sábado, 14 de junio de 2025

El rey está desnudo

De repente, políticos, periodistas, empresarios y resto de la élite dirigente del país se ha caído del guindo y ha constatado sencillamente que Pedro Sánchez, un dirigente que ha hecho de la resistencia su divisa, está desnudo; parafraseando al cuento de Andersen.


Es sorprendente y decepcionante que la clase dirigente de nuestra sociedad haya tenido que esperar a la implosión del caso Santos Cerdán para admitir una evidencia: Pedro Sánchez no está a la altura de encabezar el gobierno de España. Es cierto que a parte de esa élite, incluidos muchos periodistas, les ha podido la ideología que a modo de cegadoras anteojeras oscureció su raciocinio. Pero, también los ha habido entre aquellos donde no predomina la ideología e incluso entre aquellos que llevan años engordando el antisanchismo y que ahora, de repente, constatan que la capacidad de liderazgo del presidente es infinitamente más débil de la creída, que, en suma, no es un aceptable gestor de personas y equipos.


Porque al final esto sí va de personas, pese a que el propio Sánchez hiciera pivotar su argumentación negándolo en un vano intento de crear un cortafuegos con su sonada intervención ante la prensa en la sede del Partido Socialista. Va de un dirigente que ha sido incapaz de liderar una estructura ajena a la corrupción, no solo una vez sino en dos ocasiones. Incluso, de creer su palabra, el todopoderoso Pedro Sánchez, todavía desconocía en la misma mañana en que se hizo público el informe de la Guardia Civil, la devastación que se le venía encima.


A él, pero sobre todo a un Partido Socialista cuyo hundimiento será aún mayor cuanto más prolongue la agonía Pedro Sánchez. Y eso ya, efectivamente, es más relevante que las personas, porque la restauración democrática ocurrida hace cuarenta años ha estado basada permanentemente en la alternancia en el poder de dos partidos, representantes de las dos ideologías predominantes en nuestro país, y que ambas llevan casi ya un siglo demostrando en Europa que su alternancia es la única manera de conducir los asuntos públicos en un marco democrático y de derecho.  


Dejar enormemente mermada una de esas patas, es el mayor crimen que puede cometer una persona, porque esto sí va de personas. De una que está desnuda.

jueves, 8 de mayo de 2025

León XIV

Robert Prevost, el nuevo Papa, ha mandando su primer mensaje con el nombre escogido como Sumo Pontífice: León XIV.  Eso nos indica la orientación social que insuflará a su apostolado, refrendado por las dos menciones a su antecesor, el Papa Francisco, que ha hecho en sus breves palabras pronunciadas desde el balcón de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.


La protección de los más desfavorecidos de la sociedad en un mundo en paz no puede dejar de ser la principal acción de la Iglesia en el mundo en el que vivimos, marcado por el capitalismo económico, cuya expresión más soez la encarna hoy en día Donald Trump, compatriota del nuevo Papa. Lo es desde 1891, cuando León XIII, predecesor onomástico, publicó de Rerum novarum, sobre las Cosas nuevas, referidas al movimiento obrero que había surgido en el mundo industrializado, indicando la apertura de la Iglesia a lo social. Desde entonces, la Iglesia se ha volcado en esa dimensión, como ejemplifican Pío XI con Quadragesimo anno, Benedicto XV con Pacem Dei Munus Pulcherrimum, Juan XXIII con Mater et Magistra y Pacem in terris, y Pablo VI con Populorum progressio; estos dos últimos con el aldabonazo que supuso el Concilio Vaticano II. Todos ellos desarrollaron la doctrina social de la Iglesia, de más de un siglo de existencia, aunque algunos solo la advirtieran con el Papa Francisco.


martes, 18 de marzo de 2025

Tropezar en la misma piedra

Es difícil de explicar como Alberto Núñez Feijóo puede volver a equivocarse y sobre todo intentar comprender que ascendiente tiene Carlos Manzón sobre el líder nacional del PP para que este se haya apresurado a respaldar el pacto de presupuestos alcanzado por el presidente de la Generalitat valenciana con Vox e incluso insinuar que puede extenderse el modelo en otras comunidades autónomas.


A un mes de las últimas elecciones generales, aquellas en las que el PP se quedó a las puertas de la Moncloa, Mazón forzó su elección como presidente valenciano con el apoyo de Vox con un pacto de investidura, a costa de facilitar que el PSOE de Pedro Sánchez implementara una estrategia consistente en identificar al PP como un partido que había caído en las garras de la ultraderecha y arrebatar a Feijóo un considerable voto de españoles centristas, tal vez los suficientes para impedirle gobernar y permitir a los socialistas edificar la mayoría alternativa en el Congreso que apoya al gobierno socialista.


Ahora, Mazón ha consolidado su posición como presidente de la Generalitat con un nuevo acuerdo con Vox, en asuntos tan sensibles como la emigración y la agenda verde europea, que pese a no ser nada populares, son necesarios desde un punto de vista de política institucional, y sobre todo van a permitir a Pedro Sánchez volver a señalar al PP como el partido que asume los postulados ultras. 


Todo ello, cuando hasta ayer nadie daba un duro por el futuro político de Mazón. Tampoco se entiende que Feijóo no hubiera acabado antes con el político valenciano, a quien su gestión de la dana condenaba a una irrenunciable destitución, independientemente de que las responsabilidades por aquello no se agotaran en él y pudieran diversificarse, especialmente por la sensación de desamparo que tuvieron muchos valencianos los días siguientes.


Uno mira con envidia a Alemania, donde los dos partidos centrales del país colaboran y construyen consensos en las grandes cuestiones de Estado. Aquí, en cambio, seguimos tropezando en la misma piedra, eligiendo como compañeros de baile a los extremistas. Unos y otros.

jueves, 20 de febrero de 2025

La estrategia antiamericanista

Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar su capacidad para olfatear, adelantarse y presentarse al frente de los estados de opinión pública. Lo ha hecho, de nuevo, con el antiamericanismo redivivo en nuestro país tras la asunción de Donald Trump de la presidencia de los Estados Unidos y sus primeras decisiones que han desatado la repulsa en amplios sectores sociales europeos. En poco tiempo, la gradación del combate dialéctico del presidente del Gobierno se ha incrementado: lo que empezó siendo una crítica a la oligarquía tecnológica, ya es un ataque frontal contra el propio dirigente de los Estados Unidos.


No es que tal antiamericanismo sea algo nuevo en nuestro país. Sus raíces se pueden hallar en 1898 con la guerra que enfrentó a España con Estados Unidos y que supuso la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Aquella contienda suscitó el unánime rechazo de la sociedad española ante la violencia de aquel país emergente que iniciaba su andadura en la política internacional, tan solo matizada por unos incipientes partidos y sindicatos de izquierda que mostraron su rechazo al envío de tropas a aquellos territorios.  Sin embargo, el antiamericanismo no tardaría en extenderse entre esa propia izquierda, algo que al menos hasta la Segunda Guerra Mundial había sido privativo de la derecha, cuyos sectores más fundamentalistas apoyaron a Alemania, enemiga de Estados Unidos en aquella conflagración, enviando incluso al frente ruso la División Azul. No obstante, acabada la guerra, Franco, que también sabía moverse, vio que el viento había cambiado y tuvo la habilidad de posicionarse a favor de los vencedores americanos, logrando el perdón de sus mandatarios que apoyaron a un régimen que dejó de ser totalitario, sin dejar de ser dictatorial. Motivo para que la izquierda abrazara el antiamericanismo, especialmente álgido en el tardofranquismo. Recordemos las campañas contra las bases americanas y, entrando ya en la transición democrática, contra la OTAN, vista como una organización esencialmente instrumentalizada por los Estados Unidos para confirmar su mando sobre Europa.


Ahora, Sánchez asume plenamente los postulados antiamericanistas, lo que le permite reducir aún más el espacio a su izquierda, incapaz de modificar su pacifismo ingenuo que la tragedia de Ucrania hace y hará más evidente. Pero sobre todo, elimina el oxígeno de una derecha que una vez más ha sido cogida a contrapié y que se limita a enviar el débil mensaje de que lo mejor para España sería hacerse pequeñita y no destacar en las críticas al todopoderoso Trump, dando alas a la derecha fundamentalista en su devoción por el presidente de los Estados Unidos. Una estrategia política, la de Sánchez, que no parece buscar una política de Estado, que se limita a sacar réditos electorales, dejando en evidencia a Sumar y Podemos, y dividiendo aún más a la derecha y engordando el caudal de votos para Vox. Nada nuevo, por parte del presidente del Gobierno que lleva haciendo lo mismo desde el inicio de la legislatura, pero que ahora dispone de más munición, rescatando el secular antiamericanismo.  

jueves, 9 de enero de 2025

El expansionismo de Trump

Las primeras declaraciones públicas de Donald Trump como presidente electo de los Estados Unidos han sembrado de preocupación al mundo, también a Europa, al airear sus aspiraciones expansionistas. Tal exposición en una rueda de prensa, aunque haya sido hecha sin desarrollarlas conceptualmente al modo de una bravata, ha sido vista como la asunción por parte de Trump del imperialismo norteamericano, que tuvo su carta de nacimiento en 1898 en una guerra precisamente contra España, y su punto álgido tras la Segunda Guerra Mundial, singlando todo el siglo XX con escasísimas excepciones, como por ejemplo la presidencia de Jimmy Carter. Sin embargo, tal imperialismo contrasta con la primera presidencia del propio Trump, en la que también estuvo presente el principio contrario, el aislacionismo norteamericano, que también había tenido sus momentos preponderantes a lo largo del novecientos.


Parecería, pues, que hemos pasado del Trump aislacionista al Trump imperialista, que, de una manera fanfarrona, asegura que él solucionará en un día la Guerra de Ucrania y amenaza con convertir a Oriente Próximo en un infierno (más aún) si los palestinos no se pliegan totalmente a los intereses israelíes. Sin embargo, si solo se tratara de baladronadas, podríamos seguir admitiendo que el expansionismo anunciado permanece dentro del concepto aislacionista. No en vano, este último está basado en la doctrina Monroe, de 1823, que se fundamenta en un principio bastante simplista, muy propio de populistas: la no intervención de Europa en los asuntos americanos; resumido en el eslogan de “América para los americanos”.


Para dilucidar, pues, si estamos en una nueva fase, claramente imperialista, conviene analizar lo dicho por Trump en su residencia de Mar-a-Lago. Allí, a preguntas de un periodista, sobre si contemplaba una intervención militar par anexionar Canadá, el presidente electo descartó tal posibilidad, pero aseguró que podría hacer uso de otra fuerza, la económica, con el objetivo de suprimir la actual frontera que separa ambos países. Obviamente, tal afirmación, que implicaría que Canadá se convirtiera en el 51 estado de los Estados Unidos, no ha dejado de ocasionar incertidumbre y también oposición en el país norteño, pero no por ello se saldría de la doctrina Monroe, del aislacionismo. No en balde, el jefe de Estado de Canadá sigue siendo el rey de Inglaterra, hoy en día Carlos III. Y aquí conviene recordar que el Reino Unido abandonó la Unión Europea en 2020, en un movimiento que alentó Trump en su primera presidencia.


El expansionismo anunciado por Trump tenía otros dos objetivos, estos sí claramente amenazados por una invasión mediante la fuerza militar: Groenlandia y el canal de Panamá. La primera, sí que pertenece a un país de la Unión Europea, en concreto a Dinamarca desde hace más de un milenio, pero se trata de una isla situada geográficamente mucho más cerca del continente americano que del europeo, hasta el punto que difícilmente se puede negar que sea una isla americana. El segundo, supone una vuelta de Estados Unidos al canal de Panamá, desde que en 1914 se hizo con él, después de conseguir años antes separar ese territorio de Colombia y crear un nuevo Estado, llamado Panamá. La zona del canal dominada por Estados Unidos acabó en 1979, cuando Jimmy Carter restituyó a Panamá su control. La razón aducida por Trump ahora para pretender justificar la vuelta es que, en su opinión, quien domina económicamente hoy en día el canal es China. De ahí, que una invocación a la doctrina Monroe tendría su sentido.


Independientemente de todo ello, si debemos hablar de imperialismo o de aislacionismo, lo que no se puede negar es que en los tres casos (Canadá, Groenlandia y canal de Panamá) se trataría simple y llanamente de expansionismo estadounidense, tampoco muy alejado del que reclamaba Hitler en los años treinta para Alemania, origen de la Segunda Guerra Mundial, con una salvedad: Trump aduce motivos económicos, mientras que el dictador alemán lo hacía por criterios étnicos. 


En cualquier caso, la peligrosidad de dicho expansionismo, aunque de momento solo sea anunciado, reside en que acaba con el principio de la inviolabilidad de las fronteras, lo que puede alentar más a Rusia en sus expediciones bélicas, más allá de Ucrania, y a China en Taiwán. Si el todavía país hegemónico en el mundo, Estados Unidos, se salta el principio que garantiza la estabilidad de los Estados existentes, ¿por qué razón China no puede emprender a su vez una expansión territorial y Rusia consolidar sus conquistas en Ucrania y aspirar a otras sobre los países que una vez formaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas? 


¿Y Europa? La Unión Europea pierde de todas maneras. Directamente, porque vería reducido el espacio soberano de uno de sus países (Dinamarca), sin plantearse futuribles más lejanos si la expansión rusa diera el paso más allá de Ucrania. Y cabe añadir que en esa misma rueda de prensa de Mar-a-Lago, Trump exigió a los socios de la OTAN que suban sus contribuciones a la defensa común al 5% de su Producto Interior Bruto (España no llega ni al 2%). En cualquier caso, malos tiempos para los europeos, aunque solo sea por aplicación de la aislacionista doctrina Monroe.

domingo, 8 de diciembre de 2024

Fin a un régimen de 53 años

Lo que hemos visto en Siria en las últimas horas es el fin de un régimen que ha durado 53 años, desde que el padre del hasta ahora dirigente tomó el poder en 1971, instaurando una dinastía, los Asad, apoyados en un partido de izquierdas, el Baaz, y en una minoría chií, los alauíes. En cambio, los que han triunfado, ocupando Damasco, son islamistas y pertenecientes a la mayoría sunní. Los primeros tenían el apoyo de Rusia y de Irán, mientras que los segundos de la Turquía neotomana, a la par que son preferidos por Israel, el agente regional de Estados Unidos en la zona. 


La Guerra Civil que vive desde hace más de una década gran parte del mundo árabe, iniciada tras la llamada Revolución de la Primavera, ha tenido con el cambio de régimen en Damasco un jalón más, que aún es pronto para considerar definitivo en la lucha entre sunníes y chiíes.


Para entender todo esto hay que remontarse al colonialismo occidental del mundo árabe que puso punto final al Imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial. Francia, potencia hegemónica aún entonces, y el Reino Unido se repartieron el mundo árabe. La decadencia de esos dos países facilitó que tras la Segunda Guerra Mundial, por la que Estados Unidos y la Unión Soviética se erigieron en las nuevas potencias mundiales, descolonizaran la zona, creando dos estados que tendrían mucho de fallidos, apoyándose en las dos minorías de clases medias en las que habían basado su dominio. Francia creó el Líbano, dejando como minoría en el poder a los cristianos maronitas, con los que sintonizaban por su catolicismo, y Siria, dejando a la minoría alauí al frente de un Estado de mayoría aplastantemente sunní. 


El instrumento ideológico para ello fue el Baaz, un partido panarabista que podríamos traducir como Resurrección o Renacimiento, con planteamientos laicos y socialistas. Una vez tomado el poder en Siria, un militar alauí, Hafez el Asad, se hizo con las riendas del país, instaurando una dinastía que ha llegado a su fin con su hijo Bachar. Los Asad dominaron dictatorialmente Siria durante cinco décadas, convirtiéndose en una pieza esencial en el engranaje del poder chií frente a los sunníes en la media luna árabe y apoyando a todas los movimientos de esa rama islámica, como Hizbulá. Por eso, Israel ha recibido a las nuevas autoridades sunníes sirias, tendiéndoles la mano. Ahora, habrá que ver que tipo de régimen instauran. Los primeros indicios, basados en las conexiones pasadas con el teocrático Estado Islámico, apuntan a un régimen islamista en el que la democracia, una vez más, tendrá escasas posibilidades de existir.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Juan Lobato

La actuación de Juan Lobato ante el caso del novio de Díaz Ayuso ha desconcertado a la práctica totalidad de comentaristas y políticos del país, sin que hayan aparecido explicaciones sólidas y argumentadas.


Este blog no aspira a suplir tamaña empresa, pero apunta a una hipótesis que solo es posible verla si ponemos un final al liderato de Pedro Sánchez, extremo que independientemente de la cercanía o lejanía del mismo, dependiendo de las simpatías políticas del lector, algún día tendrá que ocurrir.


Ese día, Juan Lobato podrá presentarse como el socialista adelantado que lo vio venir, discrepando con un modelo de actuación gubernamental determinado, que se hizo visible con el intercambio de chats con Sánchez Acera, y proponerse, como adelantó ayer en el Senado, para liderar la reconstrucción de un partido, el socialista, que precisará de un cura de cesarismo. Restauración que, en cualquier caso, será necesaria para la democracia en España.

martes, 26 de noviembre de 2024

Democracia y Justicia

Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, está logrando despejar su horizonte judicial, un futuro adverso que está revertiendo desde que salió elegido en las presidenciales norteamericanas. Las graves acusaciones que pesaban contra él por injerencia electoral y asalto al Capitolio han sido cerradas a petición de la fiscalía, que entiende que no se puede perseguir penalmente a un presidente.


La consecuencia que se extrae es que la democracia puede legitimar las conductas delictivas lo que representa un grave problema al Estado de Derecho. Y un error, porque los votos no debieran exonerar a nadie de los hechos cometidos, como fue, al menos a nivel indiciario, su incitación a ocupar el órgano legislativo estadounidense con la intención de acabar con una democracia bicentenaria. 


Un estado democrático debe tener la capacidad de impedir que la democracia acabe con la propia democracia. Y eso solo puede hacerse desde el respeto a la legalidad, cuya preservación incumbe a lo judicial como un poder del Estado. Lo digo porque podemos encontrar muchos ejemplos pasados, como la ascensión al poder de Adolf Hitler, pero sobre todo para evitar que lo repitamos en el futuro, no solo en Estados Unidos.


Aquí, en España, abundan las críticas al poder judicial, incluso emitidas desde los representantes de los otros poderes, sin comprender que un Estado de Derecho es aquel que preserva la Democracia y la Justicia, combinando ambos principios sin menoscabo de ninguno de ellos. Erosionar la legitimidad de la Justicia en nombre de la Democracia es una pendiente peligrosa que puede convertir a una democracia, como la estadounidense, en un Estado sin Derecho.

lunes, 4 de noviembre de 2024

Ha fallado el Estado

En toda la crisis ocurrida por la Dana ha fallado claramente el Estado. Esa es la principal conclusión que ha dejado el reguero de destrucción de una gota fría que se ha llevado por delante, de momento, a más de dos centenares de vidas, decenas de miles de damnificados y un cuantioso daño económico todavía por calcular. Si quedaba alguna duda, las imágenes de la visita ayer de los reyes, del presidente del Gobierno y de la Generalitat valenciana debería despejarla ante la vista de los damnificados que identificaron sin lugar a dudas a los representantes del Estado español con su ira vehemente. 


Y cuando hablo del Estado, me refiero a todos sus superpuestos poderes, centrales y autonómicos, que todos son el Estado español. La tardanza en movilizar los medios y efectivos necesarios ante la magnitud del desastre ha sido la principal crítica recibida, emitida desde los propios afectados y desde los expertos que han hablado. Y ahí, caben las reconvenciones a un gobierno regional valenciano que tardó demasiado en alertar a la población, pero también a un gobierno central que no fue capaz de asumir el mando que demandaba una crisis de carácter evidentemente nacional. No caben excusas, la Generalitat se vio desbordada y el Gobierno no fue capaz de tomar el mando, pese a la cobertura constitucional que le hubiera amparado. Sin duda, que los complejos centralistas pesaron en la inacción gubernamental, máxime en un gabinete tan dependiente de sus socios nacionalistas. Y también, los tics contrarios existentes en el partido que sustenta al ejecutivo regional valenciano.


El resultado fue que a lo largo de al menos durante cuatro días el Estado no estuvo presente en las comarcas afectadas, más allá de los pocos efectivos de la UME que se desplegaron pronto en pocas zonas. Porque esa es otra lección que no nos convendría olvidar. El principal instrumento de un Estado es su ejército y para eso debe estar, para ayudar a los ciudadanos, que desprovistos de esa poderosa herramienta tuvieron que autoorganizarse para paliar en los primeros días la destrucción recibida. Y esa ha sido la crítica principal que ayer escucharon los reyes. Estos, por lo menos, lo hicieron, salvando la cara al Estado.


Ya habrá tiempo de exigir responsabilidades políticas y de profundizar en las causas que han flotado en toda esta crisis. También, las más profundas, como la de un Estado que ha permitido construir sistemáticamente en torrenteras y al que le cuesta emprender las necesarias medidas para garantizar la vida de sus ciudadanos en una época de cambio climático como la que vivimos, para lo que será necesario acallar con argumentos científicos a los negacionistas, reconduciendo racionalmente la deliberación. Todo ello, deberá presidir el debate que debemos afrontar en el futuro, si queremos darle futuro al Estado.

sábado, 3 de agosto de 2024

Confederalización

El acuerdo entre el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) y Esquerra Republicana de Catalunya, cuyas bases ya han refrendado con una ajustada mayoría, supondrá, de implementarse en la realidad, un decisivo refuerzo del confederalismo en la estructura territorial española. 


Hasta ahora, solo dos comunidades autónomas disponían de una relación bilateral con el Estado español en materia financiera, uno de los elementos consustanciales del concepto político de confederación: la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra. Ambas en virtud de la cláusula de reconocimiento foral de nuestra Constitución de 1978, que ampara los instrumentos económicos neoforales. Aunque para ser exactos, convendría precisar que los sujetos confederales de ello son Navarra y cada una de las tres provincias vascas.


Por ello, las provincias vascas disfrutan del Concierto Económico y Navarra del Convenio Económico, consistente básicamente en que son ellas las que cobran los impuestos y, tras acordar con el Estado, cuanto han de pagar por los gastos de los organismos estatales no transferidos, y ceder una moderada contribución solidaria al resto de los españoles, deciden soberanamente donde emplear el remanente. Es lo que se conoce como el cupo, que tiene un perfil de riesgo para tales sujetos confederales, en la medida en que en situaciones de crisis económica la bonanza recaudatoria puede disminuir peligrosamente. Esa fue la razón por la que Jordi Pujol declinó asumir la fórmula de concierto, antes de la promulgación constitucional. Por ello y a falta de conocer la letra pequeña del acuerdo PSC-ERC, en el texto suscrito por los socialistas se ha intentado evitar tal escenario negativo para Cataluña, lo que convierte tramposamente en mucho más atractivo dicho planteamiento confederal. 


Los únicos que han hablado hasta hoy de lo acordado, los independentistas de Esquerra, ante el temeroso silencio socialista, han querido mandar el mensaje de que el nuevo concierto catalán será solidario con el resto de regiones españolas, dando a entender que el vasco-navarro no lo es. Pero, menos parece que lo sea, el catalán. Me explico. Pese al anuncio solidario, este nunca sobrepasará, según lo dicho por ERC, el principio de ordinalidad; es decir, el resultado final deberá respetar que se mantengan las posiciones de los territorios de acuerdo a los recursos disponibles por habitantes. Dicho claramente, al ser Cataluña uno de los territorios de mayor capacidad fiscal, la solidaridad estará limitada a que no se altere en ningún caso dicha preeminente situación.


Tales problemas no son, sin embargo, los más preocupantes. La principal diferencia entre los territorios vasco-navarros y Cataluña incide en que el peso del País Vasco y Navarra en la economía española es hoy en día de un 8%, mientras que Cataluña alcanza el 20%. Es esa terca realidad económica la que convierte el acuerdo del PSC y ERC en lesivo para los intereses del Estado. En un planteamiento federal, como el actual, el Estado decide donde invierte el 50% de lo recaudado en todos los territorios (salvo País Vasco y Navarra). Es decir, el gobierno central dispone de una fortaleza fiscal considerable para atender los desequilibrios existentes entre las distintas comunidades autónomas. Si Cataluña, sale del régimen común fiscal (que incluye a todas las comunidades, salvo las dos forales mencionadas), el gobierno central verá notablemente reducida su potencia fiscal y consecuentemente podrá atender menos a las regiones más desfavorecidas. La resultante será que aumentarán las diferencias económicas entre Cataluña y el resto del Estado (salvo País Vasco y Navarra). Por eso, no es propio de un gobierno que tiene a gala denominarse progresista, que favorezca que los ciudadanos dispongan de menos recursos públicos según el territorio en el que vivan.


Y por supuesto, que esa política no es federal, pese a que el presidente del Gobierno haya dicho (lo único que ha expresado hasta ahora) que avanza en la federalización de la España autonómica. No. Es una regresión federal y un avance confederal, hacia un modelo que, mucho más que con el existente caso vasco-navarro, limita la fortaleza fiscal del Estado español, del 92 al 72%, en concreto, en detrimento de su construcción nacional, que en clave federal fue iniciada en la transición democrática, y en beneficio de la construcción igualmente nacional y soberana de Cataluña, avanzando en la confederación.


Tal conclusión no nos debe parecer extraña, si atendemos que el acuerdo no solo es de ERC, pese a que haya habido cerca de 3.000 independentistas catalanes que hayan votado en contra de la racionalidad, algo mucho más común de los que nos parece en el ser humano, sino también del PSC. Y aquí está una de las claves del asunto, que exonera de parte de la culpabilidad a Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno es rehén del PSC, incluso del moderado dirigido por Salvador Illa. Los resultados electorales socialistas dependen del granero catalán, mucho más que del vasco-navarro. Y ahora, hay que pagar la factura. Es el PSC quien impone este acuerdo que pretende dar luz verde al concierto catalán y Pedro Sánchez es prisionero de los socialistas catalanes, que en las últimas elecciones lograron romper el pronóstico y mantenerle in extremis en la Moncloa. 


Tal hecho no quita responsabilidad política a Sánchez, quien ha basado su exiguo respaldo parlamentario en el apoyo de ERC y toda su estrategia política de supervivencia. Forma parte de la existencia de un gobierno que debilita a España y que afronta ahora, una vez que Illa sea president, una nueva reválida. No solo porque Junts debe clarificar si sigue apoyándole, una vez despejada la incógnita del futuro de Puigdemont, cuya valentía no le ha obligado a entregarse antes de que las bases de ERC votaran, sino porque la rebelión puede extenderse a otros socios: Compromís, Izquierda Unida, Chunta, sin contar con un PNV que igual empieza a despertar, ante la ofensa solidaria. También es la primera vez que el propio PSOE parece turbarse ante lo que viene, un partido hasta ahora plegado al cesarismo. Veremos, como diría el maestro Miguel Ángel Aguilar.


lunes, 15 de julio de 2024

A desmano de Irulegi

El 14 de noviembre de 2021, se presentó a los medios de comunicación, en un acto que contó con María Chivite, la presidenta de Navarra, el hallazgo en el valle de Aranguren de una lámina de bronce, llamada la Mano de Irulegi (MdI), con una inscripción que acreditaría el testimonio escrito más antiguo existente en lengua vascónica, en concreto del siglo I a.c.


La Sociedad de Ciencias Aranzadi, responsable de las excavaciones del poblado de Irulegi, habitado desde la Edad del Bronce Medio-Tardío, siglos XV-XI a.c., presentó dicho descubrimiento con el boato apropiado que acreditaba dos milenios de la lengua vasca, señalando como todavía aparece en su página web que se trataba de un objeto ritual que se colgaba en la puerta de entrada de una vivienda del poblado con el fin de que protegiera el hogar. Para ello, se basaba en una perforación que presenta la lámina y en la primera palabra de la inscripción que leía como Sorioneku, traduciéndola como `de buena fortuna´. La analogía con el zorion del euskera actual, `fortuna´, hizo el resto, a la hora de trasladar a la población la relevancia de lo descubierto por una de las instituciones culturales que más ha hecho por la construcción nacional vasca.


Sin embargo, después de dos años, los estudios que lógicamente han suscitado la MdI han relativizado y contextualizado el mensaje propagado. El objeto de este artículo que ahora leen es trasladar a la opinión pública, las aportaciones de un elenco de eruditos sobre la MdI que aparecieron en el número del segundo semestre de 2023 en la revista Fontes Linguae Vasconum, como resultado de un seminario celebrado en la Universidad del País Vasco (UPV) que reunió a los más granado de especialistas en el asunto.


Dichos eruditos en diversas disciplinas y áreas de conocimiento, como son la paleohispanística y la vascología, coinciden en destacar algo que para ser justos no fue ocultado en la presentación de Aranzadi, el hecho de que el poblado de Irulegi fue abandonado tras un conflicto bélico en el primer cuarto del siglo I a.c., que identificaron con las guerras sertorianas romanas, aquellas que siendo en su origen un conflicto civil de la metrópoli, terminaron por implicar a las poblaciones que habitaban la península ibérica, como una consecuencia más del dominio de Roma sobre estas tierras. 


Francisco Beltrán, de la Universidad de Zaragoza, señala que la casa donde apareció la MdI quedó destruida: “La carencia de la muñeca y la disposición invertida de la mano (…) aleja la MdI del gesto habitual de saludo o adoración que presenta siempre la mano abierta con los dedos hacía arriba e induce a explorar otras vías interpretativas”. Entre estas, el autor hace referencia a las “manos diestras amputadas a los enemigos vencidos y exhibidas como trofeos de guerra”, costumbre atestiguada entre los celtíberos. No se trataría, pues, el MdI de un simpático objeto ritual de salutación colgado en una puerta, sino de una expresión de la violencia de aquella época, lo que inevitablemente desluciría, a nivel del relato, la aparición más antigua de la lengua vascónica. La ausencia de la muñeca y los dedos hacia abajo diferenciaría, pues, a la MdI de las manos representadas en las denominadas teseras de hospitalidad, que entonces empezaban a propagarse en aquel mundo ya influido por Roma. Unas teseras que nos hablaban de pactos, no de violencia, diferenciándose, según esta hipótesis, de la MdI.


Opinión similar mantienen Joaquín Gorrochategui, el catedrático de la UPV y miembro de Euskaltzaindia considerado el mayor experto en el antiguo aquitano, antecesor del euskara, y Javier Velaza, catedrático de la Universitat de Barcelona, quienes relacionan las palabras escritas en la MdI “con el grave conflicto bélico del momento expresado mediante el símbolo de la mano cortada, que hace referencia al enemigo vencido y por consiguiente la victoria”. Otra interpretación ofrece Eduardo Orduña, compañero de Velaza en la universidad catalana, quien considera que la MdI es “un texto de carácter votivo”; es decir, la lámina de bronce sería un ofrecimiento, ya que “sigue el típico formulario de las inscripciones votivas: nombre del dedicante, teónimo y verbo de dedicación”. Para Orduña, el signario -el conjunto de caracteres escritos- es una adaptación específicamente vascona del signario ibérico, “en un territorio en el que se atestiguan al menos dos lenguas, vascónico y celtibérico”. Sorion sería pues un nombre propio, en concreto del donante a una divinidad, Otzirtanes, completada con un verbo de dedicación: eraukon, palabra que, coincidiendo con Gorrochategui y Velaza, podría relacionarse con el verbo vasco actual eradun, que significa `dar´ o `hacer tener´.


Pese a las dificultades para aislar las palabras que aparecen en la MdI y en superar el galimatías de que la inscripción fue hecha en dos fases, la primera mediante esgrafiado -con un punzón- y la segunda punteada, no coincidentes en todos sus signos, la mayoría de los autores reunidos en el seminario se inclinaban por considerar vascónica la lengua empleada, aunque Julen Manterola, de la UPV, y Céline Mounele, de la Université de Pau et des Pays de l´Adour, sostienen que una filiación vasca del texto no puede ser comprobada; y Eneko Zuloaga y Borja Ariztimuño, ambos de la UPV, entienden que “no es posible descifrar” el texto “a través de lo que sabemos sobre el vasco histórico y sobre el protovasco”, ni siquiera en la divinidad apuntada por Orduña, Otzirtanes, del que niegan que pueda relacionarse con Ortzi, `cielo´, del euskera actual, aunque admiten que se puede aislar alguna palabra como zori on. Extremo que no comparte Joseba Lakarra, también de la UPV, para quien zorioneko no puede ser anterior al siglo X d.c., ya que es un vocablo muy tardío, de comienzos o mediados del siglo XVIII, una vez difundido por el padre Larramendi. Especialmente, desmoralizadora es la opinión de Iván Igartua, igualmente de la UPV, quien señala taxativamente: “Pese a las expectativas generadas por el descubrimiento de la mano de Irulegi, un texto -vascónico o de la lengua que sea- que no aporta algo de luz sobre ningún aspecto histórico de su relación con formas lingüísticas posteriores o sobre su propia naturaleza, es un testimonio fastidiosamente estéril”.


El lector de este artículo, a estas alturas, estará a punto de desistir de su lectura, pero le pido un esfuerzo y que continue con él, porque estamos a punto de llegar a lo más relevante. Ni más ni menos que al cuestionamiento de una de las principales tesis de la mayor autoridad lingüística del vasco. Me refiero a Luis Michelena y a la relación con las lenguas ibéricas. 


Joan Ferrer i Jané, el especialista en epigrafía paleohispánica de la Universitat de Barcelona, considera que “lo esperable era que una inscripción vascónica fuera inteligible desde el protovasco reconstruido [precisamente por Michelena]. Sin embargo, eso no ocurre con esta inscripción, que presenta un mayor grado de afinidad con lo ibérico de lo esperado. Según mi interpretación, esta situación sería favorable a la inclusión del ibérico en la familia de la lengua vasca”.  Y prosigue Ferrer: “La MdI ha aparecido en un poblado vascongado de Navarra; por lo tanto, a tenor de que nada apunta a otra dirección, la lengua usada en la inscripción debería ser la vascónica, que identificaría las variedades del continuo lingüístico vasco-aquitano al sur de los Pirineos. Uno de los dialectos del continuo debería ser el protovasco, el ancestro directo del vasco común antiguo, que, a su vez, sería el ancestro común más reciente de los diferentes dialectos del vasco”. Es decir, Ferrer está intentando incluir la inscripción de la MdI en el continuo dialectal vasco-aquitano de las dos vertientes pirenaicas, pero para ello echa mano de otra lengua: la ibérica, que a su parecer, “también pertenece a la familia lingüística del vasco”.  El modelo teórico que plantea, pues, refleja un mapa de lenguas que desde la actual Aquitania francesa a la costa mediterránea española, formaría un “continuo dialectal” de una lengua, sumando la ibérica a la vasca.


Ferrer no oculta que tal hipótesis refutaría a Michelena. “El argumento tradicional de la lingüística histórica vasca expresada en su día por Michelena es que, ante un texto sencillo del siglo I a.c [como sería el ahora descubierto de la MdI], escrito en protovasco o en una lengua estrechamente emparentada, tendríamos que ser capaces de entender su sentido general y reconocer muchos de sus componentes mediante el vasco o el protovasco reconstruido [precisamente por Michelena]”. Sin embargo, la realidad es que no es así. “La [escasa] comprensibilidad del texto desde el vasco es casi la misma que la de un texto ibérico, lengua en la que con frecuencia aparecen elementos aislados que podrían ser interpretados mediante el vasco, como también pasa con la MdI”, añade. Esto hubiera sido un anatema para Michelena, porque la lengua ibérica “no cumplía dicha condición de inteligibilidad”, lo que llevaba al mayor erudito del vasco a excluir el ibérico de la familia vasca. “En conclusión, antes de la aparición de la MdI, las expectativas apuntaban a que una inscripción vascónica sería inteligible desde el protovasco reconstruido. Sin embargo, (…) eso no ocurre con la inscripción de la MdI, que, además presenta un mayor grado de afinidad con el ibérico de lo esperado”. 


“El dilema que plantea es, o bien rechazar que la inscripción de la MdI y el vascónico sean parte de la familia del vasco -en la forma extrema del postulado de Michelena, o, en todo caso, no su ancestro directo, en su forma moderada, por no encajar en los paradigmas del protovasco reconstruido-, o bien aceptar que la hipótesis de Michelena no era correcta y que el protovasco del siglo I a.c., ininteligible desde el vasco actual, no existe y que, probablemente, fuera una lengua más cerca al ibérico de lo previsto”.


Tal consideración nos lleva a la última aportación del seminario, la de Mikel Martínez-Areta, de la UPV, quien confirma que es “muy difícil trazar una continuidad entre la lengua de la MdI (…) y el euskera que emerge en la Alta Edad Media”. Y termina su contribución a la revista, lanzando esta hipótesis: “siendo así, creo que habría que considerar como plausible la opción de que sea el aquitano (…) y no el paleoeuskera de territorio vascónico -que posiblemente desapareció con la latinización- el antecesor directo del euskera histórico”.


Tal bombazo, aunque sea a nivel hipotético, suscita numerosos interrogantes. Entre ellos, una posible vuelta al vasco-iberismo, la desprestigiada tesis de la estrecha relación entre la lengua íbera y la vasca, abandonada en el siglo XX, y el hecho de que la romanización en Hispania fuese tan intensa que conllevó la desaparición de todas las lenguas previas, no solo la ibérica, como sabíamos, sino también la vascónica, que reaparecería ya en la Alta Edad Media, pero por influencia del aquitano del otro lado de los Pirineos, permitiendo así certificar la ascendencia del antiguo aquitano en el vasco actual, como Gorrochategui lleva años defendiendo. ¿Implicaría eso un trasvase de poblaciones, del lado francés al español de los Pirineos, una vez agotado el Imperio romano? Confirmaría también que los vascones previos “eran un grupo humano multiétnico y multilingüístico”, donde habrían convergido el celtíbero, el íbero y el vascónico, como aporta el propio Martínez-Areta.


Aunque solo sea a nivel hipotético, la mano de Irulegui ya ha quedado irremediablemente a desmano de discursos interesados, como el propagado en este caso por el nacionalismo vasco, que utiliza relatos embaucadores para gentes sencillas, consistente en presentar la supuesta primera muestra del euskera en un contexto encantador de hospitalidad, salutación y bienvenida. 


domingo, 2 de junio de 2024

Las amnistías de nuestro pasado

La actual ley de amnistía, que todavía no ha alcanzado plenitud jurídica a falta de la publicación de su articulado en el Boletín Oficial de las Cortes y posteriormente en el Boletín Oficial del Estado, fue aprobada por el Congreso de los Diputados por 177 votos a favor y 172 en contra; estos últimos del PP, Vox, UPN y Coalición Canaria. Por tanto, suscita la mayoría absoluta del Congreso, tras ser vetada en el Senado, pero carece de un apoyo ampliamente mayoritario en el seno social de la ciudadanía española. Podría sostenerse sin ánimo polémico que cerca de la mayoría de la población la rechaza y que el debate en el seno de la sociedad no ha sido fruto de unas propuestas electorales dirimidas en las urnas.


Tal aspecto, convierte a la aprobada ley de amnistía en un dudoso instrumento conciliador en términos sociales, lo que debería ser su principal efecto balsámico en el seno de una sociedad que presenta ya demasiados síntomas de polarización, una vez que tal realidad se está extendiendo desde la clase política a la población. Otra cosa, es que a nivel geográfico, en el caso catalán, tal amnistía suscite un mayor apoyo social, difícilmente cuantificable y en cualquier caso no ampliamente mayoritario, en una sociedad que el procés polarizó hasta cotas nunca vistas antes y cuyo desgarro social aún persiste.


La ley de amnistía puede ser comparada con los dos precedentes existentes en democracia, la ley de 1977 y la de 1936. En la de 1977, al igual que en la de ahora, la iniciativa provino de la izquierda política, aunque a diferencia de ahora, el centro-derecha, representado entonces por la UCD, se sumó a ella; quedando fuera del consenso Alianza Popular, que se abstuvo. Fue por tanto, una ley refrendada por una gran mayoría social, lo que la convirtió en un poderoso instrumento conciliador con el que reparar y poner fin a las víctimas de la represión franquista, pero que también benefició a los responsables de la misma. Se trató en suma del mayor intento por cerrar las heridas abiertas desde la Guerra Civil y así fue asumida por la inmensa mayoría de los españoles.


Previa a la Guerra Civil, fue la tercera de las amnistías, la que se decretó en febrero de 1936. Al igual que las otras dos fue obra de la izquierda, pero en esta ocasión, la misma fue respaldada por unanimidad por la Diputación Permanente de las Cortes, ya que las prisas llevaron a no esperar la constitución de las nuevas Cortes surgidas tras el triunfo electoral del Frente Popular. De hecho, a diferencia de la de ahora, dicha coalición electoral se presentó a aquellos comicios con la amnistía en sus programas, al igual que haría la izquierda en 1977.  En 1936, se trataba de exonerar a los implicados en la Revolución de Octubre de 1934, una revuelta no democrática que preconizaba la implantación de un régimen socialista, a la que en Cataluña se sumó el nacionalismo con una pretensión independentista. De hecho, los integrantes del gobierno de Lluís Companys, surgido de la autonomía concedida por la Segunda República a Cataluña, fueron amnistiados y abandonaron la prisión, volviendo al poder en esa región autónoma. En cualquier caso, seis meses después, un grupo de militares protagonizó un golpe de Estado contra la Segunda República, un régimen democrático que hasta ese momento había aguantado las embestidas revolucionarias, que en unos pocos días se convirtió en una atroz guerra.

lunes, 22 de enero de 2024

Bombardeo en Donetsk

Una noticia que ha pasado bastante desapercibida ha sido el bombardeo de un mercado en la ciudad de Donetsk, con el resultado de 27 muertos y una veintena de heridos en el curso de la Guerra de Ucrania, todos ellos civiles. Las razones de ello pueden obedecer a diversas consideraciones. Entre ellas, al cansancio existente en la sociedad española ante la prolongación de la guerra, al desplazarse el foco de atención con el conflicto en Oriente Próximo y al hecho de que la autoría de la masacre haya quedado en duda, ya que Rusia ha acusado a Ucrania del mismo, aunque el ejército de Kiev niega su implicación. En cualquier caso, el objetivo del bombardeo ha sido la ciudad de Donetsk, capital de la región del mismo nombre, cuyo territorio mayoritariamente está en manos de los separatistas prorrusos desde 2014 y que en 2022 fue anexionada por Moscú, después de un referéndum, que al ser organizado por las autoridades rusas dio tal resultado, mostrando una vez más la principal característica de tales consultas: su esencia manipulable.


Si el bombardeo fuera responsabilidad de las fuerzas rusas, estaríamos ante un nuevo caso de victimización por parte de Moscú, que rápidamente solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Si lo fuera de Kiev, nos encontraríamos con un escenario que denota la creciente debilidad de Ucrania en la guerra, que ante el flaqueo en la ayuda de Estados Unidos y la Unión Europea ve como las tornas están cambiando en el desenlace del conflicto a favor de Moscú. Y no solo eso, sino la desesperación de las autoridades de Ucrania que habrían admitido que el Donetsk y en general todo el Donbás, el territorio al este de Ucrania más cercano a Rusia, es territorio ruso. No de otra manera se podría interpretar el hecho de un bombardeo contra su población, con el consiguiente efecto negativo en el proceso identitario que padecen todos los habitantes de Ucrania desde que Rusia decidió invadir tal país. Circunstancia, no obstante, que también podría explicar la autoría rusa de la masacre, ya que las identidades son, también, enormemente manipulables. En cualquier caso, no podía ser de otra manera, ya que estamos hablando de nacionalismos, algo que incide siempre en la subjetividad emocional, algo alejado de la racionalidad que se le presume al Homo sapiens.