Uno de los síntomas de la polarización política de nuestra sociedad es el desarrollo hasta extremos preocupantes del periodismo ideológico; es decir, la política no solo coloniza las instituciones, sino que también lo hace con el Periodismo, redundando en la fractura social que está alcanzando cotas preocupantes. Y en concreto, más que la Política en abstracto, lo hacen los principales partidos políticos existentes en España.
De entrada, para ser honestos, es preciso señalar que siempre ha existido un periodismo ideológico, al menos desde el siglo XIX, cuando las sociedades europeas luchaban violentamente entre el liberalismo y el tradicionalismo. En España fue así y también durante el siglo XX, cuando se enfrentaron el fascismo y el socialismo. Con menos violencia, aunque también la hubo, se dio en la transición democrática. Entonces, había una justificación, que residía principalmente en que el Periodismo debía contribuir a la consecución de la democracia y desde los últimos años del franquismo asistimos a una abundante politización de los profesionales del periodismo que contribuyo primero a la deslegitimación del régimen imperante y su transformación después en otro democrático. Esta reflexión nos debe llevar a preguntarnos si puede existir un periodismo sin ideología, aunque convendrán conmigo en que esta debe limitarse a los grandes principios que desde el final del novecientos han prevalecido: la libertad y la democracia, precisamente los que en este siglo XXI están siendo cuestionados.
Aquí en España, a partir de la transición democrática, que garantizó esos dos principios, el periodismo ideológico se atemperó y empezamos a contar, tal vez por primera vez en la Historia del Periodismo español, con medios de comunicación, donde se valoraba el trabajo profesional del periodista con independencia de su respetable posición ideológica. Hubo también, otros medios, donde el activismo ideológico de los periodistas siguió encontrando acomodo, cuando no era impulsado.
No pretendo entrar en nombres, ni de los periodistas, ni de los medios. Tan solo quiero dejar constancia que en las últimas décadas, sin ser probablemente mayoritario, pero especialmente creciente desde el 15M, hace añora quince años, hay profesionales que han dado rienda suelta a su posición ideológica, siempre respetable, al entender que ese activismo político beneficia a la sociedad en la que vivimos. Igualmente, ocurrió con los medios de comunicación, en los que sus posicionamientos ideológicos eran marcados con mayor o menor intensidad por sus respectivos consejos de administración, entendiendo que era lícita su intervención en la sociedad.
Vuelvo a insistir en que esto último era y es considerado como consustancial al Periodismo, al considerar que este debe transformar las sociedades conforme a la construcciones ideológicas. Por lo que desde la aparición del Periodismo ideológico, coetáneo a la Edad Contemporánea, hemos asistido a una práctica profesional donde la ideología mantiene un peso relevante, en detrimento de otro periodismo posible en el que se apueste con carácter exclusivo en la relevancia de los hechos y la salvaguardia editorial de los principios que solidifican y no destruyen la colectividad social.
Sin embargo, a lo que estamos asistiendo en los dos últimos años nos ha llevado a la antítesis de ese periodismo de hechos. Y en las últimos meses y semanas estamos llegando al paroxismo. Es verdad que algunos de los que practican ese periodismo ideológico sin límites no son profesionales, pero su labor en los medios los asimila. Y más al servicio de los partidos, que de la propia política.
Ahora, un mero auto judicial se ha convertido en lo propio y en lo contrario, polarizando y fraccionando a la sociedad mediante una práctica periodística fuertemente ideologizada. Necesitamos de profesionales periodistas que se limiten a contar los hechos y circunscriban la ideología a los consensos mayoritarios de democracia y libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario