lunes, 18 de mayo de 2026

Retroalimentación

La victoria electoral del Partido Popular en Andalucía ha quedado en segundo plano ante los dos verdaderos triunfadores de tales comicios: Pedro Sánchez y Santiago Abascal. Los dos, ademas, se retroalimentan por lo que se confirma que el año que queda antes de las próximas elecciones generales vamos a asistir a un mutuo desafío descalificador de las posiciones de ambos que aumentará aún más la crispación política e incrementará la social. La polarización de nuestra sociedad, pues, encontrará terreno fértil para cabalgar a rienda suelta, haciendo posible un escenario temible de fractura social que tiene mucho de generacional.


Pedro Sánchez, consciente de su apoyo entre el electorado más mayor, aquel que guarda la memoria del luctuoso pasado español, intensificará su estrategia de deslegitimación de toda la derecha, incluido un PP que necesita de Vox para forzar el cambio. Las certeras acusaciones de fascismo contra la formación de Abascal no terminan en Vox porque contaminan al PP por su obligado seguidismo de este. Es en suma el argumento ideal para que Pedro Sánchez se fortifique en la Moncloa y opte por retrasar las próximas elecciones hasta julio próximo, agotando completamente la legislatura, donde el PP ha sido el partido mayoritario, pero sin poder convertir ese caudal de votos en poder gubernamental a nivel nacional. La estrategia del presidente del Gobierno pasa por destacar la dependencia del PP respecto a Vox, confirmada de nuevo en los comicios andaluces, lo que hasta ahora ha limitado a un Alberto Núñez Feijóo incapaz de deshacer ese estigma y convertir en rentable el dicho de hacer de la necesidad virtud.


Santiago Abascal, que cuenta con el viento a favor demográfico, tiene por delante un año para afilar sus acusaciones contra la izquierda que representa Sánchez que necesitado de unos socios soberanistas mantendrá su agenda plurinacional de España, que presenta en estos días su siguiente hito con ERC, la Hacienda catalana y los presupuestos de la Generalitat, jalones por lo que se ha incinerado a lo bonzo María Jesús Montero, arrastrando al PSOE andaluz a sus peores resultados territoriales. Una construcción de una España plurinacional -un paso más allá del actual Estado Autonómico- contestada por un considerable sector nacional español que también está representado en esas autonomías gobernadas por dirigentes  deseosos de romper los lazos con el Estado actual ya de por sí descentralizado. Es preciso recordar que Vox ni siquiera acepta el Estado Autonómico por lo que acelerará sus críticas contra los que califica de rojos separatistas, máxime teniendo una considerable base de afiliados que no creen en absoluto en la democracia, sobre todo entre su población más joven.


Malos augurios, pues. Fascistas contra rojos separatistas, y viceversa. Y en medio, la mayoría de los ciudadanos de un Estado desorientado, que ven peligrar el objetivo progreso alcanzado en cuatro décadas de democracia con graves problemas que el ruido polarizado impide afrontar como la escasez de vivienda, el mantenimiento de las pensiones, una sanidad con dificultades de conservar sus estándares amenazados y una educación en clarísimo retroceso. Eso sin contar con el mundo exterior, donde los señores de la guerra cabalgan al galope, empobreciéndonos a todos.

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