Robert Prevost, el nuevo Papa, ha mandando su primer mensaje con el nombre escogido como Sumo Pontífice: León XIV. Eso nos indica la orientación social que insuflará a su apostolado, refrendado por las dos menciones a su antecesor, el Papa Francisco, que ha hecho en sus breves palabras pronunciadas desde el balcón de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
La protección de los más desfavorecidos de la sociedad en un mundo en paz no puede dejar de ser la principal acción de la Iglesia en el mundo en el que vivimos, marcado por el capitalismo económico, cuya expresión más soez la encarna hoy en día Donald Trump, compatriota del nuevo Papa. Lo es desde 1891, cuando León XIII, predecesor onomástico, publicó de Rerum novarum, sobre las Cosas nuevas, referidas al movimiento obrero que había surgido en el mundo industrializado, indicando la apertura de la Iglesia a lo social. Desde entonces, la Iglesia se ha volcado en esa dimensión, como ejemplifican Pío XI con Quadragesimo anno, Benedicto XV con Pacem Dei Munus Pulcherrimum, Juan XXIII con Mater et Magistra y Pacem in terris, y Pablo VI con Populorum progressio; estos dos últimos con el aldabonazo que supuso el Concilio Vaticano II. Todos ellos desarrollaron la doctrina social de la Iglesia, de más de un siglo de existencia, aunque algunos solo la advirtieran con el Papa Francisco.
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