martes, 15 de septiembre de 2015

Tres declaraciones

La primera de ellas hace referencia a lo dicho por Mireia Vehi, candidata de la CUP con opciones de convertirse en diputada en el Parlamento catalán. La representante de la izquierda nacionalista defendió la salida de Cataluña de la Unión Europea, planteamiento que por cierto recoge el programa electoral de la formación asamblearia.

La segunda es de Jeremy Corbyn, el recién elegido líder laborista británico y la esperanza de la una nueva izquierda europea más fiel a sus orígenes, quien ha abogado por permanecer en la UE "bajo cualquier circunstancia". Da gusto escuchar un discurso progresista coherente.

La tercera es de Artur Mas quien ha comparado a Pablo Iglesias, quien precisamente se identifica con Corbyn, con José María Aznar y ha divido el mundo entre independentistas y ultraderechistas. Se trata de una muestra más del reduccionismo binario de esa cortedad ideológica denominada nacionalismo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Tiempo de estadistas

En los últimos cinco años, los griegos habrán votado en cinco ocasiones en unas elecciones generales -incluyendo las previstas para este próximo domingo- y una más en un referéndum, sonrojante hasta para los que lo convocaron. No puede decirse que Grecia no haya decidido su futuro. Los partidarios del denominado derecho a decidir difícilmente encontrarán otro ejemplo más logrado de concreción de sus postulados.

En efecto, los griegos se han hartado de votar, pero la situación del país sigue siendo crítica, algo que los comicios del próximo domingo puede que no ayuden a resolver, salvo que el fraccionamiento resultante obligue a los pactos. Los sondeos apuntan a que ningún partido -tampoco Syriza- logrará alcanzar la mayoría absoluta y eso que el sistema electoral otorga un relevante plus en escaños a la opción vencedora.

Alexis Tsipras parece haber dilapidado la ola de ilusión que le llevó al gobierno, mientras que la derecha griega aún no rentabiliza el desgaste del ya exprimer ministro. Probablemente será el momento de las alianzas, con el objetivo de mantener a Grecia en la Unión Europea. Y sin duda será el tiempo de los estadistas que gobiernen, tomando decisiones y olvidando la demagogia vivida.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Hay partido

A Chema Bermúdez, in memoriam.

La encuesta del CIS sobre las elecciones catalanas, previstas para el próximo día 27, deja una cosa muy clara: hay partido. El sondeo, efectuado entre 30 de agosto y el 4 de septiembre, muestra que a poco más de veinte días, la situación era muy reñida, lo que permite presuponer que hoy en día lo siga siendo. Por ello es tan relevante la campaña electoral que se ha iniciado hoy, por lo que está garantizada una mayor implicación de partidos y políticos, lo que debería conllevar, además, una alta participación ciudadana en aras de la propia democracia. Algo que el propio sondeo parece sugerir, cuando indica que un 77,5% de la población dice que acudirá a votar.

La encuesta muestra una vez más algo evidente, pero que no por ello conviene dejar de repetir: la pluralidad de la sociedad catalana, muy alejada del sueño romántico de aquellos que pretenden una nación monolítica. Pero, a la vez, aparecen datos más inquietantes, que apuntan a un mayor fraccionamiento de la sociedad, debido sin duda a la propia construcción nacional emprendida por los gobiernos de Artur Mas desde hace cuatro años.

El dato más relevante de los resultados del sondeo es que el independentismo pierde terreno, aunque mantiene la mayoría de escaños, que no de porcentaje de votos, quedando muy lejos del 50%, la condición sine qua non para que la que comunidad internacional democrática pueda prestar atención al soberanismo catalán. Convergència Democràtica de Catalunya y Esquerra Repubicana de Catalunya, que en las última elecciones, lograron 71 parlamentarios, verían reducida su presencia en al menos diez menos, lo que evidencia que la táctica de Mas de convocar continuamente elecciones no es nada acertada, al menos para su partido y en conjunto para las formaciones independentistas. En el análisis hecho, no se tiene en cuenta a Unió Democràtica de Catalunya, formación a la que el CIS condena a ser extraparlamentaria. Puede que el partido de Josep Antoni Duran i Lleida esté pagando haber permanecido tanto tiempo en el armario y no haber roto antes con la deriva de Mas, pero me resisto a pensar que finalmente no logrará algún escaño, máxime si tenemos en cuenta que debe haber voto oculto ante tanto resplandor soberanista.

En cualquier caso, los 61 escaños, que el CIS da como orquilla máxima a Junts pel Sí -la coalición electoral en la que CDC y ERC han incorporado a otros independentistas, como el excomunista Raül Romeva-, necesitan de otros siete parlamentarios para la mayoría absoluta. Y aquí merece hacerse especial hincapié en lo que sin duda es el dato más negativo del sondeo: la absoluta dependencia de Artur Mas para proseguir en su hoja de ruta independentista respecto a la asamblearia Candidatura d´Unitat Popular. El CIS otorga a la izquierda nacionalista hasta 8 escaños, cinco más que hace dos años. Juntos, todo el bloque independentista, superaría el listón de los 68 escaños, que marcan la mayoría absoluta. Es decir, Mas necesita de la CUP para continuar con el proceso soberanista y mantenerse en el poder. El dato no es baladí, en la medida en que en que si algo ha acreditado el actual presidente de la Generalitat es su capacidad funambulista para mantenerse en el poder, convenciendo a propios y extraños, incluidos aquellos, como la CUP, que podrían ser reacios a permitir que el ejecutor de los mayores recortes sociales habidos en Cataluña permanezca en el palau Sant Jordi.

La segunda formación en número de votos parece que será Ciutadans, a la que el CIS otorga hasta 20 escaños. Ciudadanos recibe así el premio por haberse posicionado claramente y sin complejos contra el soberanismo, lo que completa con una estrategia elctoral que admite sin tapujos la trascendencia de estos comicios, pidiendo el voto para impedir la salida de Cataluña de la Unión Europea. Todo ello puede convertir a la formación liderada a nivel nacional por Albert Rivera en el partido hegemónico del no independentismo. De hecho, su candidata a la Generalitat, Inés Arrimadas, pretende encabezar el frente que devuelva a Artur Mas a su casa, algo que de momento -a día de hoy- se antoja más como una intención que como un hecho factible.

Pisando los talones a Ciutadans está la candidatura Catalunya Sí que es Pot, que agrupa a Podemos, Iniciativa per Catalunya y otras agrupaciones de izquierda en una fórmula que se mostró enormemente atractiva en las municipales y que permitió a Ada Colau sentarse en el sillón de regidora de Barcelona. El CIS le otorga hasta 19 escaños, hasta cinco más de los que obtuvo Iniciativa en solitario en 2012. Datos que reflejan un ascenso, pero que muestran el techo del efecto Podemos. De hecho, la candidatura izquierdista ha sido incapaz de imponer en la precampaña el discurso social frente al planteamiento nacionalista de Artur Mas. De la capacidad de cambiar eso en las dos semanas restantes antes de los comicios dependerá que Podemos y compañía logren más escaños o vean reducidas aún más sus expectativas. Sin duda, que el demagógico derecho a decidir que llevan en su programa, es un lastre para reconvertir el debate hacia lo que de verdad interesa a la coalición izquierdista. A la par que hace más difícil que Arrimadas logre un apoyo suficiente para desbancar a Mas.

El CIS otorga al Partit dels Socialistes de Catalunya hasta 17 escaños, quedando muy lejos de sus mejores resultados históricos, cuando fue la formación mayoritaria catalana, pero Miquel Iceta parece haber detenido la sangría que llevaba al PSC a la extinción. La clave en la contención de la hemorragia ha sido la expulsión del partido de los soberanistas y la renuncia al derecho a la autodeterminación.

En último lugar aparece un PP con hasta 13 escaños, seis menos que hace dos años. Los populares catalanes pagan así la obediencia a la dirección nacional de su partido que ha preferido sumar en el resto de España de cara a las elecciones generales, sacrificando a los suyos en Cataluña.

Ese es el panorama, cuando quedan dieciséis días para unas trascendentales elecciones. El último dato relevante hace referencia a que hay en torno a un millón de electores que aún no ha decidido su voto. De ellos depende el resultado del partido, que se medirá por los escaños arriba o abajo de los 68 que marcan la mayoría absoluta. Hay, pues, partido. Depende de los catalanes, que ahora, como cada vez que han acudido a las urnas en los últimos cuarenta años, decidirán.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Sueños y pesadillas

Hoy les quiero llamar la atención sobre algo que hace un año estaba de máxima actualidad y que ya hemos empezado a olvidar. Se trata de la famosa prima de riesgo, que en los últimos meses ha vuelto a ascender hasta los 140 puntos, cuando llegó a bajar a noventa.

Gran parte de las razones de ese incremento, que pagamos todos los españoles, inciden en la incertidumbre que el proceso soberanista catalán siembra en los mercados. Hablo del presente, no de un hipotético futuro con un escenario independentista en Cataluña.

Me refiero a que las empresas españolas ya pagan más intereses para financiarse en los mercados de deuda. Y cuando hablo de empresas españolas, aludo tanto a una ubicada en Valverde del Camino, como a otra, con sede en Manresa. Y al hecho de que esas empresas, para subsistir, repercuten ese coste en la sociedad, ya sea mediante el encarecimiento de sus productos o despidiendo a sus trabajadores.

Con todo ello, les quiero explicar que más allá del coste que tendría la independencia de Cataluña, el mero proceso soberanista ya está teniendo una penalización indudable para todos los ciudadanos. Porque lo sueños de unos son la pesadilla de otros.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Vuelve el vascoiberismo

El estudio aparecido en la prestigiosa revista científica PNAS por unos investigadores genetistas amenaza con propiciar ríos de tinta, como siempre ocurre cuando la cuestión nacionalista anda en juego. Según las conclusiones del citado estudio, los agricultores que vivieron en Atapuerca hace entre 3.500 y 5.000 años tienen similitudes genéticas con los vascos actuales.

Más allá de los titulares aparecidos en la Prensa, que inciden en que los vascos no serían tan antiguos como se pensaba al no descender de las poblaciones mesolíticas -anteriores a la agricultura-que recorrían la cornisa cantábrica hace más de diez mil años, lo verdaderamente importante es la conexión que se establece entre poblaciones asentadas cinco mil años después en la meseta ibérica con la población vasca contemporánea.

Los firmantes del estudio no entran en cuestiones de lenguaje, lógicamente, en la medida en que los análisis genéticos nada pueden decir sobre las lenguas que hablan las poblaciones. Pero se puede deducir, dentro de parámetros lógicos, una cierta conexión, basada en una serie de hechos indubitables. Los descendientes de aquellos agricultores hablaban tres mil años después el íbero, mientras que los antecesores de los vascos de hoy tenían como lengua hace unos tres mil años el llamado proto-euskara, también conocido como aquitano, por haberse encontrado evidencias de aquel en aquella región del suroeste francés. Es decir, no sería muy descabellado presuponer, indiciariamente al menos, algún vínculo entre el íbero y el proto-euskara.

Reviviría así la vieja tesis denominada vascoiberismo, que tan en boga estuvo en los siglos XVIII y XIX -por tanto anterior a la aparición del nacionalismo vasco-, que incidía en destacar que los vascos serían los últimos íberos que habrían mantenido su pureza frente a las invasiones de romanos y musulmanes. Cuando el mundo contemporáneo alumbró el nacionalismo, ese planteamiento se tradujo en que los vascos eran los primigenios españoles supervivientes.

Pero que no tiemblen los nacionalistas vascos ni alcen el grito de victoria los nacionalistas españoles, que todo tiene sus matices y recovecos. La existencia de concomitancias entre los pobladores de la hoy burgalesa Atapuerca y los vascos puede alimentar los sueños de la gran Euskadi. Recordemos que fue la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País la primera en intentar trascender el marco provincial vasco proponiendo el "irurac-bat", la tres son una. Los éuskaros navarros la ampliaron al "laurak-bat", las cuatro son una. Y fue Sabino Arana Goiri quien dió el salto sobre los Pirineos hablando del "zazpiak-bat", las siete son una.

Ahora, el estudio genético que establece conexiones entre los vascos y las poblaciones que hace 5.000 años habitaron Atapuerca recuerda los escritos de Manuel de Irujo, uno de los grandes dirigentes del PNV durante el exilio que dedicó muchos de sus escritos a hablar de las zonas limítrofes donde él apreciaba influencias vascas. El que fuera ministro de la Segunda República y senador por Navarra en las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista citaba expresamente Atapuerca, donde establecía el árbol Malato, el límite de su anhelada gran Vasconia. Sus detractores le acusaron de pretender el "hamabostac-bat", las quince son una.

martes, 8 de septiembre de 2015

La inacción

El Ayuntamiento de Barcelona no se adherirá -de momento- a la Asociación de Municipios por la Independencia, AMI, que agrupa al 80% de las localidades catalanas, pero sólo que solo representa al 43% de la población. La corporación barcelonesa no reunió ayer los votos necesarios para ello, estipulados en la mayoría absoluta. La abstención de Barcelona en Comú, la coalición de Ada Colau, impidió que los independentistas superaran ese listón.

La alcaldesa Colau ofreció dos argumentos del sentido de su voto. El primero, incidía en el carácter instrumental de la AMI en manos de Convergència Democràtica de Catalunya, el partido presidido ahora por Artur Mas y que fue fundado por Jordi Pujol, alguien investigado por la Justicia por asuntos económicos. Para Colau, la AMI es una asociación conservadora, alejada de los planteamientos sociales que defienden Podemos y las otras organizaciones que componen Barcelona en Comù.

El segundo, refleja algo cada día más común en la política: la inacción. La regidora de Barcelona considera que la decisión sobre si Barcelona debe encuadrarse en la asociación independentista corresponde a los vecinos de la ciudad, no a sus representantes. Tal planteamiento nace de la desconfianza de determinadas posiciones izquierdistas, usualmente extremas, contra la democracia representativa, cuya máxima expresión son los parlamentos. Para Ada Colau y los que piensa como ella, la verdadera democracia es la asamblearia, convirtiendo al derecho a decidir en el tótem al que la contemporaneidad debe rendir culto.

Aducen que hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, es relativamente sencillo lograr que los afectados por un problema decidan sobre su solución. Sin embargo, en la práctica al final los que participan en estas consultas suelen ser una minoría muy activa, que además dispone del suficiente tiempo libre para ello, y que termina imponiendo sus decisiones. Eso, hace cuarenta años, que también existía el asamblearismo, se llamaba leninismo y se conceptualizaba como la vanguardia que tiraba del pueblo, aunque fuera en una dirección no querida por el propio pueblo.

La denostada democracia representativa evita éste problema. Los representantes, democráticamente elegidos, toman las decisiones oportunas y cada cierto tiempo deben pasar una reválida ante todos los ciudadanos que deciden si les prorrogan o no su mandato.

Como todo en la vida, presenta sus ventajas y desventajas. Sin embargo, la opción menos útil es tener representantes democráticos que no creen en su representatividad, delegan sus poderes en las vanguardias autoconstituidas y condenan de momento a sus gobernados a la inacción.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Estrategia equivocada

La estrategia que Mariano Rajoy emplea con respecto a las elecciones catalanas no me parece my afortunada, por no decir que es contraproducente. De entrada es un error cambiar el funcionamiento del Tribunal Constitucional cuando nos encontramos inmersos en una pre-campaña electoral tan relevante, porque esa decisión tendrá un efecto bumerán, creando rechazo y atrayendo a más de un tibio hacia el tajante independentismo.

Tampoco es acertado basar la campaña en el mensaje de que aquí no va a pasar nada, tranquilizando a los catalanes reacios a la independencia, como si fueran niños que hay que consolar. Creo que sería más acertado hacer exactamente lo contrario y concienciar a los catalanes que aquí sí puede pasar mucho, incluso que pueden terminar viéndose fuera de Europa. La campaña debería incidir en la tremenda relevancia que van a tener estas elecciones. Si en democracia, todos los comicios son importantes, el que se celebrará el 27 de septiembre lo será aún más en la medida en que supone una grandísima oportunidad para cerrar el paso a los que quieren modificar el marco de convivencia aun sin ser respaldados por la mayoría de los catalanes.