miércoles, 30 de mayo de 2018

Dos clases de ciudadanos

El PNV y Biildu han consensuado en el proyecto de nuevo estatuto de autonomía para el País Vasco diferenciar entre los ciudadanos residentes en el País Vasco y  aquellos que tengan la nacionalidad vasca. 

Evidentemente, tamaña barbaridad, se traduciría en mayores derechos, políticos y sociales, para aquellos que posean la nacionalidad vasca sobre el resto de personas avecindadas en cualquiera de los municipios vascos.

En suma, el nacionalismo vasco aspira a que haya dos clases de ciudadanos, uno de ellos con una serie de privilegios sobre los otros.


Pero tamaño dislate no es nuevo. No, ya lo planteó el proyecto soberanista de Juan José Ibarretxe, aquel que paró las Cortes en 2005, y el proyecto de Estatuto de Estella, en 1931, que la Segunda República hecho por tierra. Una vieja demanda nacionalista, que un Estado de Derecho debe impedir. Ahora, también.

martes, 29 de mayo de 2018

Moción exprés

Tanto al PP como al PSOE le conviene la tramitación rápida de la moción de censura a la que asistiremos. Por ello, no han tardado nada en ponerse de acuerdo para que esta se implemente el jueves y viernes próximo. Al partido del gobierno para contrarrestar el golpe de efecto conseguido por Pedro Sánchez presentándola y a los socialistas ante el desgaste que implicaría una negociación con los independentistas catalanes para que prosperase.

El líder del PSOE confía, pues, en arrancar apoyos incondicionales ante la premura de los plazos, sin ceder en impopulares contrapartidas. Fundamentalmente, Sánchez teme, más que la foto con Bildu, la imagen que proyecte negociando con los partidos soberanistas catalanes, porque la lenta sangría de expectativas electorales que padece beneficiaría aún más a Ciudadanos. Pondrá así en el brete a ERC y al PDCAT de tener que respaldarle o apoyar la continuidad de Rajoy, lo que para sus electores sería inasumible. Un trágala, por tanto. 

En cambio, el PNV posibilista actual disfruta de más cintura para no aceptar los hechos consumados. Rajoy cuenta con la ventaja de que el apoyo jelkide a la moción cuestionaría los Presupuestos que han apadrinado.  Por tanto, el éxito de la moción es más que dudoso, lo que colocaría a Pedro Sánchez en una posición complicada. Ayer, mismo Pablo Iglesias se lo recordó, invitándole a retirarse de la política si fracasaba. 


Lo sabremos pronto. No en balde, tanto el PP como al PSOE les ha interesado que sea una moción exprés.

lunes, 28 de mayo de 2018

¿Religión o nacionalismo?

El referéndum en Irlanda a favor del aborto ha sido celebrado como un nuevo éxito en la lucha feminista y como un retroceso del catolicismo en aquella República, que desde su independencia del Reino Unido hizo de su diferenciación religiosa con la exmetrópoli su razón de ser. 

Con ser cierto lo planteado, no agota toda la explicación que merece el hecho y que se echa en falta en los análisis aparecidos en la prensa. Tal ampliación incide en la última parte de la descripción mencionada, aquella que hace referencia al nacionalismo irlandés frente al británico. Por tanto, sin negar que se trata de una cuestión religiosa, también lo es nacionalista, en una muestra de las ideologías como sustitutorias hoy en día de las creencias religiosas.

La explicación lo ofrece poco más allá del límite de la República de Irlanda, en aquella parte de la isla que Reino Unido retuvo tras la independencia, en el Ulster. La información aparece en El Mundo, gracias al periodista Carlos Fresneda, quien recuerda que el Parlamento británico aprobó en 1967 una permisiva ley del aborto, que se convirtió en un referente para el futuro, pero que solo aplicó en Escocia, Gales e Inglaterra. No en Irlanda del Norte, que mantuvo su propia legislación, que solo permite la interrupción del embarazo por grave riesgo de la madre.

Cabría preguntarse el motivo de tal exclusión, pero en este aspecto el silencio es clamoroso en los medios de comunicación. Ante ello, aporto una explicación, que se centra en el hecho de que Irlanda del Norte vive una pugna secular entre dos comunidades, una irlandesa y otra de origen escocés e inglés. La segunda comunidad es mayoritaria en cuanto al número de sus integrantes, pero con escasa distancia sobre la primera. Una diferencia que podría variar con unas políticas que favorecieran los nacimientos.

La comunidad mayoritaria es de credo o de cultura protestante, mientras que la minoritaria es católica. Pero ambas, coinciden en que no habían planteado variar su restrictiva legislación sobre el aborto, lo que demuestra que más que una cuestión religiosa, en la que cabría identificar rigor antiabortista con catolicismo, se trata de un asunto nacionalista, ya que también el protestantismo estaría conforme con un planteamiento estricto al respecto.  No es, pues, una coerción de base religiosa, salvo que entendiéramos una común oposición cristiana al aborto, que en el caso protestante solo se haría curiosamente visible en Irlanda del Norte y no en el resto del Reino Unido.

No, más bien se trata de una coacción ideológica, que ha reemplazado al credo religioso, evidenciando que la Humanidad coetánea ha consolidado nuevos sistemas de sujeción social. Así, ambas comunidades entienden, o, mejor, las elites que las dirigen, que las decisiones personales deben someterse a los intereses comunitarios y que el número de integrantes será decisivo en un marco democrático sobre el futuro de ese pedazo de tierra, asolado hasta hace bien poco por la violencia, llamado Irlanda del Norte. 


jueves, 24 de mayo de 2018

Los `fenicios´

La decisión final tomada por el PNV de apoyar los presupuestos del Estado parece haber extrañado en algunos sectores de la sociedad, cuando lo único incomprensible, en términos lógicos, era la atadura de manos a la que se había sometido el partido jeltzale, hipotecando sus intereses a los de los independentistas catalanes. No otra cosa fue condicionar la luz verde a las cuentas de Cristóbal Montoro al levantamiento del artículo 155 de la Constitución.

Las contrapartidas obtenidas por el PNV por su apoyo superan en mucho las críticas que recibirá de Bildu por haber roto su promesa. Es más, los beneficios contables para la Administración vasca apagarán cualquier objeción por no haber mantenido el frente nacionalista periférico, en el momento en que los dirigentes soberanistas catalanes insuflan nuevos bríos  a la rebelión que llevan a cabo desde septiembre pasado.

Se ha impuesto en el seno del PNV su ala más pragmática. Sin duda, pero tal hecho no es extraño, ni mucho menos inusual. Es más, pese a los desdenes recibidos por los que dentro del partido se consideran los guardianes de las esencias, como aquel célebre de Xabier Arzalluz sobre los michelines que había que quitar, el partido jeltzale ha disfrutado históricamente de mayor respaldo popular cuando se ha dejado dirigir por su alma posibilista.

Los ejemplos de los años de colaboración con los socialistas en el gobierno vasco desde que se restauró la democracia o, antes, cuando José Antonio Aguirre e Indalecio Prieto alumbraron el primer gobierno vasco de la Historia, son evidentes.

Y desde sus orígenes, cuando ese alma moderada sacó de la más absoluta marginalidad al partido fundado por Arana Goiri, convirtiéndolo en la primera fuerza política vizcaína en la época de Ramón de la Sota, a quien el fundador había motejado de fenicio. El núcleo originario  jelkide siempre consideró a esos advenedizos como más interesados en sus intereses crematísticos que en la patria vasca. De ahí, el insulto.

Ello hacía referencia tanto a los orígenes sociales como a los planteamientos ideológicos iniciales de ambos grupos, que terminaron conformando las dos almas del partido. Los posibilistas eran burgueses, conscientes de que la independencia supondría una regresión económica no solo para sus intereses, sino también para todos los vascos. Fueron ellos los que  abundaron en el autonomismo, frente al legado independentista de Arana Goiri.

Este había elaborado una doctrina política de ruptura con España. Entendía que existía una soberanía originaria vasca, que se había concretado en la independencia de Euzkadi, que solo fue sojuzgada por España a partir de 1839. Tamaño dislate, sin rigor historiográfico alguno, ha impregnado al nacionalismo vasco hasta ahora, tan solo atemperado por el otro alma del partido, la que aportaron aquellos fenicios, temerosos de la ruptura del mercado nacional.

Esos posibilistas procedían ideológicamente del fuerismo liberal, que a lo largo del ochocientos había gobernado las provincias vascas, a la par que sus pares del otro lado del Ebro, los liberales moderados, lo habían hecho en el resto del territorio nacional. Tan entente presidió aquel convulso siglo, salpicado de guerras civiles. Los enemigos de ambos habían sido los carlistas, contra los que lucharon en aras de construir un Estado moderno. Dirigentes vascos ocuparon cargos de responsabilidad en el gobierno de España, porque entendían que podían liderar el proyecto nacional y a la vez exportar al resto del Estado sus iniciativas, bajo el lema de vasconizar España.

Tal planteamiento fue también el del nacionalismo catalán, que se consideraba, sin rubor, la vanguardia de España, imitando el modelo del Piamonte, el norte industrial, en el Risorgimento italiano. Françesc Cambó lo formuló claramente: Por Catalunya y l´Espanya gran, Por Cataluña y una España Grande. Ese fue el modelo nacionalista catalán mayoritario, hasta hace una década, cuando unos dirigentes catalanes presupusieron que la gran crisis de 2008 acabaría con el Estado español, apostando por el rupturismo que hoy se vive en Cataluña.

En cambio, aquellos fueristas liberales, que empezaron a denominarse euskalerriacos, no rompieron con España y además atemperaron el alma soberanista del PNV. Gracias a ellos, hoy todos los jubilados españoles disfrutan de una pensión mejor. Bienvenidos, fenicios.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Crónica anunciada

La detención de Eduardo Zaplana ha debido extrañar a muy pocos. Era una cosa anunciada y tarde o temprano iba a ocurrir. De hecho, sorprendía que el que fue ministro y presidente de la Generalitat valenciana hubiera conseguido hasta ahora eludir la acción de la Justicia, ganándose la fama de escurridizo.

Pero lo más relevante es que la investigación que se ha abierto confirma un escenario tremendo. Aquel que confirma que bajo el mandato local del PP en la Comunidad Valenciana, se convirtió aquella región en un nido de corrupción.  Hecho al que hay que añadir que no se trata de un territorio aislado, como evidencia el caso de Madrid. Los gobiernos del PP en esas dos comunidades han supuesto un envilecimiento de tal calibre que sería irresponsable dejar pasar.

Cuando en la década de los setenta se planteó la descentralización de España y especialmente en la siguiente cuando se decidió el café para todos, el argumento empleado para ello era que así los ciudadanos participarían de una manera más directa en la gestión de los servicios públicos. 

Tamaña previsión parece infundada. Incluso, cabe preguntarse si no se entregó esos territorios a las mismas oligarquías locales que desde un siglo antes dominaban el poder, practicando el caciquismo -lacra de España denunciada desde antiguo- y saltándose la ley que obligaban a los demás a cumplir. Como ahora.


martes, 22 de mayo de 2018

Es racismo

El debate sobre el independentismo catalán gira en estos días en torno a la consideración generalizada de que la designación de un supremacista racista como nuevo presidente de la Generalitat resta credibilidad al soberanismo y en esa medida habría supuesto un flaco favor a los que pretenden separar Cataluña de España.

Sin duda, que las opiniones conocidas de Quim Torra habrá llevado a algunos de los entregados a la causa independentista a que recapaciten y adviertan de los peligros del nacionalismo. Pero, no creo que sean muchos.

No, porque uno de los logros del proceso soberanista ha sido convencer a propios y extraños que se trataba de la revolución de la sonrisa, una independencia no solo fácil, sino nada traumática, incluso cómoda. Tal relato se ha instalado de una manera omnímoda en la conciencia de muchos soberanistas e incluso en otros que desde este lado del Ebro observan con sorpresa lo que pasa en Cataluña.

Es cierto, que ahora, gracias a las torpezas de Torra, algunos empezarán a darse cuenta de la verdadera dimensión -incluso trágica- que conlleva la ruptura, pero, no nos engañemos, la mayoría de los independentistas no repararán en que sus sólidas convicciones se asientan en el racismo, exactamente igual que cualquier otro nacionalismo, aunque se edulcoren con palabras como cultural o lingüístico.  A fin de cuentas, el presidente de la Generalitat ha verbalizado una mera obviedad.


Por todo ello, no creo que el pensamiento de Torra haga fluctuar el nivel de apoyo del soberanismo en su detrimento, favoreciendo al constitucionalismo. Se tratará de mínimos trasvases. Otra cosa es que en otros foros, sus palabras hayan horrorizado. Me refiero a la Unión Europea, donde sufrieron hace ochenta años una devastadora guerra provocada por los nacionalismos; es decir, por el racismo.

lunes, 21 de mayo de 2018

Sumar, no restar

Albert Rivera aumenta su apuesta por el nacionalismo español en su camino para llegar al palacio de la Moncloa. La presentación de la plataforma España Ciudadana es un jalón significativo en su estrategia. El acto, celebrado ayer, contó con la presencia de la cantante Marta Sánchez, quien interpretó  su versión con letra del himno español, circunstancia que merece un análisis, así como las palabras del líder de ciudadanos destacando que todas las lenguas que se hablan en el Estado son españolas. Esto último, es relevante y tal reconocimiento no está de más, ya que facilita el planteamiento nacionalista como inclusivo, de todos aquellos que su lengua materna no es el castellano.

En cambio, el enésimo intento de otorgar al himno de una letra está condenado a ser exclusivo, en la medida en que por mucho apoyo que tenga, no alcanzará las cotas de las que disfruta la versión no vocal. Es más, cualquier letra que se proponga, dividirá, más que unirá, lo que convierte tal iniciativa en un error, del que existen en el pasado muchos precedentes.

Y es importante que ese nacionalismo que se quiere potenciar sea inclusivo, porque si lo que se pretende es contraponerlo al nacionalismo catalán, solo se estará consiguiendo más enfrentamiento, ayudando a rodar por la pendiente existente, hacia un futuro desolador, camino que desgraciadamente hay muchos ya que quieren recorrer. A ambos lados del Ebro, evidenciando la capacidad destructiva del nacionalismo, de cualquiera. Recuerden que hace menos de ocho décadas, 60 millones de personas perdieron la vida en el altar de las patrias, reduciendo Europa a ruinas.


Cualquier propuesta nacionalista debe intentar sumar, nunca restar.