado de derecho.

Dice Grossman: “Exige comprender que la actitud respecto a la minoría es una de las grandes pruebas que tiene que superar una mayoría en un régimen democrático”. Difícilmente se puede expresar mejor el respeto que debe recibir la minoría frente a la mayoría triunfadora en unos comicios democráticos, hasta el punto que cuanto menos cambie la vida de los primeros, más fortalecido saldrá el Estado de derecho y más se engrandecerán éticamente los segundos. Esa es, sin duda, la paradoja que todos deberíamos aprender, porque así ganará  siempre la democracia. 

El escritor, que hace ahora doce años perdió a un hijo luchando en Líbano, hacía referencia a la deriva judía en Israel, cuyo parlamento ha aprobado convertir ese Estado laico en un Estado-nación judío, que privará de la nacionalidad a una quinta parte de su población: a todos aquellos de origen árabe.  De prosperar la iniciativa, consagrará la existencia de dos tipos de personas en Israel. Y uno de ellos se verá privado de sus derechos. 

Ahora, si ustedes quieren, pueden descontextualizar la frase y aplicarla a cualquier situación, también a las más cercanas. Comprenderán así que lo que muchos entienden por democracia, el mero recuento y cuanto más repetido, es un aspecto menor de la democracia. Lo relevante es garantizar los derechos de todos. Especialmente, que la mayoría no se imponga sobre la minoría.


lunes, 6 de agosto de 2018

La opción peor

El PP tiene un problema con el máster de Pablo Casado. La juez considera que se lo regalaron y envía lo investigado al Tribunal Supremo, órgano competente por ser aforado al máximo dirigente del partido en su condición de diputado. El máximo órgano jurídico decidirá pues si investiga o no al hoy por hoy líder de la oposición.

Ls gravedad del tema no ofrece duda. No solo el PP tiene un problema, sino que ya lo tiene todo el país. Es decir, lo tenemos todos. Y cuando eso ocurre, lo más sencillo es cortar por el lado más fácil y dejar de provocar tensiones en el sistema social, aceptando el valor superior colectivo. Es decir, marchándote a casa. Pero, esa solución suele ser la menos seguida, ya que nuestra especie se caracteriza porque sus miembros tratan de imponerse a los demás. En el caso presente, me temo que será así, con un Casado aferrado al sillón de Génova, mientras el descrédito de su partido, afectado en el pasado por graves corrupciones, continúa.


Queda también en evidencia, una vez más, que las decisiones colectivas pueden ser nefastas. Que se lo pregunten a los compromisarios del PP, que cuando eligieron entre dos candidatos, pudieron barruntar que llegaríamos a esto, pero optaron por la opción peor.