jueves, 24 de mayo de 2018

Los `fenicios´

La decisión final tomada por el PNV de apoyar los presupuestos del Estado parece haber extrañado en algunos sectores de la sociedad, cuando lo único incomprensible, en términos lógicos, era la atadura de manos a la que se había sometido el partido jeltzale, hipotecando sus intereses a los de los independentistas catalanes. No otra cosa fue condicionar la luz verde a las cuentas de Cristóbal Montoro al levantamiento del artículo 155 de la Constitución.

Las contrapartidas obtenidas por el PNV por su apoyo superan en mucho las críticas que recibirá de Bildu por haber roto su promesa. Es más, los beneficios contables para la Administración vasca apagarán cualquier objeción por no haber mantenido el frente nacionalista periférico, en el momento en que los dirigentes soberanistas catalanes insuflan nuevos bríos  a la rebelión que llevan a cabo desde septiembre pasado.

Se ha impuesto en el seno del PNV su ala más pragmática. Sin duda, pero tal hecho no es extraño, ni mucho menos inusual. Es más, pese a los desdenes recibidos por los que dentro del partido se consideran los guardianes de las esencias, como aquel célebre de Xabier Arzalluz sobre los michelines que había que quitar, el partido jeltzale ha disfrutado históricamente de mayor respaldo popular cuando se ha dejado dirigir por su alma posibilista.

Los ejemplos de los años de colaboración con los socialistas en el gobierno vasco desde que se restauró la democracia o, antes, cuando José Antonio Aguirre e Indalecio Prieto alumbraron el primer gobierno vasco de la Historia, son evidentes.

Y desde sus orígenes, cuando ese alma moderada sacó de la más absoluta marginalidad al partido fundado por Arana Goiri, convirtiéndolo en la primera fuerza política vizcaína en la época de Ramón de la Sota, a quien el fundador había motejado de fenicio. El núcleo originario  jelkide siempre consideró a esos advenedizos como más interesados en sus intereses crematísticos que en la patria vasca. De ahí, el insulto.

Ello hacía referencia tanto a los orígenes sociales como a los planteamientos ideológicos iniciales de ambos grupos, que terminaron conformando las dos almas del partido. Los posibilistas eran burgueses, conscientes de que la independencia supondría una regresión económica no solo para sus intereses, sino también para todos los vascos. Fueron ellos los que  abundaron en el autonomismo, frente al legado independentista de Arana Goiri.

Este había elaborado una doctrina política de ruptura con España. Entendía que existía una soberanía originaria vasca, que se había concretado en la independencia de Euzkadi, que solo fue sojuzgada por España a partir de 1839. Tamaño dislate, sin rigor historiográfico alguno, ha impregnado al nacionalismo vasco hasta ahora, tan solo atemperado por el otro alma del partido, la que aportaron aquellos fenicios, temerosos de la ruptura del mercado nacional.

Esos posibilistas procedían ideológicamente del fuerismo liberal, que a lo largo del ochocientos había gobernado las provincias vascas, a la par que sus pares del otro lado del Ebro, los liberales moderados, lo habían hecho en el resto del territorio nacional. Tan entente presidió aquel convulso siglo, salpicado de guerras civiles. Los enemigos de ambos habían sido los carlistas, contra los que lucharon en aras de construir un Estado moderno. Dirigentes vascos ocuparon cargos de responsabilidad en el gobierno de España, porque entendían que podían liderar el proyecto nacional y a la vez exportar al resto del Estado sus iniciativas, bajo el lema de vasconizar España.

Tal planteamiento fue también el del nacionalismo catalán, que se consideraba, sin rubor, la vanguardia de España, imitando el modelo del Piamonte, el norte industrial, en el Risorgimento italiano. Françesc Cambó lo formuló claramente: Por Catalunya y l´Espanya gran, Por Cataluña y una España Grande. Ese fue el modelo nacionalista catalán mayoritario, hasta hace una década, cuando unos dirigentes catalanes presupusieron que la gran crisis de 2008 acabaría con el Estado español, apostando por el rupturismo que hoy se vive en Cataluña.

En cambio, aquellos fueristas liberales, que empezaron a denominarse euskalerriacos, no rompieron con España y además atemperaron el alma soberanista del PNV. Gracias a ellos, hoy todos los jubilados españoles disfrutan de una pensión mejor. Bienvenidos, fenicios.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Crónica anunciada

La detención de Eduardo Zaplana ha debido extrañar a muy pocos. Era una cosa anunciada y tarde o temprano iba a ocurrir. De hecho, sorprendía que el que fue ministro y presidente de la Generalitat valenciana hubiera conseguido hasta ahora eludir la acción de la Justicia, ganándose la fama de escurridizo.

Pero lo más relevante es que la investigación que se ha abierto confirma un escenario tremendo. Aquel que confirma que bajo el mandato local del PP en la Comunidad Valenciana, se convirtió aquella región en un nido de corrupción.  Hecho al que hay que añadir que no se trata de un territorio aislado, como evidencia el caso de Madrid. Los gobiernos del PP en esas dos comunidades han supuesto un envilecimiento de tal calibre que sería irresponsable dejar pasar.

Cuando en la década de los setenta se planteó la descentralización de España y especialmente en la siguiente cuando se decidió el café para todos, el argumento empleado para ello era que así los ciudadanos participarían de una manera más directa en la gestión de los servicios públicos. 

Tamaña previsión parece infundada. Incluso, cabe preguntarse si no se entregó esos territorios a las mismas oligarquías locales que desde un siglo antes dominaban el poder, practicando el caciquismo -lacra de España denunciada desde antiguo- y saltándose la ley que obligaban a los demás a cumplir. Como ahora.


martes, 22 de mayo de 2018

Es racismo

El debate sobre el independentismo catalán gira en estos días en torno a la consideración generalizada de que la designación de un supremacista racista como nuevo presidente de la Generalitat resta credibilidad al soberanismo y en esa medida habría supuesto un flaco favor a los que pretenden separar Cataluña de España.

Sin duda, que las opiniones conocidas de Quim Torra habrá llevado a algunos de los entregados a la causa independentista a que recapaciten y adviertan de los peligros del nacionalismo. Pero, no creo que sean muchos.

No, porque uno de los logros del proceso soberanista ha sido convencer a propios y extraños que se trataba de la revolución de la sonrisa, una independencia no solo fácil, sino nada traumática, incluso cómoda. Tal relato se ha instalado de una manera omnímoda en la conciencia de muchos soberanistas e incluso en otros que desde este lado del Ebro observan con sorpresa lo que pasa en Cataluña.

Es cierto, que ahora, gracias a las torpezas de Torra, algunos empezarán a darse cuenta de la verdadera dimensión -incluso trágica- que conlleva la ruptura, pero, no nos engañemos, la mayoría de los independentistas no repararán en que sus sólidas convicciones se asientan en el racismo, exactamente igual que cualquier otro nacionalismo, aunque se edulcoren con palabras como cultural o lingüístico.  A fin de cuentas, el presidente de la Generalitat ha verbalizado una mera obviedad.


Por todo ello, no creo que el pensamiento de Torra haga fluctuar el nivel de apoyo del soberanismo en su detrimento, favoreciendo al constitucionalismo. Se tratará de mínimos trasvases. Otra cosa es que en otros foros, sus palabras hayan horrorizado. Me refiero a la Unión Europea, donde sufrieron hace ochenta años una devastadora guerra provocada por los nacionalismos; es decir, por el racismo.

lunes, 21 de mayo de 2018

Sumar, no restar

Albert Rivera aumenta su apuesta por el nacionalismo español en su camino para llegar al palacio de la Moncloa. La presentación de la plataforma España Ciudadana es un jalón significativo en su estrategia. El acto, celebrado ayer, contó con la presencia de la cantante Marta Sánchez, quien interpretó  su versión con letra del himno español, circunstancia que merece un análisis, así como las palabras del líder de ciudadanos destacando que todas las lenguas que se hablan en el Estado son españolas. Esto último, es relevante y tal reconocimiento no está de más, ya que facilita el planteamiento nacionalista como inclusivo, de todos aquellos que su lengua materna no es el castellano.

En cambio, el enésimo intento de otorgar al himno de una letra está condenado a ser exclusivo, en la medida en que por mucho apoyo que tenga, no alcanzará las cotas de las que disfruta la versión no vocal. Es más, cualquier letra que se proponga, dividirá, más que unirá, lo que convierte tal iniciativa en un error, del que existen en el pasado muchos precedentes.

Y es importante que ese nacionalismo que se quiere potenciar sea inclusivo, porque si lo que se pretende es contraponerlo al nacionalismo catalán, solo se estará consiguiendo más enfrentamiento, ayudando a rodar por la pendiente existente, hacia un futuro desolador, camino que desgraciadamente hay muchos ya que quieren recorrer. A ambos lados del Ebro, evidenciando la capacidad destructiva del nacionalismo, de cualquiera. Recuerden que hace menos de ocho décadas, 60 millones de personas perdieron la vida en el altar de las patrias, reduciendo Europa a ruinas.


Cualquier propuesta nacionalista debe intentar sumar, nunca restar.  

viernes, 18 de mayo de 2018

Discriminación

No. No les voy a hablar de la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero. No, porque me alegro mucho de que hayan alcanzado un estado de bienestar económico tal que puedan optar a una residencia con piscina y todo. Estupendo. No hay mejor ejemplo de promoción social, gracias a los cuarenta años de democracia y Estado de bienestar que nos ha dado el denostado, por ellos, Régimen del 78. Tan solo le preguntaría a Iglesias y Montero si pretenderán que sus hijos hereden su propiedad o se muestran partidarios como buenos marxistas de nivelar la sociedad, negando las prebendas de cuna.

No, no les voy a hablar de ello. Me voy a centrar en algo más sórdido y significativo de la miseria moral humana. Lo cuenta hoy El País. Es un reportaje sobre el rechazo a la emigración en México. Los mexicanos discriminan a los que cruzan su frontera sur, a los guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, etc. El reportaje cuenta el caso de un migrante  que fue golpeado y robado por los autóctonos, amenazándole de muerte por entrar en su territorio.  ¿Y como descubrieron que no era mexicano, siendo todos ellos igualmente centroamericanos? Pues, por la pronunciación.

La lengua como instrumento discriminatorio es un hecho tan antiguo como la propia Humanidad. Las diferencias dialectales y, con el tiempo, idiomáticas han servido para marcar territorio. Incluso, probablemente se hayan potenciado con esa finalidad. La de diferenciar entre nosotros y ellos. 

El egoísmo por asegurar los escasos recursos existentes está en la base de ello. Eso ideológicamente se llama nacionalismo. Yo prefiero llamarlo miseria humana, mucho más grave que ser incoherente.

jueves, 17 de mayo de 2018

Decisiones en un mundo globalizado

La Liga y el Movimiento 5 Estrellas ultiman el acuerdo de gobierno en Italia que permitirá a las dos formaciones más votadas en las últimas elecciones dirigir el país. Ayer se filtró un borrador que hizo tambalear a la bolsa de Milán y disparó la prima de riesgo italiana. El tsunami afectó a las economías más débiles vecinas, entre ellas a España, que vio como su bolsa bajaba y subía a su vez su diferencial.

El citado borrador, que una vez constatadas las repercusiones negativas que tuvo fue relativizado por sus firmantes, contempla la salida del euro,  la petición de condonación de deuda al Banco Central Europeo de 250.000 millones de euros, el reforzamiento de las relaciones con Rusia y el fin de las sanciones a tal país, y más impedimentos para la llegada de emigrantes.

Es decir, los nacionalistas de la Liga y los antisistema del M5S pretenden dejar la moneda única europea, lo que se traduciría en la vuelta a la lira, una moneda mucho más débil, que estaría más sujeta a la volubilidad y a las tensiones inflacionistas. Tales hechos, unido a que Italia es uno de los países con más deuda pública, en torno al 200% de su PIB, predicen un escenario sombrío, cuando no nefasto, que en un breve plazo solo podría subsanarse con un rescate, ya fuera de la propia UE o del Fondo Monetario Internacional, o de ambos. El ejemplo de Argentina, con una abundante deuda pública y floja moneda, es palmario después de pedir ayuda al FMI. 

Eso es lo que quieren las dos formaciones que rozaron el 50% de los votos emitidos de los pasados comicios italianos, detalle relevante que no debe ser pasado por alto. Y a la par, ambas fuerzas políticas han decidido que el BCE les perdone una parte sustancial de la deuda pública en manos de la institución europea, lo que significaría que el resto de socios comunitarios seríamos más pobres. Tal propuesta, unilateral, difícilmente será aceptada por el BCE, pero ya tiene repercusiones en el mundo en el que vivimos. Ya saben, las decisiones de unos, afectan a los demás. Lo que se vota en otros sitios y más si son cercanos, influyen en muchos más. Un ejemplo es el Brexit, votado solo por los británicos, pero que afecta a todos los europeos. Eso es el mundo globalizado, donde los esquemas de los estados-nación están saltando por los aires. Y donde los colegios electorales no solo influyen en sus respectivos cuerpos estatales, sino en muchos más.

Asimismo,  ambas formaciones quieren contentar al presidente ruso Vladimir Putin, cuya estrategia nacionalista está poniendo contra las cuerdas a Europa en múltiples frentes, como muestran los ejemplos de Ucrania y Oriente Próximo, mientras desestabiliza a sus naciones, como España, con la intromisión en sus campañas electorales y en sus problemas territoriales.

Por último, esa alianza nacionalista y antisistema italiana incrementará su lucha contra la emigración que asiste en el mediterráneo a un drama, persiguiendo a las ONGs que solo pretenden salvar vidas, rescatando a tanto perjudicado por las guerras y las condiciones sociales existentes.


Pero recuerden. Todo eso lo han decidido los representantes democráticos de la mitad del pueblo italiano.

miércoles, 16 de mayo de 2018

La bofetada de la realidad

La investidura de Quim Torra ha devuelto a los españoles la dura realidad de un problema no resuelto, como una bofetada, y que solo había quedado aplazado durante los más de seis meses que ha durado la aplicación del 155 en Cataluña. De hecho, estamos igual que en aquel mes de octubre de 2017, cuando desde las instituciones catalanas se propició un golpe de Estado contra el ordenamiento constitucional y se llevó a cabo un referéndum de independencia que el gobierno de Mariano Rajoy fue incapaz de impedir.

Igual o, incluso peor, en la medida en que durante este medio año, el gabinete se ha limitado a administrar directamente Cataluña de una manera en nada intrusiva, exquisita en gran medida, dejando y confiando a los órganos judiciales, especialmente el Tribunal Supremo, el grueso de la respuesta del Estado al secesionismo de una parte de la sociedad catalana. Los reveses sufridos por la Justicia en Europa han envalentonado al independentismo, como vuelve a mostrar el sondeo del Centre d´Estudis d´Opinió, confirmando una vez más la volubilidad humana, siempre expectante y receptiva ante el triunfador.


Y lo peor no es eso. Son las perspectivas futuras, con un nacionalismo catalán, que niega la evidencia de que no tiene la mayoría en el seno de su sociedad, pero es consciente de que puede ser suficiente para forzarla si mantiene la presión al rojo vivo, y un nacionalismo español in crescendo, que Ciudadanos alimenta sabiendo que le llevará a la Moncloa. Un verdadero choque de trenes que, por experiencia todos deberíamos saber, lo mal que acaba.