martes, 18 de marzo de 2025

Tropezar en la misma piedra

Es difícil de explicar como Alberto Núñez Feijóo puede volver a equivocarse y sobre todo intentar comprender que ascendiente tiene Carlos Manzón sobre el líder nacional del PP para que este se haya apresurado a respaldar el pacto de presupuestos alcanzado por el presidente de la Generalitat valenciana con Vox e incluso insinuar que puede extenderse el modelo en otras comunidades autónomas.


A un mes de las últimas elecciones generales, aquellas en las que el PP se quedó a las puertas de la Moncloa, Mazón forzó su elección como presidente valenciano con el apoyo de Vox con un pacto de investidura, a costa de facilitar que el PSOE de Pedro Sánchez implementara una estrategia consistente en identificar al PP como un partido que había caído en las garras de la ultraderecha y arrebatar a Feijóo un considerable voto de españoles centristas, tal vez los suficientes para impedirle gobernar y permitir a los socialistas edificar la mayoría alternativa en el Congreso que apoya al gobierno socialista.


Ahora, Mazón ha consolidado su posición como presidente de la Generalitat con un nuevo acuerdo con Vox, en asuntos tan sensibles como la emigración y la agenda verde europea, que pese a no ser nada populares, son necesarios desde un punto de vista de política institucional, y sobre todo van a permitir a Pedro Sánchez volver a señalar al PP como el partido que asume los postulados ultras. 


Todo ello, cuando hasta ayer nadie daba un duro por el futuro político de Mazón. Tampoco se entiende que Feijóo no hubiera acabado antes con el político valenciano, a quien su gestión de la dana condenaba a una irrenunciable destitución, independientemente de que las responsabilidades por aquello no se agotaran en él y pudieran diversificarse, especialmente por la sensación de desamparo que tuvieron muchos valencianos los días siguientes.


Uno mira con envidia a Alemania, donde los dos partidos centrales del país colaboran y construyen consensos en las grandes cuestiones de Estado. Aquí, en cambio, seguimos tropezando en la misma piedra, eligiendo como compañeros de baile a los extremistas. Unos y otros.

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